Son 3 fronteras las que tuve que cruzar
Por tres países anduve indocumentado
Tres veces tuve yo la vida que arriesgar
Por eso dicen que soy 3 veces mojado
Tres veces mojado, Los Tigres del Norte
Por onceava ocasión un grupo de madres centroamericanas de Nicaragua, Guatemala, Honduras y Salvador, recorren las carreteras mexicanas en búsqueda de migrantes en tránsito que desaparecieron, algunos hace más de quince años. La mayoría son mujeres de extracción humilde, algunas pertenecientes a pueblos en los que apenas se habla español, todas con la ilusión de encontrar a alguno de sus hijos, o el de alguna de las compañeras que no pudo unirse al viaje.
La situación migratoria irregular de los centroamericanos, aunada a la deficiente legislación sobre desaparición en el país, hace extremadamente difícil rastrear a individuos que usualmente no compran boletos de autobús sino que suben por su cuenta a trenes cargueros o caminan por brechas sin marcar, para recorrer la distancia entre las fronteras sur y norte de México, tres mil kilómetros llenos de situaciones inesperadas.
La Caravana busca no solo determinar el destino de hijos y familiares, sino visibilizar a una gran población que cruza el territorio mexicano constantemente. El sueño americano resulta atractivo para miles de jóvenes que encuentran panoramas laborales poco prometedores en sus países de origen, muchos son enviados por sus propios padres ante el riesgo de ser reclutados por las maras u otras organizaciones criminales.
Las mujeres se han acostumbrado a buscar a sus hijos en albergues, hospitales y reclusorios por igual, y a mostrar siempre sus fotos pues saben bien que muchas veces los migrantes dan un nombre falso para evadir a la justicia. Sin embargo, encuentran un obstáculo en las instituciones mexicanas, que les niegan acceso a sus bases de datos, o que les reciben sus demandas pero sin hacer algo al respecto.
Hace 13 años que el país ratificó la Convención Interamericana sobre la Desaparición Forzada de Personas, hasta el día de hoy no se ha tipificado el delito o legislado al respecto, por lo que no se puede perseguir el delito ni iniciar una investigación cabal, mucho menos en el caso de un migrante que carece de visa de tránsito. Esto hace a los migrantes presa fácil de grupos criminales que hacen negocio prometiéndoles llevarlos hasta Estados Unidos, pidiendo rescate por ellos a sus familias o forzándolos a trabajar en actividades ilegales.?
«Se estima que hay entre 70 mil y 120 mil migrantes no localizados en tránsito por México a partir de 2006, el rango es tan amplio por la falta de datos confiables».
Se sabe que hay muchos motivos por los cuales los migrantes dejan de tener comunicación con su familia, en algunos casos no se trata de que hayan sido víctimas del crimen sino que formen parte de él (de forma voluntaria o involuntaria), o incluso se da el caso de que les avergüence retornar sin haber logrado su objetivo. No me importa cómo esté, dónde esté, y que si él no quiere por algún motivo, porque a ellos les da pena volver, ¡yo le digo te busco, te necesito! dice la madre hondureña Iris Rivera.
Así, las madres guerreras, con el apoyo de organizaciones solidarias, siguen viajando año tras año en búsqueda de sus familiares desaparecidos, cada vez repiten sus exigencias de justicia al gobierno que les da largas desde hace más de una década, pero también cada vez encuentran unos cuantos hijos, apenas cinco o diez que ven a sus madres por vez primera en muchos años. Las reuniones, aunque pocas, llenan al grupo de esperanza, lo cual queda claro con las palabras de Clementina Murcia: La alegría de una madre es la alegría de todas, ¡somos como una sola persona!.



