Mohammad Alí, el más grande

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La triste noticia de la muerte de Mohamad Alí, ocurrida el viernes pasado en Phoenix, me llevó a recordar la mañana de noviembre de 1977 en la que lo conocí, en Bogotá, y tuve el honor  de estrechar su descomunal mano derecha, con la que ya había derribado a muchos de sus rivales y encantado al mundo entero usándola como un misil. Su visita duró tres días, se alojó en el viejo Hilton y en su programa incluyó una visita al presidente de la época, Alfonso López Michelsen, quien, en principio, rehusó recibirlo en su despacho del palacio de San Carlos pero luego accedió, a regañadientes. Enorme y apacible, “El Rey”, “El más grande”, tomó entre sus brazos al escuálido mandatario y lo saludó con un beso en la mejilla.

Alí estuvo en Bogotá por invitación del director de la extinta revista Hit, dirigida por el periodista Gustavo Castro Caycedo, hermano de Germán, el gran cronista. Lo trajo con un esfuerzo colosal para tratar de impulsar con su presencia una campaña en beneficio del desfalleciente hospital ortopédico infantil Franklin Delano Roosevelt.

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El evento central de la visita fue una “pelea” de cortesía, a tres asaltos, entre Alí y el peso pesado nacional Bernardo Mercado, un grandulón sin brillo. Los asistentes debían pagar una cuota de beneficencia para ver el espectáculo que tuvo lugar en la plaza de toros, donde, además de los horrores cotidianos de la tauromaquia, también hubo a comienzos del siglo pasado una pelea entre un infortunado tigre hambriento y un pacífico toro de lidia, así como encuentros boxísticos en los que los contrincantes no usaban guantes y era común que alguno resultara muerto, para dicha del público.

Alí se divirtió pero canceló un viaje a Cartagena debido al malestar que le causó la altura de Bogotá: 2,600 metros sobre el nivel del mar. Viéndolo bien, Mohamad Alí hoy sigue siendo una de las personalidades más importantes que ha visitado esta ciudad. Su valor histórico no reside solamente en el hecho de que sea uno de los cinco boxeadores más importantes de todos los tiempos. Creo que con el paso del tiempo se recordará más por la manera valerosa con que luchó en defensa de los derechos civiles de la comunidad negra de los Estados Unidos, al punto que le costó sacrificar sus mejores años como deportista.

Fue la primera notabilidad estadounidense en pronunciarse contra la vergonzosa guerra de Vietnam y resultó definitivo su aporte para aclimatar el derecho a la igualdad que luego le permitiría llegar a la Casa Blanca al presidente Barack Obama, cuyo triunfo el campeón siguió de cerca en toda su lucidez, atormentada por el Parkinson.

Dejó la religión Bautista, en la que fue criado, se hizo musulmán y abandonó su nombre original: Classios Clay. “Classios Clay es el nombre de un esclavo. No lo escogí, no lo quería. Yo soy Muhammad Alí, un hombre libre”, proclamó enfático.

Hijo de un alcohólico que pintaba avisos callejeros, fue mejor político que boxeador, lo que es mucho decir. Henchido de patriotismo, ganó la medalla de oro de boxeo en los juegos olímpicos de Roma y luego la arrojó a las aguas del río Kentucky. Se sometió a un juicio que sabía que perdería por negarse a ir a pelear en Vietnam. La condena fue a cinco años de prisión que obvió con una fianza y más tarde la Corte Suprema de Estados Unidos echó por tierra la sentencia.

Tan famosa como su pelea en Kinsasa, Zaire (hoy República del Congo), contra George Foreman, de la que Norman Mailer escribió su famoso libro El Combate, es esta proclama rebelde de Alí: “Pregunten todo lo que quieran sobre la guerra de Vietnam, siempre les tendré esta canción: ‘No tengo problemas con el Viet Cong porque ningún Viet Cong me ha llamado un nigger’”.

Un par de sus guantes se exhiben merecidamente en el Museo Nacional de Historia Estadounidense, en Washington, y recibió la Medalla Presidencial de la Libertad.

La mejor semblanza de Mohaman Alí está en sus frases sobre todos los temas que le interesaron. Van aquí algunas de ellas:

–“Foreman era un perdedor sin remedio en aquel tiempo, culpaba mis victorias de todo lo que puedas imaginarte. Pero hoy me cae bien”.

–­“Lo único que no entiendo es la guerra”.

–“Vi el mundo entero. Aprendí algo de la gente de cada lugar. Hay verdades en el hinduismo, en el cristianismo, en el Islam, en todas las religiones. Y también en el hablar sincero. La única religión que vale es el amor”.

–“El hombre que no tiene imaginación, no tiene alas”.

–“El Parkinson es mi máxima pelea. No, no duele. Es difícil de explicar.

–“Deseo que la gente se quiera entre sí de la forma en que me quieren a mí. Sería un mundo mejor”.

 ­–“Soy joven, soy apuesto, soy rápido, soy lindo y soy invencible. Deben caer en el round que yo digo”.

–“Luché contra un lagarto, peleé con una ballena. La semana pasada asesiné a una roca, lesioné a una piedra y hospitalicé a un ladrillo. Soy tan malo que hago enfermar a los medicamentos”.

–“Soy el astronauta de los boxeadores. Joe Louis y Dempsey fueron sólo pilotos de jet. Yo pertenezco a un mundo propio”.

–“El que no es suficientemente valiente para tomar riesgos, no va a lograr nada en la vida”.

–“Mi cara es tan linda que no ves una cicatriz, lo que prueba que soy el rey del ring de lejos”.

–­“¿Cuánto mides? Tengo que saber de antemano lo que tengo que retroceder cuando caigas”.

–“Soy el más grande, porque lo dije, incluso, antes de que supiera que lo era”.

­–“No es fanfarronear si tienes con qué sostenerlo”.

–“El hombre que ve el mundo a los 50 igual que lo veía a los 20, desperdició 30 años de su vida”.

­“Mi madre me enseñó a amar a la gente y a tratarla de buena manera. Es una persona dulce y maravillosa a la que le gusta cocinar, hacer ropa y estar con la familia. No bebe, no fuma ni molesta. Nadie ha sido mejor conmigo en mi vida entera”.

–“No son las montañas que todavía tienes que escalar lo que te agota. Es la piedrita en el zapato”.

–“Flotar como mariposa, picar como abeja. Tus manos no le pueden pegar lo que tus ojos no ven”.

–“En una competencia de amor todos compartiríamos la victoria, sin importar quien llegue primero”.

–“Vi una película de terror, Baron Blood, que me asustó. Comparado con eso, ganarle a [George] Foreman en Kinshasa fue sólo otro día en el gimnasio”.

 –“No me importan los dos millones de dólares que perdí en el divorcio con mi segunda mujer. Soy un musulmán, me conformo con una comida al día”.

Alí, a mi modo de ver, es una estrella luminosa de la historia reciente  estadounidense, del tamaño de Frank Sinatra, Martin Luther King, John F. Kennedy, Woody Allenn o Neil Amstrong. Mohamad Alí, “El más grande”, ahora ocupa, invencible, su bien ganado puesto en la historia.

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