El argentino que pasó de adicto desafiante a predicador ambulante

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    Horacio tiene 38 años, su aspecto juvenil, moderno y una sonrisa permanente compensan la invasión de tinta que luce su rostro mientras los golpes de su vida se esconden detrás de los desafiantes diseños. De buen humor y sin preguntarse nada acerca de la presencia de HispanoPost, se dispone a responder todo sin que se pregunte nada, tal vez porque su rostro habla por si solo, armas, lagrimas de sangre, calaveras, suicidios y todo tipo de alegorías de la muerte componen a esta “galería de arte” ambulante, alojada en el cuerpo de una persona.

    «El diablo me castigo, expreso lo peor de mi en estos tatuajes, pero el Señor me premio con la posibilidad de predicar la palabra donde mas se lo necesita»,  dice. El barrio La Matera, es uno de los poblados mas postergados del conurbano de la Provincia de Buenos Aires y se convierte en el lugar de encuentro entre este predicador surrealista y los habitantes del barrio que quieran acercarse a la palabra de Dios.

    Horacio dice no obligar a nadie para ser escuchado. Hasta comprende aquellos que le teman a su aspecto físico «llevo las marcas de la vida a la vista de todos, sin embargo hay muchos que conviven con su alma destruida pero la niegan ante los demás»; expresa.

    Orgulloso de dar vuelta a la página de su vida reconoce que la decisión de tatuarse el 90% de su rostro fue desafortunada y el reflejo de una vida que no quiere repetir. «El cuerpo es el templo donde el Señor convive en cada uno de nosotros, yo lo lastimé de esta forma otros lo maltratan con un cigarro, con el alcohol, fornicando», asegura mientras sin reprocharse nada pero reconociendo sus errores. «El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra».