El técnico tanatopraxólogo Alberto Alba llegó hace poco al oficio; sin embargo, desde que trabajaba en el anfiteatro del Instituto de Ciencias Forenses le llamaba la atención el trabajo con los cuerpos que a todas horas arriban a uno de los servicios forenses más atareados del país.
Al presentarse la oportunidad, Alberto tomó los cursos necesarios para dedicarse a maquillar los cuerpos. Dice que su experiencia en pintura automotriz le ayuda a ser preciso al igualar colores y que lo más importante es respetar a los cadáveres. Al final del día, como buen trabajador, «se siente bonito» de hacer un buen trabajo y entregar a los deudos el cuerpo de su familiar lo más similar a como era en vida.
Al trabajar entre patólogos, genetistas, químicos… siempre hay nuevos conocimientos al alcance de este hombre meticuloso, que tomó un nuevo oficio a los 62 años, pero al preguntársele sobre sus aprendizajes no lo duda un instante: «Aquí uno aprende a valorar la vida».



