Venezolanos intentan vencer la COVID-19 entre poca producción de oxígeno y sobreprecio de fármacos

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El aumento de casos de COVID-19 en Venezuela ha intensificado la búsqueda de medicamentos y equipos médicos asociados a la atención de la enfermedad que, de ser detectada a tiempo, podría ser supervisada a distancia desde el hogar con tratamientos sencillos, pero si el paciente presenta complicaciones como la neumonía podría provocar su muerte.


Katiuska Romero, quien, actualmente es una de las tantas venezolanas que busca con urgencia ventilación artificial para paciente COVID, narró parte de la odisea que ha tenido que vivir para mantener con vida a su familiar. “Cuando nos enteramos que mi tía necesitaba concentrador de oxígeno, empezamos a pedirlo por las redes sociales. Comenzamos a buscar como a las nueve de la mañana y lo logramos conseguir como a las cinco de la tarde. Dos días después nos dijeron que necesitábamos una bombona, la empezamos a buscar como a las ocho de la mañana y la conseguimos como a las cuatro de la tarde”.

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Contó que llamó a muchos de los lugares que son señalados por los venezolanos para el expendio o alquiler de este tipo de insumos; sin embargo, la respuesta la consiguió por “WhatsApp porque la mayoría de las veces no atienden las llamadas”. “Ya venía Semana Santa y a muchos les llegó una regulación del gobierno que decía que no los iban a dejar trabajar ni jueves ni viernes. Por ejemplo, esto pasó con un establecimiento en Bello Monte. Todo estaba super colapsado”, indicó.


Sobre el colapso y la dificultad para adquirir bombonas o concentradores de oxígeno, el presidente de la Asociación Venezolana de Equipos Médicos, Antonio Orlando, señaló: “No hay suficiente producción de oxígeno medicinal en el país. Había una planta que tenía AGA de Venezuela, pero fue cerrada. Si no me equivoco, quedan dos o tres plantas que están produciendo oxígeno medicinal: una en Maracaibo, otra en Maracay y la otra no tengo claro si está en Valencia”.


Orlando explicó la diferencia del oxígeno medicinal con el industrial. “Supuestamente, Pdvsa está entregando oxígeno, pero ese es industrial. El utilizado para hacer soldaduras u oxicortes no tiene las mismas características del oxígeno medicinal, que es pureza y concentración de oxígeno. Partiendo del problema de que no hay mucha producción de oxígeno, pasamos al otro problema que es a nivel de clínicas, las cuales tienen una capacidad limitada de cupos que pueden abrir a pacientes que requieren hospitalización porque necesitan este recurso”.

No obstante, ante la gran demanda de oxígeno María Alejandra Baena, quien recientemente también tuvo que afrontar los vaivenes de la enfermedad con su abuela, contó que en Mariche, estado Miranda, hay una cooperativa que intercambia cilindros de oxicor por medicinal. “Nosotros necesitamos más de una bombona y cuando la quisimos alquilar, el costo era demasiado alto. Así que un vecino nos prestó una bombona de oxicor y con esa fue que pudimos ir al sitio para recargar y hacer el canje de una bombona normal por una de oxígeno”.


La demanda no solo ha aumentado en cuanto a bombonas de oxígeno, también en medicamentos asociados al tratamiento y cura de la enfermedad. Sobre este particular, Tito López, presidente de la Cámara de la Industria Farmacéutica (Cifar), destacó que en el caso de remdesivir, esta medicina no se produce en el país.


“Este fármaco en su mayoría viene de la India y es importado por casas de representación farmacéutica. Sin embargo, actualmente existe muy poca existencia por el aumento de los casos de COVID, sobre todo en los pacientes que están en terapia intensiva. Pero entiendo que vienen lotes grandes en camino y se deben estar nacionalizando en los próximos días. Inclusive, existen cadenas de farmacias que comercializan el producto, en especial Badan”, señaló López.

Tratamientos sumamente costosos


Tanto López como Orlando, así como Katiuska Romero y María Alejandra Baena, denuncian sobreprecio en la venta de los productos asociados a la enfermedad. El mercado negro ha fijado tasas muy altas para el bolsillo del venezolano de a pie. “Conseguir bombonas de oxígeno es sumamente costoso. Nosotros lo hacíamos en un sitio en Mariche y el alquiler sobrepasaba los 150 dólares, funcionaba como una especie de cooperativa. Hacías un depósito y cuando la devuelves te reembolsan un porcentaje. En nuestro caso, hicimos un depósito de 160 dólares y a la hora de devolver el cilindro nos devolvían 120 dólares”, contó Baena.

Sobre los medicamentos que requirió su abuela para superar la enfermedad, dijo: “Los tratamientos también son sumamente costosos, mi abuela se tuvo que tratar con dos antibióticos y dos esteroides. Los medicamentos los pudimos pagar, considerando los costos en este país. Lo que sí es sumamente difícil de conseguir y comprar son los anticoagulantes. En la primera farmacia que los conseguí, los vendían en 80 millones. Seguí buscando y en otras cadenas de farmacias, la misma inyección, la conseguí entre 22 y 27 millones. También hay que analizar la disponibilidad y urgencia”.


