Las claves para que los Astros de Houston alzaran el trofeo: experiencia, pitcheo y buena defensa

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Este sábado, la temporada 2022 de las Grandes Ligas llegó a su final, luego de que los Astros de Houston se proclamaran campeones de la Serie Mundial por segunda vez en su historia, a expensas de unos Phillies de Filadelfia incapaces de reaccionar al juego sin hit ni carreras que les propinaron en el cuarto juego.

A pesar de que los cuáqueros llegaron a estar arriba en par de ocasiones, el golpe de recibir un no hitter en casa, en una Serie Mundial, es algo de lo que difícilmente te recuperas; y mientras que los de Filadelfia seguían en shock, los siderales mantuvieron claros sus objetivos, ganando con lo justo.

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A continuación, destacaremos algunos de los puntos clave para que Houston pudiera dar la vuelta al marcador adverso que tenían, hasta llegar a conquistar la segunda corona en la historia de la franquicia.

Lo primero que hay que destacar es la experiencia. No se puede hacer caso omiso respecto a esto, pues estamos hablando de que los Astros han representado a la Liga Americana cuatro veces en los últimos seis años; lo que quiere decir que, aunque alguno que otro miembro no había estado en las temporadas previas, este grupo sabe ganar y perder en estas instancias.

El zorro viejo se comió al cachorro

Luego de casi 30 años dirigiendo, Dusty Baker consiguió su primer anillo como manager de Grandes Ligas

A propósito de la experiencia, también entra en juego la de los managers. Estamos hablando de un Dusty Baker con 22 años de experiencia dirigiendo equipos de Grandes Ligas, en contraste con un Rob Thomson que apenas se encontraba en su primera aventura como timonel, y que se trató más bien de un interinato, ya que asumió las riendas de los Phillies luego de la destitución de Joe Girardi.

Este último punto, aunque no lo parezca, terminó siendo un factor determinante. Mientras que Baker manejó a la perfección los hilos de su marioneta sideral, Thomson dejó mucho que desear, al no hacer ajustes en su alineación a la vez que los nervios le ganaron al momento de reemplazar a sus lanzadores.

Pongamos como ejemplo el juego cinco: después de haber sido ridiculizados con el juego sin hits, Thomson se presentó con exactamente la misma alineación en el siguiente compromiso. En este juego, el segundo y el tercero en el orden (Rhys Hoskins y J.T. Realmuto) se combinaron para ligar de 10-0, con siete ponches; a la vez que su quinto bate (Nick Castellanos) entregó el tercer out del inning en tres chances, dejando a Harper en circulación en cada una de ellas.

Si, como manager, colocas a tu jonronero (Kyle Schwarber) como primer bate, ciertamente le estás dando más posibilidades de consumir turnos, pero le estás restando posibilidades de empujar carreras, pues no encontrará corredores en las bases. A su vez, colocas a tu bate más caliente (Bryce Harper) como cuarto, pero por detrás de un segundo y tercero que no se embasan y por delante de un quinto que no produce, pierde casi todo el efecto.

En conclusión, Thomson aisló a Schwarber y a Harper al colocar un abismo entre ellos, lo que automáticamente redujo la posibilidad de anotar más carreras.

Por otro lado, y ahora usando de ejemplo el juego seis, está el manejo de los lanzadores. Thomson se guardó a Zack Wheeler –que probablemente sea su mejor brazo entre los abridores– para el sexto juego, para que tuviera más descanso.

Wheeler llegó al quinto inning habiendo recibido solo dos indiscutibles y con un boleto otorgado, sin permitir carreras, con cinco ponches en el bolsillo y apenas 70 lanzamientos. En la sexta entrada comienza golpeando a Martín Maldonado, dominando a José Altuve que se embasó en jugada de selección y recibiendo un sencillo (el tercero a su cuenta) de Jeremy Peña.

El mandamás de los cuáqueros decidió sustituirle, para dar entrada al venezolano José Alvarado, en la difícil situación de enfrentar a Yordan Álvarez, con dos corredores en base y un solo out; tres pitcheos después, el cubano le desaparecía el sinker de 99 millas por todo el jardín central, para darle vuelta a la pizarra y hundir definitivamente las esperanzas de Filadelfia.

El pitcheo

Valdez estuvo soberbio en la lomita para los siderales en sus dos apariciones de Serie Mundial

Como dicen por ahí: la ofensiva gana juegos, pero el pitcheo gana campeonatos. Esta es una máxima que se ajusta a la perfección a lo ocurrido entre Astros y Phillies en este clásico de otoño, que terminó con los texanos colocándose el segundo anillo de su historia, que también es el segundo en seis años.

En el primer juego de la serie, los cuáqueros no contaron con una gran salida de Aaron Nola; pero sí tuvieron a J.T. Realmuto y a Alec Bohm, que entre los dos se combinaron para remolcar cinco rayitas y conectar sendos dobletes; además el estelar receptor fue el héroe de la noche, con cuadrangular solitario en la décima entrada, para sentenciar el encuentro.

Asimismo, en el tercer choque la ofensiva de los Phillies se ensañó con Lance McCullers Jr., a quien le conectaron hasta cinco cuadrangulares, para imponerse con pizarra final de 7-0; claro, que en esa oportunidad, Ranger Suárez les concedió cinco entradas en blanco, en las que permitió tres hits y concedió un boleto y nada más.

