El empeño de los productores y cambios en las políticas han revivido los campos en Venezuela

El 2019 fue un año negro para el sector primario de la economía venezolana. Gremios como la Federación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro) advirtieron en ese momento que la producción agrícola nacional solo podría satisfacer 20% del consumo nacional y la caída por distintos factores se contabilizó en 16%.

A pesar de este escenario tan negativo, los productores agropecuarios en Venezuela entendieron que no podían seguir dependiendo del rentismo estatal para sacar las cosechas adelante y esto hizo que los gremios, las asociaciones de productores e incluso los emprendedores pusieran en marcha una serie de planes que tenían como objetivo iniciar una recuperación del sector.

Para conocer un poco más sobre estas iniciativas que le han devuelto la vida a los campos en el país, HispanoPost conversó con Saúl López, presidente de la Sociedad Venezolana de Ingenieros Agrónomos, quien es optimista y asegura que, con la voluntad del sector privado y algunas adecuaciones en materia de políticas públicas, en los próximos años se podría evidenciar un crecimiento en los distintos rubros agrícolas que se producen en Venezuela.

“El sistema agroalimentario venezolano no se puede extraer de la dinámica macroeconómica del país y es importante señalar que ha habido medidas económicas que se han tomado, que evidentemente han generado que las condiciones para producir mejoren. Una de esas, por supuesto, fue liberar el tipo de cambio. Hacer transacciones en moneda extranjera ayudó mucho en la recuperación que estamos viendo en la actualidad y que inició en 2020”, precisó.

Insistió en que debido a la crisis agrícola de 2019 las asociaciones de productores, algunos actores agroindustriales y particulares decidieron buscar nuevos mecanismos de financiamiento para poder aumentar la producción agrícola en el país y así evitar que el sector siguiera cayendo en picada.

“Estos actores que pertenecen básicamente al sector privado vieron una oportunidad de negocio financiando rubros como los cereales, por ejemplo, el maíz y el arroz. A falta de créditos, que evidentemente es la tarea pendiente por parte del Estado, se le ha podido dar financiamiento a muchos de estos productores y empezó el ciclo de recuperación”, expresó.

Dijo que en 2019 sembraron 114 mil hectáreas de maíz, que ha sido un mínimo en la historia reciente. “En 2020 pasamos a 140 mil hectáreas y este año nuestros números hablan de 180 mil y algunos más optimistas hablan de 200 mil hectáreas. Nuestros números se basan en el monitoreo satelital de cultivos a través de una plataforma que fuimos capacitados directamente por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos”, explicó.

Al ser consultado sobre cuáles son los rubros agrícolas que han tenido recuperación, el especialista señaló que también se incrementó la producción de en soya, frijol Chino y algunas especies como la cúrcuma, entre otras.

La maquinaria es fundamental para la recuperación

En el aspecto técnico y mecanizado, López aseguró que la maquinaria agrícola es fundamental para la recuperación y el futuro crecimiento del sector. Sin embargo, alertó que mientras no exista inversiones o financiamiento privado para la actualización de estas máquinas será muy difícil seguir desarrollando las actividades agropecuarias.

“Hemos propuesto que se cambie el modelo de negocios con respecto a la maquinaria agrícola, porque antes el rentismo agrícola permitía que un productor tuviese un tractor y una cosechadora de último modelo y los medianos y grandes productores tenían mucha más maquinaria. Hoy en día eso no es posible y por eso es fundamental la creación de empresas que presten servicios como lo hacen en países como Argentina y Brasil y las asociaciones de productores pudieran iniciar con este camino”, precisó.

Mencionó que los productores actualmente están haciendo grandes esfuerzos para importar directamente las semillas, los fertilizantes y los agroquímicos, esto debido a que muchos de estos insumos también contaban con el subsidio gubernamental y la crisis económica eliminó todas estas ayudas.

“En 2014 el rentismo agrícola representaba 60% de la estructura de costos, es decir, más de la mitad la pagaba el Estado con subsidios directos o indirectos. La transición de ese esquema, que además era insostenible e improductivo, obligó a las productores a trabajar solos y sin financiamiento de la banca. Eso hizo que muchos salieran del mercado, pero dentro de lo positivo de esta transición está que distintas asociaciones de productores en el país se consolidaron y comenzaron a importar insumos, comenzaron a pensar en los agronegocios para exportar, comenzaron a financiar ellos mismos algunas siembras y eso ha traído consecuencias positivas”, insistió.

Advirtió que Venezuela tiene un retraso importante en materia de negocios agrícolas y sugiere ir enfocando el camino hacia la bioeconomía. “En el mundo hay una tendencia en que se utilizan muchos subproductos agrícolas que pueden venderse. Por ejemplo, en arroz no solo es sacar el grano de arroz y venderlo, también hay subproductos como la lisina que se cotizan en el mercado internacional a muy buen precio y aprovechar también los casi 100 subproductos del maíz. Eso es lo que ahorita está en boga en todo el mundo porque no existen desperdicios. Nosotros, actualmente, estamos implementando modelos de agronegocios que se hacían en los años 2000 y tenemos que seguir avanzando”, explicó.

