Las formas de hacer negocios en los tiempos que corren deben ser innovadoras, pero sobre todo efectivas para poder afrontar lo que ha ido dejando a su paso la pandemia. El efecto sobre las empresas, en la mayoría de los casos, ha sido severo. Y los clústeres, aunque no se trata de una iniciativa reciente, representan una oportunidad de impulso y desarrollo para algunas en medio de esta crisis.
El concepto de clúster data de 1990. Fue en ese año cuando el economista Michel Porter lo popularizó en su libro The Competitive Advantage of Nations. Él lo definió como un grupo geográficamente próximo de compañías interconectadas e instituciones asociadas, en un campo particular, vinculadas por características comunes y complementarias, incluyendo empresas de productos finales o servicios, proveedores, instituciones financieras e industrias conexas.
A partir de esa definición se desprende que uno de los aspectos importantes de este tipo de interacción empresarial es que brinda la posibilidad a todos los involucrados de llevar a cabo una acción conjunta en la búsqueda de la eficiencia colectiva.
Para llevarlo al plano práctico, Silicon Valley es probablemente el caso más representativo. Todas las grandes compañías del mundo de la tecnología e Internet -como Apple, Google, Facebook, Yahoo, Amazon, Adobe, HP, Oracle, Intel, Cisco- están allí, así como reconocidas startups unicornios.
Ciertamente que las empresas que componen un clúster compiten entre sí. Sin embargo, va más allá de eso: el hecho de estar concentradas en un mismo lugar, en el caso de Silicon Valley en el extremo sur de la Bahía de San Francisco, incentiva una gran cantidad de sinergias, desde el intercambio de empleados, realización de eventos conjuntos, hasta proyectar una misma imagen de innovación, y esto implica ventajas para todas.
Se ha demostrado que los clústeres potencian la capacidad de ingreso de las compañías a los mercados y obtienen mayor presencia, penetración y permanencia en estos, lo que contribuye a aumentar su rentabilidad, competitividad y productividad.
También este tipo de colaboración fomenta la adaptación de las infraestructuras logísticas de las empresas en función de las necesidades y exigencias de los consumidores; mientras que las continuas transacciones y proximidad entre los mismos agentes económicos generan mayor confianza y reputación, lo cual redunda en menores costos de transacción para las empresas.
Se podría continuar enumerando beneficios, pero esa no es la intención de este artículo. Lo que nos interesa mostrar es que se trata de una iniciativa, entre tantas otras, que se está potenciando en esta época y de incertidumbre.
