“Las empresas no deben distraerse en 2025 con los ruidos políticos sino estar atentas a la realidad económica y mejorar”

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Iván Acosta, CEO de PGA Group, firma de capital humano, tiene claro cuáles son los retos que enfrentarán las empresas venezolanas en 2025. Por eso asegura que para el año que viene no deben “distraerse con los ruidos sociales y políticos”.

A su juicio, a lo sí deben estar atentas son a dos cosas: “A la realidad económica que va a ir sucediendo y a las posibilidades a lo interno que las compañías tienen para mejorar, para optimizar y hacer las cosas diferentes”.

También sostiene que los empresarios venezolanos entendieron, “después de muchos años, que nosotros no somos agentes políticos”. Y es por ello que decidieron que “a lo que nos tenemos que dedicar es a producir, competir, hacer las cosas mejor”.

Además de CEO de PGA Group, en su perfil en LinkedIn, se lee: “Gestión de Capital Humano. Director VenAmCham. Director Externo Taurel, Galac Software y Droguería Nena. Profesor UCAB. Conferencista”.

Lo que no se lee es que también es una persona pragmática -como él mismo se identifica- lo que se pone en evidencia en cada una de sus respuestas.

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Los retos y desafíos de las empresas venezolana para 2025

-¿Cuáles son los principales retos y desafíos de las empresas venezolanas para el próximo año? ¿Qué vislumbra usted como experto en esa área?

-Todas las empresas siempre estamos atentas al futuro, a tratar de manejar escenarios, posibilidades y, de alguna manera, tratar de descifrar qué tipo de mercado, qué tipo de industrias, qué tipo de condiciones son las que me esperan para, obviamente, prepararme y ver qué hago para ganar, eventualmente, eso que se supone es el éxito empresarial.

¿Qué va a pasar el año que viene? No hay dudas que el año que viene la dinámica política, la convulsión política va a ser una norma. Eso va a estar planteado durante todo el año. Sin embargo, ese ruido de alguna manera puede afectar la interpretación de lo que la economía nos va a ir diciendo, porque dependiendo del ruido, de la intensidad de lo que ocurra, el mercado metaboliza eso.

Y, ¿cómo lo metaboliza? Probablemente una desaceleración económica o sencillamente una continuidad económica que es lo que, en un principio, se está planteando para el año que viene.

En todo caso, lo que quiero decir es que las empresas para el año que viene no deben distraerse con los ruidos sociales, con los ruidos políticos y sí estar atentas a dos cosas: a la realidad económica que va ir sucediendo y a las posibilidades a lo interno que las compañías tienen para mejorar, para optimizar y hacer las cosas diferentes.

Es quitar el ruido de lo externo, concentrarnos en lo que el mercado nos va a ir indicando en términos de consumo, volumen y precios y a lo interno, qué es lo que tenemos que hacer.

-¿Realmente es posible que las empresas no se distraigan con  lo social y lo político, tomando en cuenta lo social y lo político va a permear lo económico?

-Es que ese es justamente el reto. Si te quedas solo atento a ese ruido, a eso que está allí sucediendo, incomodando y no le prestas atención a tu negocio, como qué producto se te está vendiendo más, qué complicaciones tienes o qué cosas estás viendo que te están funcionando. Esa es la dicotomía que tienes que buscar una forma de resolver.

Obviamente no significa que seas indiferente, pero en el fondo muchas de esas cosas se tienen que esperar ver cómo el mercado las metaboliza, las traduce, las acopla a la dinámica económica.

Este año ha sido uno de los más complicados en términos políticos, anticiparon las elecciones (en Venezuela), pasó lo que pasó, teníamos las elecciones de Estados Unidos y, así y todo, los economistas han dicho que al principio el año fue mejor, con alrededor de 6% a 4% en comparación con el año pasado.

¿Previsible? No. Termina ocurriendo una realidad que es a la que el empresario tiene que aferrarse, que tiene que observar, que es la que eventualmente tiene que dominar. Si nos quedamos en que los temas institucionales, políticos y sociales no se resuelven, podemos descuidar espacios y oportunidades en términos económicos.

No es fácil porque precisamente significa un reto. No es sencillo, es difícil, es complicado, tienes presiones de todos lados. Pero tu reto empresarial es prestarle atención a las evidencias concretas que el Estado te va a ir mostrando.

-¿Cuáles serían esos espacios, esas oportunidades que tendrían las empresas venezolanas el próximo año? ¿Están preparadas para enfrentar ese contexto de incertidumbre y para ver las señales a las que usted hace referencia?

-Las empresas hemos aprendido mucho en todo este tiempo. Este año es una demostración de eso. Con muchísima incertidumbre en lo político y en lo social, el mercado lo tradujo en ciertas prácticas que en algunos casos mejoraron, como fue alimentos y salud; otros se mantuvieron y otros, seguramente, no lograron superar la pandemia.

Aquí hay otro tema: el país va a continuar, va a seguir teniendo un Estado dominante, un Estado con un alto impacto en lo que es la demanda agregada de la economía. Aquí hay alrededor de 28, 30 millones de personas, porque no necesariamente el éxodo planteado es mayor al 2 o 3 por ciento. Tampoco está esperada una migración masiva.

Al final, los empresarios van a adecuarse, a acoplarse, a satisfacer un mercado con probablemente un Estado menos poderoso en lo económico, un Estado más dependiente del sector privado y una población demandando bienes y servicios que hay que acometer.

Nosotros hemos aprendido bastante más de lo que nos imaginamos de toda esta inestabilidad, de toda esta fragilidad institucional que eventualmente nos afecta, pero nos deja espacios. Sigue habiendo una economía…

No es mentira pensar que el Estado, independientemente cuál sea, tiene una necesidad de los privados muy alta. Está el tema impositivo, la gran cantidad de impuestos que hoy por hoy se están generando fundamentalmente por los privados.