Por su parte, Romero consiguió bombonas de oxígeno que variaban de precio entre 250 dólares y 470 dólares. “De lo que conseguí, uno cobraba 470 dólares por el alquiler de 10 días, otro me cobraba 350 dólares sin límite de días y me devolvían 150 al devolver el cilindro. También conseguí una bombona a la venta por 250 dólares, pero estaba vacía, cada recarga puede costar 25, 30 y 40 dólares. Tampoco vale la pena alquilar una bombona vacía para ir a pasar la odisea de irlo a llenar en un sitio que ni conoces, porque los llenaderos están full con la demanda y no tienen oxígeno”.


Sobre esto Orlando explicó que la demanda, en los últimos meses, no solo ha aumentado hasta cinco veces más, en comparación al año pasado, sino el país no está preparado para responder a ella. “La capacidad de equipos para alquiler se acabó, así que estamos importando equipos para la venta. Un concentrador de cinco litros por minuto está alrededor de los 1.500 dólares y otro de 10 litros por minuto puede costar entre 3.500 o 3.600 dólares a la venta. Por supuesto, en el mercado los precios se elevan, pero estos son los precios normales”.


Indicó que la otra opción es la de oxígeno a través de bombonas, pero esto está limitado por la poca cantidad que hay disponibles. “Además, las plantas que le suministran oxígeno a las clínicas son las mismas que rellenan las bombonas, por supuesto, limitada a la capacidad de producción de oxígeno medicinal. Los concentradores de cinco litros se podrían encontrar para alquiler en unos 200 dólares por semana”.

En cuanto a los medicamentos, López calificó de “inescrupulosas” a esas personas que incurren en la usura al vender estos tratamientos en el mercado negro. “Esto va a depender de la gravedad del paciente. Puede ser muy económico si se ataca de inmediato, pero para los casos graves es prácticamente impagable. Especulan con algunos medicamentos en especial remdesivir, tamzilusoma y enoxaparina sódica. Me refiero a los que venden por páginas web. En las farmacias serias los precios son más ajustados a la realidad”.


“Es lamentable que algunos inescrupulosos se aprovechen de la situación, pero mañana le puede tocar a un familiar cercano y pueden padecer el costo de los medicamentos. El remdesivir se cotizó hasta 600 dólares y tanzilusoma hasta en 800 dólares. Conozco casos de hasta 12 mil dólares en los tratamientos y hospitalizaciones”, añadió López.

Equipos requeridos según la gravedad


El presidente de la Asociación Venezolana de Equipos Médicos también explicó la diferencia de los equipos requeridos para afrontar la enfermedad y en qué fase de la misma deben ser usados.
“El aire que respiramos normalmente tiene una concentración de oxígeno de 21%, teniendo los pulmones sanos, cuando la COVID entra al organismo, ataca el corriente sanguíneo y comienza a generar trombos en los pulmones. La saturación de oxígeno en la sangre ideal es entre 94% y 98%, cuando bajas de 90% no estás grave, pero es necesaria la observación. Entonces, lo que hacen los médicos es que te administran un tratamiento y sugieren adquirir una bombona, que tiene entre 93% y 94% de oxigenación”, dijo.


Explicó que cuando la saturación está por debajo de 90% se necesita una concentración de oxígeno más alta. “El concentrador de oxígeno toma el aire que uno respira, le extrae los gases y lo concentra a 93%. Ahí aún podemos respirar, pero ya es un poco más forzado. Si al administrar diez litros por minuto no puedes respirar, hay que ir al hospital”.


Orlando dijo que en la penúltima fase el paciente es asistido por una cánula nasal de alto flujo, “que administra entre 30 a 60 litros oxígeno por minuto, para mantener los pulmomes expandidos y haya intercambio de oxígeno, inclusive ayuda a eliminar esos trombos”. “Si esto no es suficiente pasamos a ventilación, el paciente se somete a coma inducido para ayudarlo con un respirador artificial”, agregó.


Sobre la realidad del suministro de oxígeno, Orlando explicó que lo que están haciendo las clínicas y los médicos para evitar la saturación de camas, es que los pacientes con COVID que tengan una saturación de oxígeno entre 80% y 90%, los diagnostican, les mandan el tratamiento y los envían a sus casas la casa con concentrador de cinco o diez litros de oxígeno por minuto, para que puedan mantener la saturación por encima de 90%”.


Para López esta crisis solo pasará con la aplicación de un proceso de vacunación y la concientización de la población venezolana. “La solución está en manos del Estado si se realiza un plan agresivo de vacunación. La industria farmacéutica privada ha firmado una carta de intención con empresas que pueden enviar vacunas al país con autorización del gobierno central, pero también es cierto que el ciudadano debe colaborar en cuanto a los protocolos de bioseguridad”.


Mientras, Baena agradeció la solidaridad que recibió: “Conté con la buena suerte de verle el rostro a la solidaridad en el país. Me donaron 16 inyecciones de anticoagulantes que me permitieron aplicarle el tratamiento a mi abuela por cuatro días. Ese medicamento se lo mandaron hasta que terminara su cuadro COVID, porque es una persona mayor de 81 años de edad que ya de por sí tenía problemas circulatorios y había que prevenir algún trombo”.

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Keissy Bracho
Keissy Bracho
Licenciada en Comunicación Social, mención Periodismo Audiovisual Especializada en Comunicación Política, Opinión Pública, Marketing Político, Gestión de Políticas Públicas. Aprendiendo de Género

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