Estigmatizados por ser extranjeros

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La xenofobia es otra forma de discriminación. Es la expresión de rechazo hacia todo aquel que no sea oriundo del país en el que se encuentra. Con unos 5 millones de venezolanos construyendo nuevos hogares y formando familias fuera de sus fronteras, esta práctica de segregación ha ocupado múltiples espacios en redes sociales y medios de comunicación. 

El éxodo masivo de venezolanos, especialmente hacia países de Latinoamérica y el Caribe, ha disparado las alertas de los gobiernos y organismos multinacionales en la construcción de planes y programas que ofrezcan oportunidades a quienes huyen de su país. Pero, ¿quién los protege del odio, la desinformación, el miedo y la soberbia?

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El coordinador de incidencia de la Fundación Observatorio del Gasto Fiscal de Chile y activista de la migración venezolana, Carlos Carrasco, explicó: “La xenofobia está bastante fuerte porque existe especulación con la migración en general. Chile, en los últimos 5 o 6 años, ha recibido una migración de unas 600.000 personas entre venezolanos, haitianos y colombianos. Ha sido un cambio fuerte para la sociedad”. 

La periodista venezolana Candy Ortiz, quien decidió migrar a Chile hace 4 años y hoy es miembro de organizaciones sociales de apoyo a sus coterráneos, recuerda más de una oportunidad en la que ha sido intimidada por ser venezolana. “Una vez estaba en una feria por el Día de la Mujer y llegó un señor y empezó a hablar de cosas que no le gustaba que los extranjeros hicieran en su país, pero con un tono fuera de lugar para entrar en una discusión fuerte”. 

Carrasco, también, secretario de la Asociación Venezolana en Chile, aseguró: “La situación de los venezolanos está muy condicionada al tema político. Dicen que somos unos cobardes: ‘No opinen si no tuvieron el valor de luchar por su país, ahora vienen para acá y viven como ratas’”. 

“Devuélvete a tu país”

Con la llegada del COVID-19, las denuncias de xenofobia aumentaron en la mayoría de los países de la región. Miles de hombres y mujeres que huyeron de la crisis y chocaron contra algo peor. “El sufrimiento y miedo son sentimientos comunes, dentro o fuera del país”, dijo Ana, quien dejó Venezuela para probar suerte y hoy confiesa: “Me he comido todas las verdes y algunas piches”. Actualmente reside en España e intenta no ser “tan criolla” para no seguir sufriendo. 

Yosselin Belandria asegura que más de una vez su esposo ha tenido que buscarla al trabajo a la hora de salida, por haber recibido amenazas de clientes que se muestran inconformes con la atención de la venezolana. “Me pasa casi todos los días, asumo que es por el tipo de trabajo, pero igual (…)”. 

Un vidrio antibalas protege a Belandria del odio durante su horario de trabajo en una taquilla de pagos de servicios: “Aquí los argentinos, en su mayoría, te tratan súper bien y muchos se emocionan al decirles que eres de Venezuela, pero cuando no haces lo que ellos quieren a cómo quieren,allí empeora todo. Nos acusan de venir a quitarles el trabajo, que somos unos muertos de hambre y vamos a robarlos. A una compañera la amenazaron de muerte ayer”.

El sociólogo Trino Márquez insiste en que, como el resto de las conductas discriminatorias, la xenofobia tiene su origen en la falta de tolerancia y la incomprensión: “Es difícil aceptar la diferencia. Es una norma bastante general en todas las comunidades que exista cierta intolerancia hacia lo diferente. Se ve incluso desde la infancia, donde el niño reacciona de manera violenta a lo desconocido”. 

Ricardo López hace 5 años migró a Colombia con Evelyn, hoy su ex esposa, ambos tenían sus papeles en regla, consiguieron empleo formal e iniciaron una nueva vida. El segundo país con el que coqueteaba. Recién graduado decidió migrar a Argentina con un grupo de amigos de la universidad para continuar sus estudios y ver qué otras opciones se abrían a su paso. 

“Una vez íbamos bajando hacia el edificio y escuchamos a una señora refunfuñando detrás de nosotros. Me paré para darle paso y escuché: ‘Es que ustedes venecos siempre tienen que estar atravesados. No tienen por qué estar aquí’. Era primera vez en mi vida que me pasaba algo así”, cuenta. Recordó que esa noche andaba con su exesposa y un amigo, un grupo de tres venezolanos. 

Añade que el ataque de la colombiana solo cesó cuando le aclaró que pagaba: “Arriendo y tengo un trabajo legal. Tengo todos mis papeles en regla, como las dos personas que están conmigo”. Al tiempo que le pidió respeto para él y sus acompañantes. “Fue un momento un poco frustrante”. 

Segregación en ascenso 

La xenofobia en ocasiones se confunde o complementa con otras conductas discriminatorias, como abuso de poder, bullying, racismo, violencia de género o patriarcado. López también recordó que cuando su exesposa abandonó un empleo “en el que la explotaban”, el jefe de le sentenció que “por ser mujer y venezolana no aspirara a más, según era lo único que podría conseguir”.  

“Se van cruzando una serie de cosas donde hay mayor vulnerabilidad y discriminación”, añadió Carrasco; pero la xenofobia ni es reciente, ni es netamente de extranjeros contra venezolanos, también hay casos contrarios de ataques a quienes huyeron de su país y se refugiaron en Venezuela. 

Joao, el portugués de la panadería, recuerda que en el colegio era víctima del bullying de sus amigos venezolanos que le llamaban “portugués hediondo”. Similar al caso de Jairo, que confiesa haberse ido a las manos, en más de una ocasión,  con sus compañeros del liceo que lo acusaban a él y a su familia de “jíbaros”, “narcos” o “traquetos” por ser de Medellín, Colombia. Ni hablar de las experiencias de centenares de asiáticos que han poblado el país a lo largo y ancho. 

José Zambrano recordó lo que casi es un tema tabú en su hogar: “En el 91, a mi papá lo asignaron a un proyecto en el estado de California , Estados Unidos. Varias veces conseguía basura tirada al frente del apartamento y más de una vez consiguió un letrero que decía ‘váyanse a su casa”. 

Dijo que actualmente, su papá prefiere no hablar de la experiencia, porque la asume como parte del pasado. “Pero era algo que no solo le hacían a él, sino a todos los venezolanos contratados por la empresa. Una vez un policía le dijo que eso pasaba porque no eran bien recibidos y cuando devolvió el apartamento el casero se mostró contento porque los latinos se estaban yendo de su edificio”.

No olvide ver nuestros reportajes en: www.hispanopost.com 

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