Las marcas de lujo: la perdición de los iraníes ricos

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    Desde hace algunos años, el norte de Teherán se ha llenado de centros comerciales de lujo con las primeras marcas extranjeras de ropa, zapatos, perfumes y joyas. Templos del luxury que atraen a los iraníes con dinero que no saben cómo gastarse la renta y la invierten en uno de sus hobbies preferidos: el shopping.

    Lejos de lo que podría pensarse, los iraníes son unos apasionados del lujo. Años de aislamiento económico no han impedido que desarrollen una afición casi enfermiza por las marcas. Sobre todo, aquellas que llevan sello europeo a americano.

    Quizá por eso, por la privación del consumo de todo aquello que huele a occidental, la población joven de hoy en día, a falta de bares en los que tomarse una copa, se embriaga en estos malls de lujo, acristalados, con grandes paneles publicitarios anunciando los nombres de las marcas favoritas.

    Gastan y gastan para exhibir un nivel de vida que pocos pueden permitirse. En algunos casos, sobre todo cuando se trata de ropa, el producto no es auténtico. Pero poco importa si se vende bajo el sello de alguna firma extranjera conocida.

    Dolce & Gabbana, Chanel, Massimo Dutti, Guerlain, Emporio Armani, Adolfo Domínguez, Donna Karan o Swarovski son algunas de las marcas que inundan los shopping center de reciente creación y que atraen a hombres y mujeres deseosos de llevar un estilo de vida occidental.

    En un Irán islámico que promueve la modestia, sorprende cómo estas catedrales del lujo se construyen a un ritmo frenético en la parte alta de la capital. Es fácil adivinar que sin bares, ni discotecas, ni salas de baile, ni casi nada… los malls son la única forma de divertirse.  

    VEHÍCULOS DE ALTA GAMA CON PRECIOS PROHIBITIVOS

    Uno de los sectores en alza en Irán es el de los coches de alta gama. Porche, BMW, Mercedes-Benz o incluso Masseratti tienen un mercado de consumo en la República Islámica. De nuevo, jóvenes con dinero y sin muchas opciones para gastarlo invierten verdaderas fortunas en la compra de vehículos de lujo.

    Y lo que más sorprende, por inaudito, son los precios que pagan por estos coches. Debido a los impuestos que aplica el gobierno de Irán para promover la venta de marcas locales y evitar la entrada en el país de estos coches de ultra-lujo, estos vehículos se venden al doble de su precio en Europa.

    Así, los concesionarios tienen en exposición los últimos modelos de Porche o BMW a precios que alcanzan los 400.000 dólares, el doble de lo que costarían en el extranjero. Y aún así, se venden.

    Vaya que si se venden. Sólo un dato: Porche vende en Irán más coches que en todo Oriente Medio. Las principales marcas de coches de lujo europeas cuentan con tiendas oficiales en Teherán, donde es frecuente ver a jóvenes conductores de no más de 25 años al volante de un Porche, por el que han pagado 500.000 dólares recorriendo las principales avenidas de la ciudad.

    Compiten por el lujo. Presumen y se divierten. ¿Qué otra cosa pueden hacer?