“Aranceles secundarios” y revocatoria de licencias impulsarán a Venezuela a comercializar su crudo por canales opacos

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A los expertos no les queda duda que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está “reeditando, pero peor” la política de máxima presión que aplicó contra Venezuela y su petróleo a partir de 2019 durante su primer mandato, al imponer aranceles de 25% a los países que compren crudo y gas venezolanos y su intención de revocar las licencias petroleras, aunque haya prorrogado el cese de operaciones de Chevron hasta el 27 de mayo.

Además, advierten que, con estas recientes medidas, que fueron anunciadas el 24 de marzo con apenas unas horas de diferencia, está tomando forma un enfoque de “Estados Unidos primero” (America first) hacia Venezuela, al inventar una nueva herramienta comercial, que son los llamados “aranceles secundarios”.

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También están convencidos que estas medidas lo que harán es impulsar al gobierno de Nicolás Maduro a comercializar nuevamente el petróleo por canales opacos, sin transparencia y con grandes descuentos para China.

Elías Ferrer, fundador de Orinoco Research, analiza las posibles vinculaciones entre ambas decisiones de Trump. Sobre la extensión del cierre de operaciones de Chevron en Venezuela del 3 abril al 27 mayo, explicó a CanelaNews que, primero, hay un tema técnico y es que Chevron no tenía la posibilidad de parar todas sus operaciones en 30 días.

“Necesitaba esos tres meses y esos tres meses nos dicen que hay mucho más tiempo para negociar una nueva licencia o algún otro tipo de acuerdo para permitir a Chevron que pueda seguir trabajando en Venezuela. Y, de hecho, eso podría tener que ver con los aranceles secundarios: abre esa ventana para negociar”, agregó.

Detalló que esos aranceles no son sobre el crudo venezolano que se exporta, sino que es “a toda la economía de un país que importe petróleo venezolano. Estados Unidos no tiene ese arancel. Creo que lo que quieren decir allí es que Chevron y otras empresas estadounidenses tendrán la oportunidad de producir petróleo venezolano y exportarlo a su propio país. Entre líneas es un mensaje muy claro que Trump está diciendo: ‘Aquí el único que puede comprar petróleo venezolano soy yo, es Estados Unidos”.

Dolores Dobarro, exviceministra de Energía y Minas, abogada y asesora en materia de energía, es de la opinión que la política actual del gobierno estadounidense implica más bien un regreso a la máxima presión y sanciones tácitas al petróleo venezolano. “Me atrevería a decir que se vislumbra incluso más fuertes que las de su gobierno anterior, al menos al día de hoy”.

Explicó que “el comportamiento del presidente Trump ha seguido hasta ahora un patrón un poco elástico, donde crea situaciones radicales para luego abrir puertas a negociaciones. No sé si este será el caso para Venezuela. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha sido muy fuerte en sus expresiones al respecto, lo cual pereciera ser una indicación de que no habrá mucho margen para una rectificación”.

En su cuenta de X, Francisco Rodríguez, economista y profesor de la Escuela Korbel de Estudios Internacionales de la Universidad de Denver, responde por qué Trump tomó tal decisión. “Al pareces es reflejo de un proceso disfuncional: sectores como el de Rubio buscan volver a la ‘máxima presión’, otros quieren reemplazar sanciones con aranceles. El resultado es un híbrido confuso, sin coherencia legal ni estratégica”.

Para Luis Oliveros, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Metropolitana, Trump, “sin lugar a dudas, está reeditando la política de máxima presión. Darle tanto poder al secretario de Estado, Marco Rubio, es propiciar esa estrategia de máxima presión que no le hizo ningún bien a Venezuela y que no generó nada positivo ni para Estados Unidos ni para Venezuela”.

De hecho, la consecuencia inmediata de ambas decisiones no se alineó con la política de Trump de lograr una reducción significativa en los precios del petróleo. Las preocupaciones surgidas tras la amenaza de aranceles secundarios y la caída de los inventarios de crudo estadounidense en 3,3 millones de barriles a 433,6 millones de barriles impulsaron un incremento en los precios de petróleo el pasado miércoles.

El crudo Brent subió 88 centavos, o 1,21%, pasando a 73,90 dólares el barril, su nivel más alto desde el 27 de febrero. Por su parte, el crudo West Texas Intermediate (WTI) de Estados Unidos aumentó 94 centavos, o 1,36%, a 69,94 dólares el barril. Y la volatilidad del mercado sigue latente.

