Utilizar la venta de petróleo: una vía para mitigar la crisis humanitaria en Venezuela

Expertos del Atlantic Council analizaron los diferentes mecanismos humanitarios que pudieran implementarse en Venezuela, en función de las lecciones aprendidas del fracasado programa “Petróleo por alimentos” que las Naciones Unidas implementó en Irak en el marco de las sanciones. A partir de esa experiencia, concluyeron que este tipo de planes mientras menos complejos, mejor. De eso depende su vialidad y que no se presten a la corrupción o se utilicen con fines de control social.

Además, en el foro “Explorando los mecanismos humanitarios para Venezuela: Aprendiendo del fracaso del programa de la ONU en Irak” realizado el pasado miércoles, sostuvieron que es importante aprovechar las iniciativas que ya están andando en los países, y que su aspecto técnico y operativo debe caminar en paralelo con el espectro político, sin obviar el contexto de las sanciones.

“El día viernes miembros de la oposición y representantes de Nicolás Maduro se reunirán en México para iniciar una nueva ronda de negociaciones mediadas por Noruega. Mientras se inician estas negociaciones sobre el futuro político y electoral de Venezuela es importante considerar simultáneamente las vías para ampliar y hacer más efectiva la ayuda humanitaria”, afirmó Jason Marczak, director del Centro Adrienne Arsht para Latin America Center del Atlantic Council y moderador del primer panel de discusión.

Aseguró que mitigar eficazmente la crisis humanitaria en Venezuela, “la peor de la historia moderna en este hemisferio, es, por su puesto, una tarea gigante, pero las experiencias históricas como la de Irak nos indican lo que sí y lo que no podría funcionar. Por ejemplo, usar la venta de crudo de Venezuela con fines humanitarios”.

En el segundo panel, que estuvo moderado por Diego Area, director asociado Adrienne Arsht Latin America Center, participaron miembros del Grupo de Trabajo para Venezuela. Ellos son Francisco Monaldi, director de la Iniciativa de América Latina del Instituto Baker e investigador de la Universidad Rice; Patricia Ventura, directora regional de Relaciones Públicas y Gobierno de IPD Latinoamérica, y Tamara Herrera, directora ejecutiva y economista principal de Síntesis Financiera.

“El programa ´Petróleo por alimentos´ de Irak es uno de los casos históricos que pudieran servir de referencia para Venezuela, aplicando lo que funcionó, pero sobre todo evitando repetir lo que no funcionó y el escándalo que generó. Sabemos que los contextos son distintos, el régimen de sanciones es distinto. Sin embargo, cuáles pudieran ser los primeros pasos a nivel político, en el caso de Venezuela, que pudieran abrir camino a que se utilice la venta de petróleo para mitigar la crisis humanitaria”, preguntó Area a Monaldi.

Al respecto, el economista y experto petróleo sostuvo que se necesita, en paralelo con la negociación política que va ocurrir en México, una discusión de cómo avanzar en el tema humanitario en Venezuela. “Un aspecto con un potencial muy importante es la posibilidad de usar los ingresos generados por el petróleo para aliviar esa situación humanitaria. No parece haber apetito político en Estados Unidos, por la percepción de que un esquema que se parezca al iraquí está condenado al fracaso”.

Sin embargo, consideró que es importante avanzar en mecanismos dentro de la estructura existente de sanciones de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés), que permitan buscar alternativas para que el dinero proveniente de algunas exportaciones de Petróleo de Venezuela, hechas por empresas mixtas petroleras con socios internacionales, se pueda colocar en un fideicomiso.

De acuerdo con Monaldi, mediante el fideicomiso se podría financiar algunas iniciativas de ayuda humanitaria que se están estructurando en Venezuela, como el programa Covax de vacunas, y el Programa Mundial de Alimentación. “Hay una serie de ONGs trabajando en otras iniciativas que creemos que se podrían financiar de esta forma”, dijo.

Dentro de este panorama, sostuvo que “el sector petrolero venezolano es absolutamente esencial para la reconstrucción de Venezuela y lo que ha venido ocurriendo es que se ha estado contrayendo muy rápidamente y se están yendo las empresas internacionales. Se acaban de ir Equinor y Total del proyecto más grande de Pdvsa y eso va dificultar el futuro del sector”.

De allí que indicara que es central viabilizar los proyectos de ayuda humanitaria, “pero de una manera que Estados Unidos y la comunidad internacional puedan garantizar que los proventos de exportación de esos proyectos lleven a beneficiar a los venezolanos”. Agregó que podría ser una solución buscar iniciativas concretas para que dentro del mecanismo existente de licencias se puedan empezar a redirigir estos recursos.

