Distintas organizaciones en el mundo comienzan a develar estudios y seguimiento a las cifras que arrojan los países afectados por el coronavirus COVID-19.
Según la organización periodística ProPublica, en las últimas semanas ciudades como Boston, Detroit, Nueva York, Seattle y otras áreas metropolitanas de Estados Unidos han registrado muchos más fallecimientos de lo habitual
Son cifras que se actualizan periódicamente gracias al trabajo del Centro de Recursos sobre el Coronavirus de la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos, que utiliza para ello los datos hechos públicos por numerosas fuentes oficiales.
Es información útil y valiosa, pues al igual que la transmitida en ruedas de prensa cotidianas por funcionarios de todo el mundo, ayuda a darse una idea del rápido avance de la pandemia.
Pero como autoridades y expertos han reconocido en numerosas ocasiones, la misma nada más muestra la punta del iceberg: el coronavirus avanza a una velocidad que supera tanto las capacidades de diagnóstico como a los sistemas de registro, los que además no necesariamente están contando a todas las víctimas.
El problema ya había sido admitido, en circunstancias muy dolorosas, por el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, y el país sudamericano ahora incluye en sus estadísticas oficiales la categoría «fallecidos probables por COVID-19» para dar cuenta de los fallecidos sin diagnóstico confirmado.
Y también volvió a ponerse de manifiesto en los últimos días, con Reino Unido sumándose a la lista de países señalados por no estar incluyendo en su conteo diario a numerosos ancianos muertos por fuera del sistema hospitalario, Nueva York actualizando sus estadísticas para incluir posibles víctimas a las que nunca se les practicó la prueba del coronavirus y hasta Wuhan revisando sus datos.
De hecho, el problema de la calidad -y credibilidad- de las cifras sobre la pandemia se metió incluso en la polémica por la suspensión de las contribuciones estadounidenses a la Organización Mundial de la Salud, pues fue uno de los argumentos esgrimidos por el presidente Donald Trump para justificarla.
