Tuberculosis, malaria y dengue conviven en Venezuela con la COVID-19

Desde marzo, cuando se reportaron los primeros casos de COVID-19 en Venezuela, “lo que ha hecho esta pandemia fue sumarse a la grave situación de salud que se vive desde el punto de vista epidemiológico; ante ello nuestro foco está en la pandemia, pero todos estos padecimientos siguen allí”, afirma la presidenta de la Sociedad Venezolana de Infectología (SVI), María Graciela López. Asegura que “hay muchos pacientes que ingresan con el diagnóstico probable de COVID-19 y es tuberculosis o también de personas con tuberculosis coinfectadas con COVID-19”.

“El dengue, la malaria y la tuberculosis siguen presentes en Venezuela, al igual que las enfermedades diarreicas y aquellas prevenibles por vacuna como la influenza. A esta situación epidemiológica se le sumó el nuevo coronavirus, que nos ha desenfocado de los problemas que ya tenía el país desde el punto de vista de las enfermedades infecciosas” señala López.

Para la representante de la SVI, la pandemia deja ver aún más las grietas de la atención y salud pública en Venezuela, al poner en el tope las enfermedades infectocontagiosas en el país. Ahora toca abordar de manera concomitante la COVID-19, porque son la mayoría de los pacientes recibidos en las emergencias. Sin embargo, allí siguen estando los que tienen tuberculosis con una escasez de tratamientos antifímicos, casos de malaria y el VIH galopante por escasez o ineficiencia de programa de educación y prevención de la salud que antes no existía y actualmente, incluso, no hay referidos a la pandemia”.

Mercedes España, médico neumonóloga y coordinadora nacional de la División de Salud Respiratoria del Ministerio de Salud desde 2005, señala que los pacientes con tuberculosis en Venezuela “reciben su tratamiento de forma supervisada y gratuita en los diferentes establecimientos de la red ambulatoria del ministerio”. Detalla que durante los más de cuatro meses de cuarentena se ha tenido acceso tanto a las tabletas combinadas como pirazinamida, ethambutol, rifampicina e isoniacida, como a las pertenecientes a la segunda fase, rifampicina e isoniacida. “En el caso de centros de reclusión para personas en hospitales, geriátricos u otro establecimiento, el programa hace el enlace con la institución y los suministra a quienes tienen diagnóstico de esta enfermedad”, afirma.

La especialista en tuberculosis explica que los casos registrados entre enero y junio de 2020 fueron 30% menos comparados con el mismo periodo del año anterior. “Es posible que tenga que ver con las dificultades o restricciones para la movilidad de las personas durante la cuarentena. También existe la posibilidad de que la medida de protección personal, la mascarilla, establecida como medida preventiva obligatoria en el país para evitar contagio de la COVID-19, ayude de manera indirecta a que las personas enfermas de tuberculosis, que no han sido captadas por el programa, reduzcan la eliminación de aerosoles a los ambientes comunes cerrados, es decir, menor diseminación de la enfermedad”, expresa España.

El Observatorio Venezolano de Prisiones en su informe anual de 2019, publicado esta semana, evidenció que la tuberculosis fue una de las principales causas de muerte de los presos durante ese año, debido al hacinamiento. La directora de esa organización no gubernamental, Carolina Girón, afirmó: “No hay una información oficial de contagio de la COVID-19 en cárceles, pero lo que sí tenemos es tuberculosis”. 

España señala que los pacientes con tuberculosis logran acceder a sus tratamientos, aun en cuarentena, debido a que reciben los medicamentos en los ambulatorios cercanos a su residencia, lo mismo ocurre con las personas con VIH. Según López, “al día de hoy hay tratamiento antirretroviral en Venezuela, producto de un trabajo extenso de agencias internacionales como la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y Onusida, ambas se refieren al plan maestro para el fortalecimiento de la respuesta al VIH, la tuberculosis y la malaria desde una perspectiva de salud pública, establecido en julio de 2018.

Sin embargo, la obtención de medicamentos durante la cuarentena no fue prevista desde su inicio. López explica que pacientes estuvieron entre el primer y segundo mes de confinamiento con problemas para acceder al tratamiento y ante la solicitud de poder retirar las medicinas en sus regiones, se logró el acceso desde los ambulatorios o farmacias. Indica que el suministro ahora puede hacerse por multimeses, para un máximo de seis meses, al prever que las personas no pueden desplazarse con facilidad, porque el transporte también se ha visto afectado por falta de gasolina, en especial en el interior del país.

“Obtener datos epidemiológicos de los pacientes ha sido mucho más difícil este año”, refiere López, refiriéndose a los pacientes con VIH. “Pacientes con enfermedades crónicas se desvincularon de sus consultas como consecuencia de la pandemia, pero lo que sí hemos visto es que los pacientes hospitalizados con esta patología fueron aquellos que tuvieron muchos años sin consultas, que abandonaron su tratamiento o son recientemente diagnosticados.

Con respecto al dengue, la presidenta de la Sociedad Venezolana de Infectología afirma que tan pronto empezaron las lluvias, llegó el dengue y “está presente en nuestro país igual como está la COVID-19”. 

“La malaria ha disminuido discretamente en cuanto a los números de casos, pero todavía tenemos muy graves problemas en el control y erradicación de la malaria en Venezuela. Sabemos que se perdió todo el trabajo hecho en la década del 60, con un aumento vertiginoso en el número de casos en 2017 y 2018. También por la acción del plan maestro de estas tres grandes enfermedades se mejoró la respuesta y un poco el control de la malaria en el país. Sin embargo, tenemos un número de casos significativos que demuestran que esta enfermedad no está en control, aunque el dato no lo podemos dar en este momento pandémico”, dice López.

La también doctora del Hospital de niños J.M. de los Ríos advierte que en el gremio “estamos muy preocupados por el suministro de equipo de protección personal para los trabajadores de la salud ,porque hemos visto un impacto de 20%, cuando la estadística que indica la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de 10%, lo que es grave porque duplicamos la cifra y compromete la atención de cualquier persona que tenga COVID-19 en el país”.

La organización Médicos Unidos reportó que el miércoles 22 de julio murieron cuatro trabajadores de la salud y con ellos la totalidad de los fallecidos asciende a 28 personas. “De estar incluidos en las estadísticas oficiales el porcentaje de personal de atención fallecido, sería de 22,6% en relación con el total nacional”, indica.

“Durante el periodo pandémico la realidad de las enfermedades infecciosas y del sector de la salud no ha mejorado en lo absoluto, sino todo lo contrario”, puntualiza López.

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