Un par de inesperados tuitazos dieron cuenta la noche del 30 de agosto que Donald Trump había sido invitado a mantener un diálogo con el Presidente de México, Enrique Peña Nieto, en la residencia oficial de Los Pinos al día siguiente. La confirmación por parte del magnate y candidato norteamericano causó rechazo en las redes sociales que con premura llamaron a protestar la indeseada visita.
Ambos candidatos a la presidencia norteamericana fueron invitados a sendas visitas diplomáticas, sin embargo, la demócrata Hillary Clinton, respondió por vías oficiales que fijarían fecha una vez que el presidente de México hubiera emitido su informe anual de gobierno número 40. Trump, en cambio, insistió en visitarlo al día siguiente de la invitación, pocas horas antes de dar un discurso en Arizona dónde se espera que fije su postura final frente a la migración por la frontera sur, por lo que los analistas consideran que Trump aprovechará la ocasión para mostrarse más abierto y recuperar algunos puntos de los que ha perdido en las encuestas ante Clinton.
Los mexicanos basan su descontento en las declaraciones de Trump acerca de que la migración de este país lleva «violadores y narcotraficantes» al vecino país del norte, lo que consideran una afrenta a los millones de migrantes (legales e ilegales) que contribuyen a la vida productiva de los Estados Unidos de América, y a la afirmación del candidato de que «construirá un muro y se lo hará pagar a México», por lo que la mayoría de los automovilistas respondió de buena gana al pedido de los manifestantes «Toca el claxon para que se vaya Trump».



