¿Cuántas veces ha escuchado a un venezolano llamar a otro negro o negrita? ¿Se ha sentido burlado, insultado o discriminado por ser considerado (a) negro o negra por otro venezolano?, estas fueron dos preguntas que comenzaron a surgir en las redes sociales a finales de mayo, cuando el mundo se conmocionó ante el asesinato del afrodescendiente George Floyd, en Minnesota, Estados Unidos, a manos de un policía que ejerció abuso de poder durante su detención.
Los comentarios que desmentían la existencia de discriminación racial en Venezuela y los que aseguraban haber sido víctimas de conductas racistas en el país estuvieron prácticamente proporcionales. A lo que el sociólogo Trino Márquez, haciendo un repaso histórico de la lucha negra en Estados Unidos con líderes como Martin Luther King, explicó la situación venezolana.
La discriminación en Venezuela es mucho menos evidente, pero obviamente la hay. La discriminación es un fenómeno antiquísimo que se encuentra en las sociedades más antiguas: los griegos y los romanos, los etruscos y egipcios. Más recientemente la Segunda Guerra Mundial, con la experiencia de los judíos, que sirvió para alertar al mundo sobre estas actitudes de supremacía, explicó Márquez.
Añadió que estas prácticas son menos reconocidas en Venezuela, porque se trata de una sociedad mestiza. Hasta en las mejores familias existe la discriminación racial. Desde la llegada de Colón a las costas venezolanas, los conquistadores se familiarizaron y casaron con los aborígenes venezolanos, por lo que, a su juicio, el racismo no es una práctica discriminatoria tan evidente en el país.
Racismo o fraternidad
Sin embargo, el secretario de la Asociación Venezolana en Chile y miembro de Global Shapers Hub Santiago, Carlos Carrasco, quien fue dirigente estudiantil de la Universidad Católica Andrés Bello, mientras cursaba la carrera de Comunicación Social, recuerda haber sido blanco de acoso racial en reiteradas oportunidades.
Recuerdo que para una campaña de la universidad pusieron un cartel mío en el campus y claro que llamaba la atención, porque era la única persona negra del grupo. Escuché muchos comentarios sobre qué hacía ahí, por qué me habían tomado en cuenta y no tardó mucho para que, de todas las pancartas que había, rayaran la mía. Ahí te das cuenta de cómo juega el racismo en el trato, la discriminación y el insulto, contó Carrasco.
Para el migrante oriundo de Caricuao, sector popular de Caracas, los venezolanos tienden a encubrir bajo el mestizaje ciertas desigualdades e inequidades. Se habla muy poco de eso, uno puede percibir ese racismo en la forma como las personas se identifican y relacionan entre sí, te das cuenta que sí existe. El racismo en nuestro país se encubre bajo cierto tipo de relaciones, el humor, estructuras preconcebidas de lo que se supone que debes hacer.
José Zambrano recuerda cómo en el colegio se sintió discriminado: Estaba en 8vo o 9no grado de bachillerato, era super católico. El negro, chiquito y malo para pelear del grupo. Una vez un cura español, me dijo: No sabía que los negros eran inteligentes. Hoy suena ridículo, pero en ese momento en un salón con 40 adolescentes me hizo daño, cambió mi percepción de muchas cosas, incluida la religión, porque era un cura el que estaba haciendo un chiste racista en mi contra.
Discriminación de etnias
El racismo no es solo color de piel, como sucedió en la Alemania nazi con los judíos, el también director académico de Cedice, Trino Márquez, explicó con el ejemplo propio, el etnoracismo. Yo soy andino. Me vine a los 7 años y medio y hablaba cantadito como hablan los gochos. Llegué a Caracas y concluí el primer grado. Yo era gallito y, además, soy el menor de mis hermanos. No podía decirles que se me metían conmigo porque si no me regañaba, así que yo me la pasaba peleando.
Ricardo Simoni, venezolano de familia italiana nacido en Calabozo, estado Guárico, recordó que en sus años de colegio también era presa de la discriminación racial. La migración italiana fue muy acentuada entre los años 50 y 60 en Calabozo. Se creó el estigma de que las personas con apellidos italianos éramos los adinerados del pueblo. Me hacían sentir menos venezolano o asumían que yo tenía mucho dinero, ambas ideas estaban completamente equivocadas.
Simoni destaca esta experiencia como algo incómodo que lo llegó a desencajar, aunque la verdad no influyó en decisiones importantes, pero sí creo que Calabozo fue un espacio donde la depresión tuvo más impacto. Cuando me mudé a Valencia sentí un alivio, porque la gente no era así. Encontré mejores grupos y mayor entendimiento.
No más actitudes tóxicas
Márquez expuso que, tras vivir la experiencia de la Alemania nazi y la Italia fascista, el mundo ha intentado dar pasos firmes en la lucha contra la discriminación racial. Reconoce como triunfos de las comunidades segregadas la conformación de organismos como las Naciones Unidas y el ascenso de líderes como Barack Obama y Condoleezza Rice, pero insiste que aún hay mucho trabajo por hacer.
Hay normas de convivencia y respeto que hay imponer y respetar. Hay que disminuir estas actitudes negativas y tóxicas como es el racismo, dijo. Así como seguir invirtiendo en la educación, salud pública, dotación de las barriadas pobres e infraestructura de estas comunidades segregadas.
Hay que trabajar mucho en la educación y en la familia. Hay que formar valores sobre la base de que todos los seres humanos somos iguales ante la ley. El ser humano es una mezcla de combinaciones y diferencias, hay que entender que somos equivalentes. No somos iguales somos equivalentes, tenemos el mismo peso desde el punto de vista ético, moral, jurídico y legal. No se puede discriminar a nadie por su color, puntualizó el sociólogo.
Por su parte, para Carrasco es importante hablar de los temas que duelen: Si queremos construir una mejor sociedad debemos hablar de esos temas incómodos, para que luego no venga una persona a intentar manipular con lo que no hemos querido hablar como sociedad, sin ánimos de señalar a nadie en particular. La gente tiene que dejar de andar con miedo y hablar de las cosas que duelen.
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