Supo ser una humilde, pero prospera, actividad que acompaño el crecimiento fabril de la zona sur de Buenos Aires. No hubo obrero que en los años 60 y 70 no haya utilizado el servicio, como transporte ideal, para llegar a su lugar de trabajo, el bajo costo y su dinámica, históricamente, inclinaron la balanza a su favor.
Hoy, a 50 años de su época dorada, los esqueletos de la industria miran desde arriba al oficio que se niega a desaparecer; ya no hay gran numero de clientes y los trabajadores se extinguieron con la debacle de la industria nacional, pero los boteros resisten remando, contra la corriente y contra un sistema que ya no los contempla.
A una orilla la Capital Federal, el famoso barrio de La Boca a cinco minutos de bote la orilla de Isla Maciel, tal vez el barrio mas peligroso de la provincia pero histórico por sus prostíbulos y whiskerias que supieron albergar a personalidades del deporte y el espectáculo, en su glamoroso pasado.
Los margenes de la Capital y La Provincia pueden conectarse por uno de los sistema de transporte mas antiguo que se conoce, 5 pesos argentinos (30 centavos de Dolar) le ponen precio al esfuerzo y a las ganas de Carlos Ariel que dice sentirse un privilegiado de sostener el oficio de botero, «aunque sea para llevar a mis nietos al colegio. lo voy a seguir haciendo, ya podría estar jubilado pero hoy sigo arriba del bote al menos para hacer deporte», la soledad y la falta de trabajo lo hace pensar en sus 40 años arriba se su embarcación «en la mejor época había 6 o 7 botes, empezábamos a las 7 de la mañana y a las 10 de la noche seguíamos trabajando, hoy podemos llevar a 10 personas por día, ya no es rentable, pero no lo puedo abandonar».
El Riachuelo por el que cruzan llego a rankear como el mas contaminado del mundo, promesas, intentos de saneamientos y millones de pesos invertidos alimentaron el sueño de los boteros de recuperar el río perdido, sin embargo, Carlos ya no se deja engañar «acá se robaron la plata y nunca lo van a limpiar, es una lastima que pase esto con esta cuenca» aunque reservo lugar para asumir responsabilidades «todos somos culpables de la contaminación nunca lo cuidamos, nunca supimos el daño que se le hacia a nuestro lugar de trabajo».
Las Fabricas bajaron las persianas, los obreros fueron emigrando, la contaminación le gano al rio pero, de la mano de Carlos Ariel los remos siguen dando pelea.



