Meryl Streep tras recibir el Princesa de Asturias de las Artes: «Me siento muy honrada por este prestigioso premio de uno de los países con más talento del mundo»

- Publicidad -

«A lo largo de cinco décadas, Meryl Streep ha desarrollado una carrera brillante encadenando interpretaciones en las que da vida a personajes femeninos ricos y complejos, que invitan a la reflexión y a la formación del espíritu crítico del espectador», afirma el acta del jurado del Premio Princesa de Asturias de las Artes; que también destacó «la honestidad y responsabilidad en la elección de sus trabajos, al servicio de narrativas inspiradoras y ejemplarizantes», y su empeño en ser «activista incansable a favor de la igualdad», informó este miércoles el diario español El Mundo.

«Me siento muy honrada de recibir este prestigioso premio de uno de los países y culturas con más talento del mundo«, ha afirmado la actriz, en declaraciones compartidas por la Fundación Princesa de Asturias.

- Publicidad -

«Mi más sincero agradecimiento a Sus Majestades y a Su Alteza Real y tengo muchas ganas de conocerlos en octubre y pasar un tiempo en su hermoso país», dijo.

Desde Kramer contra Kramer a la angustia más allá de lo descriptible de La decisión de Sophie pasando por Un grito en la oscuridad o Memorias de África, todos sus dramas a lo largo de los 80 o 90 están ahí incrustados en la memoria de cualquiera como un monumento al desgarro.

Streep siempre ha entendido su oficio como una cuestión moral y su compromiso con cada uno de sus personajes lo ha transformado en un pacto de sangre.

Cada lágrima de la madre atormentada por el más cruel de los pasados en la película Alan J. Pakula de 1982 permanece aún hoy intacta, inquebrantable, descomunal. Cuentan que la actriz se negó a interpretar determinadas escenas más de una vez.

Y lo mismo se podría decir de eso que llamamos amor. Desde La mujer del teniente francés Los puentes de Madison con parada obligada en una granja en África -a los pies de las colinas de Ngong-, la pasión ha tenido en esta mujer a su más encendida defensora, a la más fiel de los ángeles custodios.

Cada plano de la película de Sidney Pollack abrazado a la música de John Barry que abraza cada abrazo de Streep y Redford existen para demostrarnos que nada más consolador y cálido que un abrazo, en África o donde sea.

Streep da vida a Karen y en su gesto elegante, en su mirada pausada, en su pasión desmedida la actriz, que es ya parte de la retina de todos, adquiere el tamaño definitivo de los mitos, de los mitos que aman, nos aman y no queda más remedio que amar.

El cine romántico existe para que podamos amar a Streep conscientes de cada uno de nuestros ahogos, felices de los hipidos por debajo del diafragma y entusiastas de cada caja lapidada de Kleenex.

Dicen que llorar en el cine sana. Al fin y al cabo, es una forma de conjurar en grupo los miedos más íntimos. El llanto de alguna manera nos devuelve a la infancia. Todo lo que se sufre por culpa de una película es un viaje de consolación a nuestros miedos más profundos y al reconocimiento del otro como parte de nosotros.

Como la propia religión, la tragedia compartida, es la aceptación orgullosa de nuestro desamparo. No somos nadie sin los demás. Somos vulnerables cuando admitimos el secreto de la fe, a la vez fascinante y terrorífico, y cuando nos abandonamos a la certeza sobrecogedora de lo que nos hace sufrir. Y aquí, no lo duden, Meryl Streep es, ha sido y será por siempre nuestra sacerdotisa. Nuestra diosa.

Por supuesto, en la filmografía de Streep cabe la carcajada. Incluso la carcajada a cuenta de cada uno de los llantos pasados. Llámese ironía como la forma más desarrollada de la inteligencia.

Su papel de villana en El diablo viste de Prada o sus gorgoritos desinhibidos en ‘Mamma Mia!’ o su hieratismo entre cómico y majestuoso vestida de Thatcher La dama de hierro o su última intervención estelar y libre de prejuicios en Sólo asesinatos en el edificio (sin olvidar su desopilante y desnuda intervención en ‘No mires arriba’) son prueba de que la mejor forma de tomarse en serio es no hacerlo en absoluto. Y eso, fiel a cada uno de sus pasos, amplía hasta la desmedida tanto su figura como el premio que ahora recibe.

Y luego está el sentido del compromiso social y político que ha discurrido en paralelo a su concepción cabal de su oficio. Meryl Streep no ha dejado pasar la ocasión para colocarse, para desesperación de rancios con Twitter, en el lado correcto cada vez que ha podido. Y ha querido.

Su discurso en los Globos de Oro de 2017 donde dijo aquello de que «Donald Trump es una desgracia para el país» no aportaba lo que se dice mucho al sentir general, pero dejaba claro que, en determinados momentos, pronunciarse, además de justo, es necesario.

Ha acusado a Hollywood de falta de diversidad y siempre que la dejan recuerda que con apenas 40 años cumplidos a punto estuvo de dejarlo todo harta de los papeles de «bruja» que le ofrecían.

El movimiento Metoo, la denuncia de los abusos de poder o el encendido discurso contra las noticias falsas pronunciado en 2017 son sólo algunos de los hitos de una actriz que trasciende se quiera o no las reducidas dimensiones de la pantalla.

En una ocasión, condicionó una portada de la revista ‘Vogue’ a que le dejaran posar con mujeres políticas para reclamar un museo centrado en contar la Historia también en femenino. «¿Alguien recuerda a Deborah Sampson? Fue una de las heroínas de la Guerra Civil Americana. Yo tengo 60 años y sé esta historia, pero debía haberla aprendido en cuarto grado», dijo.

Meryl Streep estuvo a punto de ser chica Almodóvar si ‘Julieta‘ se hubiera rodado en inglés. Meryl Streep es capaz por igual de convencer al gran público que reconoce en ella a una igual que a los directores más exquisitos que ven en su manera de confundirse con cada uno de sus personajes la más brillante y profunda lectura del arte de la confusión que es el propio cine.

Igual da vida a Miranda Priestly, inspirada en la temida Anna Wintour, la todopoderosa jefa del Vogue americano, que encarna una alambicada versión quién sabe si de sí misma en ‘Adaptation‘, de Spike Jonze.

Meryl Streep debutó en el cine junto a Jane Fonda y Vanessa Redgrave con 28 años en ‘Julia’ y un año después conseguía su primera nominación con ‘El cazador’. Meryl Streep dijo al recoger el Premio Donostia en 2008 que había algunos días en los cuales se sentía sobrevalorada. «Pero hoy no», añadió.

Fuente: El Mundo

- Publicidad -

Más del autor

Artículos relacionados

Lo más reciente

Lasso junto a Mau y Ricky estrenan “Bilingües”

De la unión de tres talentosos cantantes venezolanos nace “Bilingües”. Una canción que bajo las directrices del pop, le da cabida total al romance...

Mató a un hombre a puñaladas en una discusión por un trago de licor

Ronald Rey Timaure Figueredo, de 41 años de edad, fue asesinado a puñaladas durante una discusión por un trago. El hecho ocurrió el...

Cendas FVM: Canasta Alimentaria Familiar de abril tuvo un costo de $552,29

La Canasta Alimentaria Familiar del mes de abril de 2024, conformada por 60 productos, tuvo un precio de $552,29 dólares, equivalentes a 21.600, 13...

¿Quieres recibir las notas de mayor interés en tu email?

Comparte con nosotros tu email y te haremos llegar las noticias de mayor relevancia directo a tu correo