¡Oposición política y no una oposición heroica!

La oposición venezolana probablemente se convierta en un modelo de análisis y estudio, pero se demuestra que en política las cosas no son lo que parecen ser y que las narraciones que se hacen de ella pueden tener complejos y contradictorios constructos. En el año 2015, 7.707.422 de venezolanos manifestaron a través del sufragio la nueva composición del Parlamento nacional.

El triunfo de la oposición se transformó en la esperanza y luz de un pueblo que aún convoca a gritos la solución a sus problemas más existenciales. La crisis económica y la histórica inseguridad motivaron a millones de venezolanos a interpelar de manera radical estas dos variables: el Gran Polo Patriótico pagó sus grandes desaciertos e injusticias. Además, el resultado develaba que había emergido con mucha fuerza el desamor hacia la revolución idealizada por Chávez, es decir, era una realidad, parecía el inicio del fin de la envejecida revolución bolivariana.

Las señales concretas del 6D de 2015 eran claras, fue toda una rebeldía del voto que revelaba que la gente se cansó del proyecto chavista y su modelo económico hambreador, realidad reflejada en el resultado obtenido: 112 diputados que se traducían en la plataforma constitucional estratégica para la transformación de la Venezuela de futuro. No obstante, el tan esperado futuro nunca llegó. La significación de contar con la mayoría de parlamentarios tenía una particularidad muy compleja: desmontar el poder central del Estado.

Rápidamente, se encendieron las luces en Miraflores, la sala situacional del régimen tuvo que construir diversos obstáculos jurídicos para salvarse de las decisiones que pudieron concretarse en el hemiciclo en su contra. La fracción de 112 diputados con la que contaba la MUD le permitía buscar alternativas democráticas a corto, mediano y largo plazo para cambiar el poder central.

Articulado a lo anterior, el triunfo de 2015, quizás el más importante de una oposición unida, provocó que el oficialismo cerrará las vías electorales libres y limpias, incluso impidiendo el referendo revocatorio de 2016. Con el paso del tiempo continuó limitando las condiciones electorales e imponiendo la judicialización política a varios partidos políticos de derecha e izquierda.

En 2019 la oposición venezolana tuvo su mejor año y mejores timing. En ese año emergió la posibilidad del cambio político, incluso saliendo la información como casi un hecho en las portadas de los diarios más significativos del mundo. Sin embargo, cinco meses después, tras los sucesos en los temas relativos a la “ayuda humanitaria” y la intentona de alzamiento militar, el panorama parece muy distante del optimismo opositor de esas jornadas.

La esperanza entrelazada a la fe de un posible cambio de gobierno parece ponerse lejos cuando se vio muy cerca. Las expectativas de una salida rápida del poder de Nicolás Maduro difundidas por la oposición se desvanecieron en 2019 una vez más en Venezuela luego del “efecto Guaidó”. Hoy el país se mueve en una mixtura de militarización autoritaria con un pragmatismo económico El régimen de Nicolás Maduro ha dado un giro impensado con relación a la divisa estadounidense, al habilitar un proceso de dolarización de hecho de la economía.

En síntesis, el contexto es significativo. La nueva ecuación de poder da a entender que el madurismo refuerza su poder incluso dentro del propio espacio político de representación chavista. Mientras, Venezuela transita la peor crisis en su historia, la oposición venezolana no encuentra la forma de sacar del poder a Nicolás Maduro.

La confianza en que el derrumbe económico haría crepitar las bases de apoyo político -militar del chavismo fue a parar en los sueños de muchos lideres políticos. La crisis económica es una variable interviniente en todos los escenarios electorales y lo sabe el régimen. La crisis económica que viven los venezolanos es humillante, revelada cuando nos toca hacer colas de colas para comprar algo alimentos u otros artículos de consumo básico en un país aún rico en algunos recursos naturales, pero técnicamente quebrado.

La agudeza de la crisis es un indicador que manifiesta de manera fáctica o científica que la revolución se agotó, necesita de una urgente revisión o refundación si quiere seguir democráticamente en el escenario político / electoral. Mientras, la oposición venezolana debe repensar con exigencia en la reconstrucción y construcción de sus liderazgos políticos enfocados en ganar espacios de abajo hacia arriba. La población opositora, que aún es mayoría, se hunde en la desesperanza, anda sonámbula y no sabe si resignarse al régimen o encontrar un modo para mudarse al exterior. La verdad apunta: se necesita una oposición política y no una oposición heroica en Venezuela.

Presidente de Hercon Consultores
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