Tecnología y capacitación

López sostuvo que falta mucho por hacer en Venezuela, sobre todo en el ámbito tecnológico y de la capacitación agrícola, ya que países como Brasil y Colombia están sumamente adelantados en esta materia y esto podría perjudicar la producción nacional y los planes de exportación a futuro.

“En Venezuela tenemos un gran reto porque debemos incorporar tecnología y que los productores también puedan incorporar a los agrónomos mediante las empresas de agroconsultoría, que van a permitir mayores niveles de eficiencia y productividad. Aquí tenemos otro reto, porque los rendimientos promedio de nuestros pares en Colombia están muy por encima del nuestro. Y si ellos pueden hacerlo, creo que nosotros en Venezuela también estamos en la capacidad de invertir en tecnología y capacitación”, dijo.

Con respecto al veto que tiene Venezuela con los transgénicos, el ingeniero agrónomo aseguró que es necesario tener voluntad política para cambiar esto y abrirle la puerta a estos productos que son seguros y están siendo utilizados en la mayoría de los países del mundo.

“En Venezuela se debe promulgar una nueva ley de semillas y es necesario derogar la de 2015, porque este instrumento jurídico es inaplicable. Habla de semillas campesinas, ancestrales, originarias, afrodescendientes, términos que en nuestra formación de pregrado y postgrado jamás vimos, es decir, no existen en la literatura de las ciencias agronómicas”.

Indicó que esa ley es una política que simplemente va en contra de las trasnacionales que venden semillas. “Nosotros los que pensamos es que si los países vecinos están produciendo más semillas, con mayores rendimientos, por qué nosotros no podemos hacerlo también”.

Explicó que los rendimientos con semillas transgénicas son mucho mayores y esto ayudaría mucho en la recuperación del agro venezolano. “Los rendimientos de los transgénicos son importantes porque con la semilla tradicional se pueden sacar unos 500 kilos por hectárea. En cambio, con biotecnología se pueden obtener rendimientos de 4 mil kilos por hectárea. Además, el gobierno ha importado productos transgénicos para satisfacer el consumo nacional de algunos rubros. Por lo tanto, lo estamos consumiendo, pero no los podemos producir y eso es una incongruencia”, precisó.

Importaciones y exportaciones

Saúl López explicó que es necesario poner más control y hacer más efectiva la importación de algunos productos agrícolas a Venezuela porque esto afecta directamente al productor nacional.

“Sabemos que actualmente los productores nacionales no tienen la capacidad de satisfacer el 100% del consumo en algunos rubros. Aquí se debe importar cuando el país lo requiera y no cuando estemos en plena producción o en plena cosecha de maíz, por ejemplo. Las importaciones hay que planificarlas, ver los stocks de ofertas nacionales e importar cuando no haya o sea deficiente la producción”, sostuvo.

Agregó qur los productores nacionales y la agroindustria también tienen que ser competitivos con los mercados internacionales. “Muchos de ellos dicen esto es producción nacional y nos tienen que comprar el producto, pero muchas veces es más caro que afuera y eso tampoco puede permitirse, porque simplemente el que termina afectado es el bolsillo del venezolano”, sentenció.

En el tema de las exportaciones, reveló que se están produciendo algunos rubros que están destinados a los mercados internacionales.

“Hay producción de frijol chino, aguacate, plátanos, frutas tropicales como los mangos que se exporta al igual que el cacao. Otros rubros importantes son las especias, que no se pueden producir en zonas templadas. Entonces, debemos aprovechar nuestra condición tropical para un mercado que, en términos generales, disminuyó la producción mundial de alimentos por todo el tema de la pandemia. Mercados como el europeo, por ejemplo, pagan muy bien por estas frutas y estas especias. Yo creo que hacía allá debe ir el agro venezolano”, dijo.

Seguridad alimentaria

El especialista explicó que la seguridad alimentaria tiene cuatro dimensiones que son la disponibilidad de alimentos, el acceso a los mismos, la estabilidad de la producción y la inocuidad (es decir que los mismos sean sanos). Además, advirtió que ningún país logra con solo producción nacional garantizar el consumo total de su población.

“La idea es que uno como se país tengan unos niveles de producción tanto para el mercado interno como para el externo. Hay que romper ese mito que dice: ‘Yo produzco primero para el país y lo que sobre lo exporto’. Eso no es así en la actualidad, los mercados hoy en día son muy distintos. La producción interna no requiere tantos requerimientos y el que va a exportar tiene que invertir más porque los requerimientos desde el punto de vista sanitario y de otra índole son mucho mayores”, señaló.

El escenario ideal para el país, expuso López, es que “la producción primaria de alimentos, en conjunto con la agroindustria, con lo que se produce acá y lo que se destine para exportar permita un balance desde el punto de vista comercial y agrícola positivo, es decir, que el dinero producido internamente y las exportaciones me permitan comprar en el mercado internacional lo que no puedo generar aquí”.

El objetivo final en Venezuela es que “la agricultura sea sostenible y lo que importemos sea generado por la misma agricultura y el mismo sistema agroalimentario”, concluyó.

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Juan Carlos Salas
Editor Senior. Periodista de Política y Economía. Especializado en la fuente electoral. Locutor y amante de la tecnología. Más de 15 años de experiencia en medios de comunicación tanto impresos como digitales.

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