Universidades públicas sin clases y sin saber cuándo iniciarán

Mientras las clases a distancia ya iniciaron en las escuelas y colegios de educación primaria y secundaria, algunas con las herramientas y otras con más preguntas que respuestas, la realidad de los estudiantes universitarios venezolanos es más compleja.

A pesar de tener un calendario que indica la fecha de regreso para un nuevo periodo, las condiciones en universidades públicas limitan el acceso al conocimiento. En la Universidad Central de Venezuela (UCV), “no se ha podido continuar actividades”, expresa David Sosa. En la Universidad Simón Bolívar (USB) “es difícil saber con certeza cuándo vamos a iniciar un nuevo periodo académico”, afirma David Cedeño, y la Universidad de Carabobo “se podría decir que está cerrada”, indica Marlon Díaz.

Sosa, estudiante y presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela (FCU-UCV), dice que “durante estos siete meses, desde la confirmación de los dos primeros casos de COVID-19 en Venezuela el pasado 13 de marzo, los estudiantes de la UCV no han podido recibir en su totalidad clases o evaluaciones”. “Algunas escuelas estaban en periodo de cierre académico, otras comenzando, y algunas en el ínterin entre un periodo y otro y nunca empezaron. Realmente la situación es heterogénea en cuanto a las escuelas”, explica.

Agrega que en marzo la UCV se vio obligada a suspender cualquier tipo actividades en las distintas facultades, debido a la ausencia de recursos provenientes del Estado que le permitiera generar estrategias. “En estos momentos, no hay una estrategia o posibilidad real de generar un mecanismo de vuelta a las clases de manera presencial o semipresencial por falta de recursos y tampoco se cuenta con los fondos para la capacitación y dotación del personal universitario para mantener clases a distancia”.

Aunque “no existe la posibilidad de generar un mecanismo para toda la universidad, dada la ausencia de los recursos que se necesitan, hay algunas iniciativas puntuales dependientes de la voluntad del docente de participar en ellas y hay algunas facultades en las cuales sí se han hecho cursos intensivos”, enfatiza.

Estas declaraciones de Sosa a HispanoPost corresponde a octubre, cuando la UCV se suponía debía empezar el nuevo periodo en septiembre. “Sin embargo, no hemos podido en la práctica comenzar las clases en las distintas facultades y escuelas de la universidad”, indica.

Ante la falta de respuesta durante meses y la dificultad de establecer una propuesta que funcione para cada facultad y pueda adaptarse a las necesidades de cada área del conocimiento, debido a que no es lo mismo dictar una clase virtual teórica que una práctica que requiere de un laboratorio.

“La Federación de Centros Universitarios ha estado generando una propuesta que está siendo discutida para ser llevada al Consejo Universitario de la UCV. En ella se incluyen puntos de semestre transparente para que los estudiantes que no puedan reintegrarse no sufran consecuencias en su récord académico. También busca avanzar en aquellas escuelas y con los profesores que se pueda, y que se creen alternativas tanto de capacitación como de herramientas digitales para la enseñanza”, dice Sosa.

“Es difícil saber cuándo la Simón Bolívar iniciará nuevo periodo académico”

En la Universidad Simón Bolívar (USB) actualmente “no se está teniendo clases”, asegura Luis Loreto, profesor de esta casa de estudios. David Cedeño, presidente de la Federación de Centros de Estudiantes de la USB, agrega: “La pandemia nos agarró con un trimestre en curso y a punto de finalizar, pero debido a las terribles condiciones y a las grandes adversidades que estamos viviendo, a la universidad se le ha hecho muy difícil, casi imposible, poder cerrar el trimestre enero-marzo”.

Desde la llegada de la COVID-19 al país y la cuarentena que conlleva, el foco de los integrantes de esta universidad ha estado en poder cerrar el primer trimestre de 2020. “Ahora estamos a punto de poder hacerlo” indica Cedeño, mientras que Loreto agrega que “todavía no se han entregado las notas”. 