Por su parte, los Astros sin hacer alardes de una ofensiva descomunal, como la que poseían en años anteriores; si tuvieron a su favor un gran cuerpo monticular, encabezado por el dominicano Framber Valdez, que tuvo dos salidas soberbias en los juegos dos y seis.

Primero, fue una labor de 6.1 entradas, en las que le dieron cuatro hits y le pisaron el plato en una ocasión, regaló tres pasaportes y pasó a nueve por el filo de su repertorio, para apuntarse la victoria y nivelar la balanza.

Después, en el sexto y último, estuvo incluso mejor; seis innings completos, dos imparables, una sola carrera producto de un jonrón Schwarber, dos bases por bolas y volvió a recetar a nueve bateadores.

Lo de Pressly en la lomita es alucinante; solo dos hits en 5.2 entradas, sin permitir carreras limpias

Ni hablar de lo que hizo Cristian Javier en el cuarto encuentro, en labor de seis capítulos, ponchando a nueve y pasando por bolas a otros dos, pero dejando encaminado lo que sería el segundo juego sin hits ni carreras de una Serie Mundial. Javier fue secundado por un bullpen que estuvo hermético; Bryan Abreu pasó por los strikes a los tres bateadores que enfrentó, Rafael Montero ponchó lanzó un inning y ponchó a uno y le dejó el camino despejado a Ryan Pressly.

Qué decir de Pressly, el cerrador que estuvo más intratable en la lomita de lo normal. Durante la Serie Mundial, el cerrojo de los siderales tuvo una actuación memorable, con labor de 5.2 entradas lanzadas, en las que solo permitió dos imparables, regaló un boleto, permitió una carrera sucia y abanicó a cinco bateadores, apuntándose par de rescates.

En total, Pressly le puso el candado a seis encuentros de la Postemporada; uno contra los Marineros, tres contra los Yankees y dos enfrentando a los Phillies.

Bateo oportuno y buena defensa

El antesalista Alex Bregman apareció en momentos importantes con el bate y con el guante

Como hemos mencionado reiteradamente, los Astros contaron con un importante factor, el bateo oportuno. Además, tuvieron varias intervenciones defensivas que terminaron siendo de gran valor para sus aspiraciones.

En el propio primer inning del segundo juego, los tres primeros en el orden al bate (Altuve, Peña y Álvarez) conectaron dobles consecutivos, para poner a su equipo arriba desde bien temprano. Algo de lo que los Phillies nunca pudieron reponerse, y ya mencionamos las razones en el primer punto.

En el cuarto juego, quizás donde más amplia fue la diferencia a favor de Houston (claro, si los contrarios no dieron ni hit), una sola entrada productiva les bastó para marcar la diferencia. Las cinco carreras siderales llegaron en el quinto inning; Alex Bregman envió las dos primeras a la registradora (Altuve y Peña) con doble, Kyle Tucker aportó una más con elevado de sacrificio y Yuli Gurriel empujó la última con sencillo.

En el quinto juego, Jeremy Peña lo hizo todo para su equipo. Si bien es cierto, que José Altuve abrió el inning con doble (avanzando hasta tercera por error del centerfielder), el novato sensación lo llevó hasta el plato con sencillo; posteriormente, en la cuarta entrada, se voló la barda para devolver la ventaja a los suyos.

En el aspecto defensivo, el jardinero central Chas McCormick se elevó para decapitar un sólido batazo de Relamuto en el noveno capítulo. Previamente, KyleSchwarber había sido víctima de Trey Mancini en la primera base; ambas jugadas privaron a los cuáqueros de importantes extrabases, que los hubiera metido en el juego.

A su vez, además del error de Brandon Marsh en el jardín central, que permitió el avance de Altuve hasta tercera en aquel doble; también hubo un fallo de Rhys Hoskins en la inicial, que permitió que Altuve anotara la carrera de la victoria.

En el sexto y último juego, bastaba con el jonrón de tres carreras de Yordan Álvarez, ese que le dio a José Alvarado, luego de que Thomson sacara a Wheeler, a quien no le habían hecho ningún daño y que solo tenía 70 lanzamientos; para que los Astros aseguraran la victoria.

El hambre de un novato

El novato sensación fue el Jugador Más Valioso de la Serie de Campeonato y de la Serie Mundial

A comienzos de temporada, mucho se preguntaban qué sería de los Astros de Houston sin Carlos Correa; probablemente el ego del boricua lo llevaba a hacerse la misma pregunta. Pero, en la organización tenían un as bajo la manga.

Jeremy Peña: el joven, que en septiembre cumplió 25 años de edad, se encargó de llenar el vacío que dejó Correa en las paradas cortas. Pero además, tuvo un gran año con 22 vuelacercas, 20 dobles, 63 empujadas y 72 anotadas, además de ligar para .253 de promedio.

Asimismo, recientemente se adjudicó el primer Guante de Oro de su carrera, en su primer año como ligamayorista, gracias al extraordinario trabajo defensivo que realizó.

Por si fuera poco, Peña se alzó con el premio al Jugador Más Valioso de la Serie de Campeonato, repitiendo la hazaña en la Serie Mundial, donde resultó como el más destacado del flamante campeón de la temporada 2022.

Durante la Postemporada, el dominicano bateó para .345, sacudió cuatro bambinazos, conectó 20 hits, remolcó ocho rayitas y anotó una docena, siendo el bateador más oportuno que pudo tener Dusty Baker en esta tercera cruzada, en búsqueda de su primero anillo en casi 30 años dirigiendo.

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