Aranceles de 25%: ¿Un plan sancionatorio bien orquestado o con poco sentido?

¿Por qué Dolores Dobarro y Luis Oliveros hacen tanto énfasis en el papel que desempeña Marco Rubio en la imposición de los aranceles secundarios contra Venezuela? Porque la orden ejecutiva firmada por Trump el pasado lunes lo faculta, en su condición de secretario de Estado, a aplicar con total discrecionalidad la medida, la cual justificó el mandatario estadounidense por la alta migración desde Venezuela y la “hostilidad” del gobierno de Maduro hacia los intereses de Estados Unidos.

Al respecto, Francisco Rodríguez asegura que esta medida “tiene poco sentido. Es una política profundamente problemática, sin base legal ni lógica… Trump habla de aranceles secundarios, pero ese término no existe ni en la ley comercial de Estados Unidos, ni en la práctica internacional. En la literatura, suele referirse a aranceles retaliatorios en guerras comerciales, no a castigos por comerciar con terceros”.

A su criterio, la medida parece un intento de sustituir las sanciones secundarias con aranceles. “Pero hay un problema clave: las sanciones de Estados Unidos van dirigidas a empresas específicas, no a países enteros. Los aranceles no funcionan igual”.

Afirma que ahora se le amenaza a Venezuela con sanciones si vende petróleo y gas a otros países. “Mientras las licencias actuales sigan vigentes la política incentiva vender más petróleo a Estados Unidos, no menos”.

En su artículo Trump’s Threat of ‘Secondary Tariffs’ Invents New Trade Tool, publicado en Bloomberg, el periodista Daniel Flatley, asevera que las tarifas secundarias son un novedoso enfoque que “se suma a una lista cada vez mayor de herramientas que Trump ha estado ansioso por implementar como parte de un esfuerzo por utilizar la influencia económica de Estados Unidos como palanca para lograr sus objetivos de política exterior e interna”.

Además, cita unas declaraciones de Francisco Monaldi, economista y director del Programa Latinoamericano de Energía del Instituto Baker de Políticas Públicas en la Universidad de Rice en Estados Unidos, según las cuales los aranceles secundarios son “un nuevo concepto en la guerra económica… ¿Cómo se puede hacer cumplir? No está claro, por supuesto».

En tanto, Geoff Ramsey, investigador principal de Adrienne Arsht Latin America Center, considera que estos aranceles son un punto clave en cómo sería un enfoque de “Estados Unidos primero” hacia Venezuela.

“Como ocurre con cualquier anuncio arancelario reciente de Trump, el problema está en los detalles”, señala Remsey en su artículo An ‘America first’ approach to Venezuela is taking shape; y recuerda que el gobierno de Maduro actualmente exporta petróleo y gas tanto a rivales de Estados Unidos, como China y Rusia, como a aliados, entre ellos la India, España, Francia y varias pequeñas naciones caribeñas. ´

Ante ello, Ramsey se pregunta si Trump está interesado en imponer un arancel adicional de 25% a los productos chinos vendidos en Estados Unidos, además de los aranceles actuales de 20%. “¿Está dispuesto a imponer aranceles a los aliados de Estados Unidos? ¿Y alguno de estos países está dispuesto a arriesgarse a aplicar esos aranceles para seguir recibiendo petróleo crudo y gas venezolanos? Todo esto sigue sin estar claro”.

Lo que está claro, a su juicio, es que, al mismo tiempo que Trump busca excluir a las empresas extranjeras, está preservando espacio para que las empresas estadounidenses operen en el sector petrolero de Venezuela.

Apenas unas horas después de que anunciara el plan arancelario, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos informó que había extendido el período de “liquidación” que previamente había dado a Chevron para retirarse de Venezuela. En lugar de la fecha límite original del 3 de abril, la petrolera estadounidense tiene ahora hasta el 27 de mayo para finalizar sus operaciones.

Ramsey advierte que el hecho de que la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) haya ampliado la licencia a la petrolera estadounidense, “sugiere que esta liquidación podría evolucionar hacia un acuerdo más permanente. Hasta ahora, esta licencia solo ha permitido actividades restringidas y se mantienen en vigor otras licencias que permiten operar a empresas europeas y de otro tipo”.