Sigue habiendo una necesidad no solo de las personas, sino del mismo Estado de que los privados sean capaces de dar sus productos y servicios. Hay una necesidad de renta en términos de petróleo, por las exportaciones, pero también hay una necesidad de renta a lo interno en términos de impuestos.

Lo que han aprendido las empresas venezolanas en los últimos años

-Usted dijo que las empresas habían aprendido a moverse en este tipo de contexto. ¿Qué aprendieron concretamente y cómo se traduce esto en la práctica?

-Hubo una época en la que las compañías nos confundimos, o nos equivocamos, nos convertimos en agentes políticos. Manejábamos nuestras empresas como si fuéramos agentes políticos. Cuando entendimos después de muchos años que nosotros no somos agentes políticos, eso ha significado que la directriz con relación al funcionamiento de nuestras empresas es: una cosa es la política y otra la economía.

¿Eso qué ha significado? Mantener los planes, las estrategias, todos los esquemas planteados independientemente de lo político. Eso es un gran aprendizaje que ha tomado años.

De hecho, con lo que pasó el 28 de julio, con las marchas, con todo lo que ocurrió, no hubo empresas paralizadas, no hubo ninguna empresa que se haya plegado a alguna actividad de orden político. Todo eso hizo que siguieran operando.

Las compañías dicen: Yo tengo un plan de incorporar un producto, de lanzar este servicio, de atender a mis clientes. Las compañías tienen mucho poder contingente que hace que ante los riesgos, las posibilidades de paralización o de interrupción de los servicios sean capaces -bien sea por inventarios, por prácticas logísticas o de producción o comercialización- de hacer que los productos lleguen a donde tengan que llegar.

Las compañías están bastante bien preparadas no solo para no pararse, sino para operar en circunstancias bastante más complicadas. Y las empresas también se han dado cuenta que no tienen nadie que nos dé un subsidio… Hemos entendido que dependemos de nosotros mismos, de nuestro esfuerzo, de nuestras capacidades y eso es una lección aprendida.

Lo otro es que hay una responsabilidad importante en relación con la fuerza de trabajo. Nuestras empresas tienen trabajadores, hay nóminas que pagar. Eso es un tema ético y moral que las compañías han seguido adelante.

Otra de las cosas que hemos aprendido durante el año con esta incertidumbre política, además de que no somos agentes políticos, es que ha habido condiciones entre temas impositivos, temas cambiarios y temas de mercado que han abierto ventanas y espacios para que nuestras empresas puedan operar. Nos hemos dedicado a lo que nos tenemos que dedicar, que es producir, competir, hacer las cosas mejor.

-La palabra que algunos analistas han usado para describir los escenarios para Venezuela en 2025 es “catastrófico” no solo por la crisis política, sino también por el posible regreso de las sanciones económicas y la eliminación de las licencias petroleras, lo cual restringiría el flujo de divisas. Sin embargo, en función de lo usted ha señalado, da la impresión de que las empresas van a hacer todo lo que esté a su alcance para no parar, no cerrar, e incluso crecer. ¿Cómo podrían las compañías entrar con ‘buen pie’ 2025?
-Nosotros vivimos con sanciones, tuvimos hiperinflación, hemos tenido la pandemia, hemos tenido el apagón y otras crisis y se ha buscado una fórmula de paliar, de mitigar, de compensar, de redefinir un poquito nuestro funcionamiento.

Hasta el mismo gobierno, que necesita ingresos, si vienen las sanciones que vengan -obviamente no es lo que se quiere- va a tener que buscar la forma de vender petróleo al mundo. A menores precios, en peores condiciones, con complicaciones enormes, por su puesto, pero va a tener que buscar ingresos en divisas.

¿Esas divisas para dónde van a ir? Para mantener el gasto del Estado. ¿Y ese gasto del Estado para dónde va? Eso se inyecta en la economía y eso genera cierta dinámica económica que los privados tienen que atender.
Obviamente no es lo deseado, no es lo mejor, pueden venir cosas muy complicadas. Si vienen las cosas más complicadas… sabremos echar pa’ lante.

Ahora hay algo importante. Antes el empresario venezolano estaba muy orientado a estar muy cerca del Estado para ser favorecido, bien fuera por temas impositivos o por tener dólares o licencias. Todo eso ha ido cambiando a un empresariado más orientado a competir con otro agente económico para ver quién vende mejor, quién le da más valor agregado.

Lo que toca es competir, hacerlo bien… Ahorita tu negocio es que el consumidor te prefiera, esté dispuesto a elegir con sus poquitos ingresos -entendemos que el consumidor venezolano es un consumidor empobrecido- tu producto o servicio.

Que esto no es perfecto, que esto no es lo que uno quiere, esa no es la discusión. Es el país que tenemos y es el país en el cual hemos decidido emprender y desarrollar riquezas. Ahora la pregunta es: ¿Por qué el empresariado hace todo esto? ¿Por un tema heroico? Por una mezcla de decir: Tanto nadar pa’ morir en la orilla…  Aquí hay una gran apuesta a que las cosas definitivamente mejoren.

-Usando una palabra coloquial, los empresarios venezolanos no se pueden ‘achicopalar’.

-Para nada. Para el empresario venezolano territorio ganado, territorio cuidado. Mercado ganado, mercado cuidado. Categoría ganada, protegida. Anaquel ganado, protegido. A menos que las condiciones lo imposibiliten, pero el mercado no se puede distraer, desmoralizar, tiene que seguir avanzando. Estas condiciones son mucho mejores a las de 2017, 2018, 2019, a las de la pandemia.

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