Al ser consultado sobre el plan “Petróleo para Venezuela” propuesto por el economista Francisco Rodríguez en 2019, Monaldi destacó los pros y contras. “La virtud del esquema es que identifica tanto los problemas que tenía el esquema iraquí, como los incentivos que deben tener los diversos actores involucrados. La dificultad es que es un esquema bastante complejo. Parecido un poco, con los intentos de solucionarlo, al esquema iraquí”.

Opinó que en el ambiente político actual es más difícil vender un esquema de ese tipo y “por eso hemos pensado que es más posible políticamente empezar desde abajo, con iniciativas que ya están andando e ir construyendo confianza”.   

Lo que propone el Grupo de Boston

Otro mecanismo sobre el cual se está trabajando fue expuesto por Patricia Ventura. Se trata de la propuesta de financiamiento de ayuda humanitaria, a partir de la venta de petróleo, realizada por el Grupo de Boston. “La propuesta plantea la exportación de un cargo mensual correspondiente a una empresa mixta o dos empresas mixtas bajo un acuerdo previo del socio minoritario. La venta de ese cargamento se depositaría, con todo el 50% que se reserva el Estado venezolano, en un fideicomiso. Este dinero que se deposita sería con el cual se financiaría toda la compra de ayuda humanitaria”.

Contó que en el Grupo de Boston sugieren que ese fideicomiso sea manejado por las Naciones Unidas o por alguna agencia, al tiempo que proponen la creación de un consejo de expertos que aconsejaría el proyecto, pero no incluiría a ningún actor político.

“Solamente hay un emplazamiento muy general para que los dos grandes bloques apoyen el proyecto. Y aquí es cuando tenemos que entender que este tipo de proyecto sin el consenso político es muy difícil llevarlo a cabo. Cuando hablamos de ambas partes no solamente hablamos de lo obvio, que es la administración (Juan) Guaidó y la administración Maduro, sino todo el espectro político”, afirmó.

A la pregunta de Area sobre cómo operar este tipo de programas en el marco de las sanciones, Ventura respondió que hay que enfocarse en las oportunidades. “Es muy obvio la necesidad de buscar una solución rápida a la crisis actual, a la población desprotegida en Venezuela, pero a la vez hay que entender que este esquema pudiese ofrecer oportunidades y una es justamente la transparencia”.

Para ilustrar su planteamiento anterior, se refirió a las exportaciones petroleras de Venezuela y cómo son “totalmente opacas”. Dijo que en julio tan solo en el Puerto de Jose se exportaron 300.200 barriles por día y casi 91% de ese volumen se lo llevó empresas que no se conocen, que están recién creadas.

“Si tienes un esquema en el cual está identificado quién es el comprador, se está ganado allí transparencia, la exportación venezolana se está poniendo auditable. También tienes el tema del transporte, del destino. Todos los tanqueros que se llevan crudo de Venezuela viajan con el sistema satelital apagado, con nombres falso. Estos esquemas dan una respuesta clara de hacia dónde va ese crudo y quién lo lleva. Una vez que se hacen las exportaciones más transparentes, más auditables, se logra comenzar a rellenar el camino para la institucionalidad. Pdvsa es una empresa que no presenta estados financieros desde el año 2016”, afirmó. 

Hay que sacar del petróleo es el dinero

Tamara Herrera abordó los tres retos fundamentales del mecanismo de ayuda humanitaria. Uno es el desafío político de llegar a un acuerdo sobre la necesidad de un programa. El otro es el tiempo, el cual apremia y que, a su juicio, no puede esperar por soluciones políticas completas ni terminadas ni inmediatas. “La emergencia humanitaria es inmensa, es compleja y aumenta”.

“La otra cosa que ha surgido del intercambio de este grupo de trabajo del Atlantic Council es el tamaño de los programas. Todos estamos de acuerdo, y más con la experiencia iraquí, en no ir a lo grande, ir a lo pequeño en el diseño, en la ejecución, en la supervisión, en el involucramiento de múltiples actores, donde hay una representación de las partes política y de la sociedad civil en las distintas instancias de los mecanismos”, expresó.

Para el financiamiento, no duda que “hay que sacar del petróleo el dinero”. Coincide con Ventura en que el volumen presentado por el Grupo de Boston es muy bajo. Sin embargo, destaca una ventaja: “Hay un tránsito expedito a Estados Unidos, se puede colocar en muchas mejores condiciones de las que se coloca en Asia y eso puede, efectivamente, dar la cantidad que podría estar por el orden de los 2 millones o 3 millones según lo que se acuerde”.