“Es difícil saber con certeza cuándo vamos a iniciar un nuevo periodo académico”, señala el dirigente estudiantil, quien enfatiza que las razones de esta incertidumbre se deben a la falta de recursos y a “la situación de pobreza a la que ha sometido el régimen venezolano a nuestros profesores, obreros y administrativos, que hace que nuestro recurso humano se plantee abandonar sus labores y vocación porque los sueldos que reciben no les alcanza ni siquiera para comer”.

Asegura que “las condiciones de la educación universitaria en Venezuela son totalmente deplorables: los recortes prolongados en el servicio eléctrico, el servicio de conexión a Internet intermitente, la incapacidad para adquirir los dispositivos necesarios para acceder a Internet o a una plataforma para descargar o utilizar el contenido digital”.

“Es reprochable cómo el régimen nos ha sometido a esas condiciones y ha hecho que la educación sea solo para aquellos que tengan los recursos, Se ha vuelto elitista y causará un gran daño en los años, por venir porque muchos jóvenes no están recibiendo hoy la formación que merecen”, sostiene.

Ante las dificultades para cerrar el trimestre, hubo una oferta limitada de materias a distancia a mediados del año. “Durante seis semanas se dio la posibilidad de inscribir dos asignaturas, lo cual permitió continuar con las carreras académicas, entendiendo que para poder afrontar un nuevo periodo académico se requería el cierre del trimestre enero-marzo”, explica el presidente de la FCE-USB.

Loreto señala que esta opción digital era una experiencia piloto para que en enero del próximo año se establezca un esquema similar, pero hay reservas por los problemas de conectividad presentados.

La USB, expresa Cedeño, ha buscado nuevos escenarios que permitan una solución a lo que se está viviendo, pero la situación es tan precaria que es complicado hallar una solución pronta y factible”. “Los estudiantes estamos dispuestos a contribuir activamente en la solución de cada uno de los problemas que aquejan a nuestra universidad”, afirma.

“Se podría decir que la Universidad de Carabobo está cerrada”

Desde el 16 de marzo, con el llamado a cuarentena, la Universidad de Carabobo (UC) suspendió sus actividades “y en todos estos meses no se ha podido avanzar en nuestra educación”, dice Marlon Díaz, presidente de la Federación de Centros Universitarios de la UC, quien describe que antes de la pandemia, en condiciones normales, no contaba con una educación continua. “La COVID-19 vino a agravar la situación de las universidades”.

“La UC está prácticamente paralizada, aunque el calendario se sigue cumpliendo, pero no se hay actividades académicas ni administrativa, por lo que se podría decir que la universidad está cerrada. Ante no saber qué pasará con la COVID-19 y el mal manejo por parte del ejecutivo nacional y regional de las zonas que engloban la Universidad de Carabobo, como son Cojedes, Aragua y Carabobo, se impide estar al tanto en qué momento se retomarán las actividades presenciales en el país”. afirma Díaz.

Díaz habla de la asistencia presencial por las deficiencias de los servicios básicos y de comunicaciones que limitan la educación a distancia. “Si afectan a las principales ciudades, más a aquellos pueblos donde viven muchos estudiantes y hacen más difícil que acceder a mecanismos como Google Meet, Zoom y hasta WhatsApp”.

“Lamentablemente, la universidad no tiene la capacidad de servidores, equipos audiovisuales ni la tecnología para poder avanzar con un sistema virtual. Además, los profesores tienen un sueldo muy mínimo que no alcanza ni siquiera para comprar un teléfono para comunicarse con sus estudiantes a través de una plataforma o aplicación. Mucho menos para comprar una computadora o para poder pagar una mensualidad acorde para la descarga de datos para poder llevar a cabo este servicio. Costear esto se hace imposible por el déficit presupuestario del que son víctimas las universidades desde hace mucho tiempo, que se ha agravado con la pandemia y que ha hecho que las universidades públicas y experimentales del país no estén viendo clases”, advierte.

Sin embargo, actualmente esta casa de estudios inició un periodo académico especial en cinco de las siete facultades que la componen, a través del cual los semestres y años que quedaron pendientes por culminar antes de la pandemia se podrán terminar. “Pero luego de esto no tenemos mucho más y las facultades de Odontología y Ciencias de la Salud, que son las dos restantes, no cuentan con alternativas debido a que por ser de naturaleza práctica y por la exigencia de cumplir pasantías en centros de salud, no se puede avanzar”, sostiene.

