Las luchadoras ninjas de Irán

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    En las afueras de Teherán, en la ciudad de Karaj, está ubicado el primer más importante club de Ninjutsu de Irán, una modalidad de arte marcial practicada en el siglo V en Japón y que un iraní importó a la República Islámica hace 30 años. En la actualidad, el Ninjutsu se ha hecho tan popular en Irán, que miles de mujeres lo practican en el país.

    En Irán, donde las féminas tienden a comportarse de manera discreta y reservada, este deporte las dota de unas habilidades sorprendentes para la lucha y la defensa personal. Ellas afirman que no lo practican para aplicar las claves de combate en la realidad, pero admiten que el tener conocimientos tan elevados de defensa personal las hace sentirse seguras.

    Las mujeres Ninjas de Irán forman una comunidad de luchadoras poderosas que entrenan casi a diario con Akbar Faraji, el maestro ninja número 1 de Irán que introdujo esta modalidad en la República Islámica en la década de los ochenta.

    En Irán, las mujeres deportistas tienen entrenadoras, no entrenadores –pues así lo establece la ley- pero el caso de Akbar es una excepción, pues entrena a diario a decenas de ninjas de todas las edades. Entre risas, estas mujeres valientes explican que dadas sus particularidades habilidades, puede resultar “un poco más complicado” encontrar marido, pues “de un hombre esperas que sea más fuerte que tú, pero eso a nosotras no nos ocurre casi nunca”.

    Las mujeres ninja de Irán entrenan normalmente en el gimnasio, con el uniforme reglamentario. Vestidas de riguroso negro y con el velo obligatorio. Pero hay días, en las que Akbar se las lleva al monte, y allí, entre arbustos y matorrales, aplican con total libertad las técnicas de camuflaje, saltos acrobáticos y llaves típicas de los ninja nipones del siglo V.

    Pese a que el Islam invade cada rincón de este país, estas mujeres afirman que no hay ninguna incompatibilidad entre la religión y esta práctica “tan poco femenina”, como algunos hombres se atreven a calificar. Ellas reivindican su feminidad y su “poder” y aseguran no haber tenido jamás ningún problema con las autoridades islámicas, que tienden a entrometerse en exceso en la vida privada de sus ciudadanos.