Lecciones aprendidas del programa para Irak

El primer panel se centró en el programa de las Naciones Unidas para Irak, «Petróleo por alimentos», de 1996, y se abordaron aspectos que podrían ser útiles para Venezuela, como las lecciones aprendidas.

“Cualquier marco humanitario en un país políticamente tenso y económicamente devastado como Venezuela tiene que tener mecanismos que aseguren la transparencia y la rendición de cuentas, incluyendo el financiamiento, la gestión de ingresos, el papel de los productores y operadores de petróleo. Pero esto no puede tener lugar sin un acuerdo político entre la oposición venezolana y Maduro en el marco de las sanciones de Estados Unidos”, advirtió Jason Marczak.

Recordó que dos años después de concluir programa «Petróleo por alimentos» en Irak un comité de investigación independiente de las Naciones Unidos y la CIA descubrieron que la ONU permitió a Sadam Husein “llenarse los bolsillos con más de 12 millones de dólares”.

En función de ello, preguntó a Christopher Hill, quien fue embajador de Estados Unidos en Irak, que podía decir sobre ese programa y los posibles marcos humanitarios en Venezuela. “Cuando pienso en el programa ´Petróleo por alimentos´ y recuerdo los elementos del mismo, lo que pienso es su nivel de complejidad. No iba a ser nunca fácil crear un programa de esta índole”.

El también profesor de la Universidad de Columbia expuso las razones. Primero, durante el régimen de Sadam Hussein las instituciones habían sido destruidas; sin embargo, “había que depender de ellas”. Segundo, el gobernante iraquí “era sumamente cínico” y buscaba aprovechar cualquier oportunidad para socavar el programa, por lo que “no es de extrañar que fracasara”. Y tercero, se generó una nueva élite económica que se enriqueció con el programa y que colaboraba con funcionarios de ONU, lo que dañó la reputación de dicha organización.

Esto le permite concluir que la lección aprendida es que “los mejores programas son los más sencillo, son los que tienen vínculos directos con las personas beneficiarias de la ayuda”.

Abbas Kadhim, director de la Iniciativa Iraquí del Atlantic Council, indicó que el programa se puso en marcha después de las sanciones contra Sadam Hussein y que dio “lugar a una corrupción internacional por encima de la nacional que ya existía”. Aseguró que la mitad de las más de 4.500 empresas que participaron, según una auditoría, incurrieron en recargos, sobornos y, además, se descubrió corrupción en todo el sistema de la ONU, hasta familiares.

“Muchos se beneficiaron del mecanismo. Hussein utilizo el sistema para castigar a la oposición y comprar la lealtad de quienes lo apoyaban con medicamentos y alimentos. Al final, dio lugar a un mayor sufrimiento. Durante ese tiempo el pueblo sufrió, el dictador se enriqueció. Además, echó la culpa de sus errores y fallas a la comunidad internacional. Esto ha sido una lección en cuanto a lo que no se debe hacer”, puntualizó.

Hagar Hajjar Chemali, asesora política en la Oficina de Financiamiento de Terrorismo y Crímenes Financieros, afirmó que desde el comienzo vieron muchos problemas con el programa para Irak. “En el mundo de las sanciones pocas veces se ha considerado este programa como un modelo, no solo porque tuvo tantos problemas, sino porque si hace falta un programa de este tipo significa que el gobierno objeto de las sanciones no trata bien a su pueblo, probablemente tenga altos niveles de corrupción y seguramente está participando en una serie de actividades delictivas”.

Dijo que desde el 11 de septiembre Estados Unidos ha evitado las sanciones totales porque en el único caso que funcionó fue en Sudáfrica con el apartheid, “pero en general los daños colaterales son excesivos y por eso no se hacen”. Aclaró que en el caso de Venezuela las sanciones no son a nivel de país, sino que se focalizan en tres áreas: contra los líderes del régimen; contra la corrupción, es decir, contra aquellos que se estaban beneficiando de manera ilícita, por ejemplo, del petróleo y para eliminar la represión contra el pueblo y mejorar la situación humanitaria.

“Son medidas financieras focalizadas, diseñadas para infligir algún tipo de daño específico a individuos, entidades, instituciones y compañías y no a toda Venezuela (…) Ahora, cómo va a funcionar un programa humanitario si el gobierno no quiere ayudar a su pueblo. (Joe) Biden está haciendo revisiones para que la política de sanciones sea más refinada y no provoque más sufrimiento”, apuntó.

Foto: AFP

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