La iniciativa de periodo académico especial surge luego de siete meses de inactividad, razón por la que Díaz considera que no representa un avance, sino una medida para dejar de perder el tiempo que se ha dejado de lado desde marzo. 

“Es injusto para todos los estudiantes venezolanos que mientras otros países la pandemia no ha acabado con la educación, nosotros tengamos siete meses sin producir conocimiento. Esto ha sido bastante preocupante para todos y hemos hecho múltiples propuestas a los consejos universitarios y de facultad, pero no se trata que la universidad no quiera, sino que el ministerio no garantiza los recursos. La situación del país nos arropa a todos y el gremio de profesores, tanto nacional como el de la UC, ha dicho que no se reincorporará ni presencialmente ni a distancia por los bajos sueldos”, puntualiza.

La Universidad del Zulia (LUZ) no es la excepción a la realidad de las instituciones públicas de educación superior. En redes sociales se divulgó la exigencia de “clases ya” hecha por estudiantes del último año de Medicina de esta casa de estudios, a fin de poder terminar su carrera. Afirman que “están en el limbo”.

La otra cara: “Se desarrolló un período con altos niveles de calidad en la UCAB”

Mientras las universidades públicas y autónomas buscan la manera de enseñar a distancia, la realidad de la educación superior en instituciones privadas es diferente. El rector de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), José Virtuoso, en una entrevista en El Ucabista afirmó que, aunque la medida de cuarentena generó un reto de adaptación para los 1.200 profesores que la componen, “no solo no se perdió un semestre, sino que se desarrolló un período con altos niveles de calidad y en el que se aprendió muchísimo”.

“Hemos podido cumplir con las exigencias de los procesos de enseñanza y aprendizaje, tanto en pregrado como en postgrado, en todos los niveles. Abrimos la gran mayoría de nuestras materias y no perdimos clases. Desarrollamos procesos de control, de seguimiento, de capacitación, de ajuste de nuestras plataformas tecnológicas”, agregó.

Virtuoso explicó que “hubo que ajustar los asuntos de conectividad que tan gravemente afectan al país, ayudando a nuestros profesores con las capacidades para ello”. “Gracias a Dios, la UCAB había avanzado bastante en el mejoramiento de sus condiciones de conectividad y de su plataforma tecnológica, lo que nos permitió que funcionaran todos nuestros espacios virtuales. Al final, creo que la principal fortaleza para este semestre (octubre-febrero) es que venimos de una experiencia muy meditada, trabajada, sistematizada”, puntualizó.

El rector señaló que están “totalmente dispuestos a compartir toda la experiencia y conocimientos sobre las mejoras introducidas en el proceso de aprendizaje en el último semestre”. En su web publicaron “el relato pormenorizado de lo que hicimos entre abril y agosto para desarrollar nuestra modalidad de educación en línea”. 

Sin embargo, esta universidad privada, que inició clases en línea el 13 de octubre por segundo periodo consecutivo, cuenta con plataformas digitales que muchas de las casas de estudio públicas no poseen, pero no todos los jóvenes venezolanos pueden costear la matrícula ni el semestre de una institución privada.

La falta de clases, las dificultades para adaptar carreras prácticas a un sistema virtual, la escasez de fondos, la exigencia de aumentos salariales por parte de los profesores para dictar las materias, los problemas de conectividad y servicio eléctrico aquejan a todas las universidades públicas autónomas de Venezuela.

“Como estudiantes nos afecta muchísimo la COVID-19 y nos ha retrasado. Sin embargo, el impacto del coronavirus en las clases en Venezuela se ve profundizado por la poca preparación, herramientas, acompañamiento y pobres políticas públicas que desde el Estado se realizan al sistema educativo en general, no desde ahora sino desde hace muchos años. Esto ha generado consecuencias gravísimas en los estudiantes, no solo en el retraso de su vida académica, sino en la deserción estudiantil por verse obligado a trabajar”, dice Sosa.

Considera que “va a haber un aumento significativo de la deserción estudiantil que podremos medir cuando se reinicien las actividades”.

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