El gobierno de Donald Trump ha marcado un viraje en la presión que realiza sobre el régimen de Nicolás Maduro para propiciar un cambio político y una reinstitucionalización democrática en Venezuela, que entre 2017 y 2019 estuvieron centradas en sanciones individuales y en frenar el flujo de ingresos petroleros, que en parte se evadieron con ayuda de Rusia, China e India, al punto que le dieron un respiro al gobierno.
En 2019, los pronósticos que se tenían para Venezuela en 2020 apuntaban a una desaceleración en el ritmo de contracción, que acumula seis años consecutivos, aún en un contexto de sanciones impuestas por Estados Unidos. Por eso una firma consultora como Ecoanalítica tenía pronósticos ligeramente favorables si se comparan con los años precedentes: un freno en la caída de producción de crudo, exportaciones petroleras entre 700.000 y 720.000 barriles diarios e ingresos en divisas por parte de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) entre 13.000 millones y 14.000 millones de dólares con precio promedio del crudo venezolano en 50 dólares por barriles.
No obstante, el desplome en la demanda de crudo ocasionado por el coronavirus COVID-19 se ha encargado de generar un desplome acelerado en la producción de crudo y en los ingresos por exportaciones petroleras. En tal sentido, los pronósticos cambiaron de un día para otro con la pandemia, al punto que en las tres reuniones que en un mes ha tenido el mecanismo de la OPEP+, que lideran Arabia Saudita y Rusia con miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo y otras nueve naciones productoras de crudo, Venezuela quedó exceptuada por razones humanitaria y porque su producción resulta irrelevante, lo que contrasta con el protagonismo que tuvo en la OPEP en el pasado.
En este nuevo escenario estamos asumiendo una caída de 20% del producto interno bruto petrolero y un volumen de exportación en el entorno de 380.000 barriles diarios, que podrían generar menos de 4.000 millones de dólares durante todo el año, sostiene Asdrúbal Oliveros, director de la firma Ecoanalítica.
Ese volumen prácticamente indica una caída casi total, un desplome de 96% con respecto al pico de casi 3,5 millones de barriles diarios que llegó a registrar la producción de Venezuela con más de 100 años de trayectoria; y una reducción que puede alcanzar 90% cuando se comparan las divisas que entraran a las arcas de Pdvsa este año frente a lo que le ingresó anualmente entre 2004 y 2014.
A esto se suma que hay momentos en los que Pdvsa y sus empresas mixtas trabajan a pérdida porque el precio del petróleo descendió a 13 dólares por barril a principios de abril, frente a un costo de producción de 15 dólares por barril sin incluir pago de regalías e impuestos. En ese caso la cotización requerida sería de al menos 21 dólares por barril.
Ese valor de exportación del crudo venezolano estaría por debajo de 10 dólares por barril si hubieran continuado las ventas a descuento a dos filiales de Rosneft, como se dieron durante la segunda mitad del año pasado, las cuales se paralizaron en febrero luego que el Departamento del Tesoro impuso sanciones a ambas compañías.
Oro y narcotráfico
Los problemas en la producción petrolera de 2020,ocasionados por la coyuntura del coronavirus, parecieran apuntar a un cierre más efectivo que las sanciones en el grifo de ingresos que recibe Venezuela. De allí que la alternativa apunta hacia otras fuentes, lo que explica los señalamientos del Departamento de Justicia de acusar de narcotráfico y de actividades ilegales al propio Maduro y funcionarios del régimen por presuntas actividades ilícitas con oro y estupefacientes.
El tema judicial en Estados Unidos tiene autonomía frente a las decisiones que tome el Poder Ejecutivo o la Casa Blanca, pero el momento en el que se anuncian, resultan convenientes para trancar las actividades ilícitas del gobierno de Maduro, que también vinculan a militares venezolanos, y se suma a la estrategia de propiciar un cambio político para restablecer la democracia en Venezuela, sostiene Guillermo Zubillaga, director de Políticas Públicas del Consejo de Las Américas. Además, ahora tenemos una posición de negociación por parte de los Estados Unidos, luego que el enviado especial para Venezuela, Elliot Abrams, propuso un gobierno de emergencia sin Maduro ni el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, propuesta que ha sido recibida con beneplácito por parte de la Unión Europea, añadió.
Zubillaga menciona que frente a la crítica situación petrolera mundial, resulta irrelevante que el gobierno estadounidense decida no extender el permiso a Chevron para continuar en Venezuela con el fin de propiciar un cambio político.
Mantener o no esa licencia no tiene un peso importante en este momento y su no renovación no será el factor crítico para que Maduro decida por la salida de un gobierno de emergencia que presentó Abrams. Creo más bien que se debe pensar en el mediano plazo, es decir, que frente a un cambio político en Venezuela una empresa como Chevron será necesaria para la recuperación de la industria petrolera y la reconstrucción del país, dijo.
Cita como ejemplo el caso de Rusia, que para salvar a Rosneft de los riesgos políticos que le genera su relación con Venezuela optó por la venta de su participación en los negocios que tiene con Pdvsa a una empresa controlada por el Kremlim, pero nunca sin perder presencia en el país ni ceder espacios.
No veo a la empresa rusa tomando la posición que tuvo Rosneft, pero al mismo tiempo esa decisión de Rusia nos dice que es una forma de proteger sus activos en Venezuela y una visión a largo plazo para permanecer y tener presencia en el país, afirmó Zubillaga.
