Pensamiento estratégico para las empresas

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Las empresas precisan más que nunca de un liderazgo estratégico que sea capaz de responder a retos, detectar y minimizar riesgos y encontrar nuevas oportunidades. Así que ser estratégico es una habilidad esencial de liderazgo y, como se puede ver, de suma valía para los negocios.

Y es que un líder estratégico es, ante todo, un planificador que toma decisiones alineadas a las estructuras y procesos de la compañía. También posee un pensamiento visionario, una gran capacidad de adaptabilidad; así como la habilidad para resolver problemas, dominar la comunicación y ser creativo.

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Así que ser estratégico -es decir, tomar un conjunto coherente de decisiones que le ayuden a perseguir una ambición o un objetivo- es una habilidad no negociable para los líderes empresariales si realmente quieren dejar su impronta.  Sin embargo, llegar allí plantea un cúmulo de exigencias y obstáculos que no siempre son fáciles de sortear.

Para empezar, los líderes deben tener claro que las estrategias, que son esenciales para ese estilo de liderazgo,  son “notoriamente difíciles de diseñar y aplicar”, como bien señala David Lancefield, estratega y coach de liderazgo.

Ante ello, asegura que la clave para superar los obstáculos organizacionales y personales que se interponen en el camino es tomando pequeñas decisiones sobre dónde concentrarse y qué hacer a lo largo del día.

 “Puede que parezcan intrascendentes, pero sus impactos se acumulan… antes de que se dé cuenta, superará los obstáculos a medida que persigue su estrategia con mayor claridad, determinación y, en última instancia, éxito”, advierte en su análisis Take a More Strategic Approach to Work…Every Day.

Lancefield, además, presenta seis formas para que los líderes incorporen la estrategia en sus prácticas diarias.

-Identificar acciones clave. En este punto, recomienda que el líder asigne tiempo cada día a actividades que contribuyan significativamente a su estrategia general. Es clave priorizar las tareas de alto impacto y delegar o eliminar las menos críticas.

-Abordar problemas importantes. La prioridad debe ser enfocarse primero en los desafíos más grandes. Esto implica replantear los problemas como oportunidades para crecer y considerar cómo resolverlos se alinea con los objetivos estratégicos.

-Explora opciones. Lo líderes deben pensar en las diferentes formas en que podría avanzar hacia sus objetivos. En este caso, es importante que considere su función, lo que lo diferencia de los demás y el impacto deseado; así como buscar oportunidades de aprendizaje en el momento.

-Dominar las habilidades necesarias. También es una prioridad que los líderes continúen invirtiendo en su crecimiento y desarrollo. Es importante que aprendan de esfuerzos anteriores, busque consejos de compañeros de trabajo de confianza y busque inspiración en compañeros de alto rendimiento.

-Crear alineación. Esto significa que el líder tiene que esforzarse por alinear sus decisiones estratégicas con las necesidades de todas las partes interesadas, incluido él mismo. Es fundamental que replantee situaciones para encontrar formas innovadoras que lo beneficien tanto a é como a los objetivos de su organización.

-Reúna recursos. Y, por último, es fundamental que cuente con los recursos físicos, mentales y relacionales que necesita para hacer su mejor trabajo. Hay que priorizar la salud, las relaciones de apoyo y un ambiente de trabajo productivo.

Sin embargo, de nada sirve poner en práctica esas seis recomendaciones, si el líder no está, coloquialmente hablando, metido en el juego. “A menudo son nuestras mentalidades y comportamientos los que más nos limitan”, sostiene Lancefield.

Y agrega: “En el extremo, el agotamiento inhibe nuestra capacidad de tomar decisiones. La ansiedad limita nuestro campo de visión. El agobio hace que sea más difícil saber por dónde empezar. La falta de confianza nos anima a centrarnos en el corto plazo”.

Como resultado, los líderes activan el piloto automático, porque es más fácil centrarse en lo conocido. “Pero a menudo esto no es lo que exige la estrategia ni lo que queremos para nosotros. No es de extrañar que nos frustre la falta de progreso hacia nuestras metas”, indica Lancefield.

¿Entonces? No hay que tirar la toalla. Aun cuando los líderes sientan que las probabilidades están en su contra, tiene más opciones de las que cree. Las pequeñas decisiones sobre dónde centrarse y qué hacer a lo largo del día pueden parecer intrascendentes, pero su impacto se acumula.

“Tome esas pequeñas decisiones y, antes de que se dé cuenta, superará los obstáculos a medida que persigue su estrategia con mayor claridad, determinación y, en última instancia, éxito”, asevera Lancefield. Y hay que tomarle la palabra.

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