Criminal proceso electoral de la dictadura de Nicaragua

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Las dictaduras del castrochavismo son “dictaduras electoralistas” en las que “se vota, pero no se elige” porque los detentadores del poder cometen todos los crímenes necesarios para falsificar el proceso y el resultado. Cuba, la dictadura jefe del castrochavismo difunde la falacia que su sometido pueblo vota en un sistema de partido único. En Venezuela falsean elecciones y detentan el poder por 22 años. En Bolivia acaban de repetir un colosal fraude con el que han restaurado la dictadura de mas de 15 años. Nicaragua presenta en tiempo real la cadena de delitos de Daniel Ortega y sus cómplices -en el poder desde hace 14 años- para falsificar nuevamente el resultado electoral.

Dictadura electoralista es el régimen en el que “con fuerza y violencia se concentra todo el poder en una persona, grupo u organización que reprime los derechos humanos y las libertades individuales, que realiza elecciones fraudulentas para detentar indefinidamente el poder”. El castrochavismo es el autor de las dictaduras electoralistas. Castrochavismo es castrismo del siglo XXI, que además de violencia, lucha armada, guerrilla, terrorismo y narcotráfico, utiliza las libertades de la democracia para penetrarla y destruirla desde dentro.

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Acceden al poder con procesos de desestabilización, golpes de estado en pleno siglo XXI como el de Bolivia en 2003, Ecuador en 2019 y el que está en curso en Colombia. Desprestigio y destrucción del sistema de partidos políticos, asesinato de la reputación de líderes, ofertas populistas, multiplicación de las confrontaciones internas, todo tipo de acciones conspirativas y campañas electorales millonarias. Ya en el poder liquidan sistemáticamente la institucionalidad de la democracia y la república.

Para reconocer la construcción de una dictadura castrochavista en las Américas solo hay que observar la sistemática desaparición de los elementos esenciales de la democracia: violan los “derechos humanos” y atentan sistemáticamente contra las “libertades individuales” que incluyen la “libertad de prensa”; suplantan progresivamente el sistema jurídico hasta hacer desaparecer el “Estado de derecho”; persiguen a lideres y opositores haciendo imposible la “libre organización política”; controlan y centralizan todos el poder del Estado liquidando la “separación e independencia de los poderes públicos” y delinquen en los procesos electorales imposibilitando que las “elecciones sean libres y limpias” llegando incluso a eliminar el “sufragio universal” porque hacen desaparecer la igualdad de los ciudadanos.

En toda la región el castrochavismo ha impuesto reformas para bajar los porcentajes de votación para elegir presidentes. Son expertos en aparentar mayorías absolutas con minorías relativas. En Argentina con los Kirchner, en Venezuela con Chávez, en Bolivia con Morales, en Ecuador con Correa han reducido de 50% más uno de votos a 40% de votos con diferencia de 10% sobre el segundo para ser presidente en primera vuelta. En Nicaragua -donde no hay segunda vuelta- solo es necesario ganar la elección sin que importe el porcentaje, que ya habían rebajado a 35%.

Las elecciones en Nicaragua serán el 7 de noviembre y Ortega, Murillo y su grupo criminal han empezado su campaña delictiva (no electoral): mantiene más de 100 mil exiliados, 125 presos políticos certificados, centenas de asesinatos en impunidad; acuerdos de corrupción e impunidad con notorios funcionales al régimen que simulan oposición, que se encargan de dividir el rechazo al dictador; con el control del Poder Legislativo han aprobado leyes que hacen desaparecer la igualdad, la transparencia electoral y violan los derechos humanos; manipulan fiscales y jueces para sostener acusaciones falsas y evitar candidaturas de lideres, con presos, exiliados o silenciados; con su Tribunal Electoral han proscrito partidos e inhabilitado candidatos, y más.

Han comenzado la falacia de acusar de lavado de dinero a Cristiana Chamorro Barrios, una de las candidatas con mayor opción, en la clásica narrativa castrochavista de atribuir sus crímenes a sus víctimas, por la reconocida condición de narco Estado a la que Ortega ha llevado a Nicaragua precisamente por el lavado de dinero y otros crímenes.

Todo esto además del “fraude sistémico”, que es el incluido normativa y operativamente en el sistema electoral, como la manipulación del padrón electoral con cientos de miles de votos a favor del régimen, la estructura territorial, el mecanismo de cómputo y más.

En Nicaragua solo se repite lo que se ha hecho para cada elección en Cuba, Venezuela, Bolivia y en su momento en Ecuador: cometen todos los delitos necesarios para perpetuarse indefinidamente en el poder y que el pueblo vote, pero no elija.

Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy

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