Empujando a Venezuela hacia los rivales de Estados Unidos

Geoff Ramsey es de la opinión que en lo que se refiere a los aliados y socios de Estados Unidos, como España, Francia, Italia y la India, “probablemente no haya necesidad de que la administración intensifique la situación imponiendo aranceles. En cambio, la OFAC podría simplemente poner fin a licencias específicas y cartas de comodidad, que brindan orientación específica que permite operar a ciertas empresas”.

Esto, según el experto, traería consecuencias: “Podría agravar aún más el problema, al crear una oportunidad para que los rivales estadounidenses retrocedan y ejerzan su influencia, especialmente si las empresas energéticas estadounidenses también reciben instrucciones de retirarse de Venezuela. Si eso sucede, se espera un aumento de la influencia china, rusa e iraní sobre Caracas”.

Recordó que China ha dejado claro que Venezuela es un “socio estratégico” y “no se inmuta ante la amenaza de aranceles”. En lugar de señalar su cumplimiento de la nueva orden ejecutiva, el Ministerio de Relaciones Exteriores de la nación asiática emitió una declaración rechazando la injerencia estadounidense en Venezuela y afirmando que los aranceles sólo perjudicarían a los consumidores estadounidenses.

“Se espera que el petróleo venezolano continúe fluyendo hacia el mercado chino, incluso a pesar de la actual desaceleración causada por el clima incierto”, señala Ramsey.

De acuerdo con Daniel Flatley, Trump pareciera estar inventando una combinación de aranceles y lo que se conoce como sanciones secundarias, que son “los castigos financieros” que se pueden imponer a otros países o personas por hacer negocios con entidades sancionadas. Y agrega que los objetivos de sus aranceles secundarios podrían variar ampliamente, dado que el petróleo venezolano va a Estados Unidos, España, la India y el mercado negro.

Resalta que los primeros tres países están cubiertos por licencias de Chevron Corp., Repsol SA y Reliance Industries Ltd. El mercado negro, en cambio, está dominado por China, país que “es el principal actor al que se dirige esto porque es esencialmente el mercado negro del petróleo venezolano. No tendrían que aplicar aranceles secundarios si no fuera por China «, recalcó Francisco Monaldi.

Dolores Dobarro, no obstante, tiene otra posición. Sostiene que, de concretarse los aranceles secundarios, se cierra la posibilidad de venta de los hidrocarburos venezolanos a “mercados alternos”.

“Desconozco cuál va a ser la estrategia que aplicará Pdvsa para la venta de su crudo… Las medidas de imposición de aranceles o este tipo de medidas, que los norteamericanos llaman ‘secundarias o indirectas’, ha sido una sorpresa y cierra, en principio, la posibilidad de muchas ventas fuera del mercado de Estados Unidos. Las refinerías de China que solían comprar nuestro crudo acaban de manifestar que van a ser prudentes y estudiar la medida de posibilidad de aranceles a imponerse y cuáles son sus riesgos por lo que se espera al menos se pospongan algunas transacciones”.

Pero, para Luis Oliveros, el gobierno venezolano “tiene sus herramientas. No va a ser fácil, le va a generar inconvenientes, pero también hay un know how con respecto al tema de sanciones y no es la primera vez que está sancionado. Esto lo va a llevar a tomar medidas con salidas más opacas, con menos transparencia. Bueno, es un tema de que se está defendiendo. Va a empezar a utilizar otra vez las criptomonedas, pago en efectivo…”.

Mientras que Francisco Rodríguez señala que Estados Unidos no tiene cómo controlar las ventas de crudo venezolano. “Gran parte se mueve por transferencias de barco a barco. Washington no tiene acceso a los datos aduaneros de China ni de muchos otros países. La ejecución es esencialmente imposible”.

Por eso, sostiene que si bien la política de Trump asume que los gobiernos pueden prohibir legalmente a sus empresas comprar petróleo venezolano, “eso no pasará. Para que la amenaza funcione globalmente, habría que lograr que más de 200 países legislen por presión de Estados Unidos. Es inviable”.

Aun así, considera que las amenazas podrían tener un efecto: “Si los países temen sanciones arbitrarias, podrían reducir su comercio con Estados Unidos para evitar riesgos. Incluso, si sus empresas no han hecho nada ilegal, el temor basta para alterar sus decisiones”.

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