Morir por una bala perdida es común en Río de Janeiro

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    Maicon, de dos años de edad, moría en una incursión de la Policía Militar en el Complejo de favelas de Icari, en Río de Janeiro, por una bala pérdida. Su hermano fue alcanzado también por una bala en la boca, pero consiguió sobrevivir. Era el 16 de abril de 1996, Maicon habría cumplido ahora 23 años. Según denuncia el padre de Maicon, José Luis, los policías hasta el momento no han sido procesados, inclusive once días después de la muerte de Maicon, reconoce indignado, recibieron una gratificación.

    El 28 de noviembre de 2015, cinco jóvenes regresaban del Parque de Madureira de celebrar el primer empleo de uno de ellos. A su entrada en coche en la favela Costa Barros fueron tiroteados por cuatro Policías Militares con 111 tiros, 81 de fusil y 30 de pistola. El argumento de los policías es que el coche parecía sospechoso. El resultado cinco jóvenes muertos, algunos de ellos menores de edad.

    Los policías cumplieron prisión por seis meses, pero fueron liberados por el Tribunal Superior, aunque continúa el proceso en la Audiencia. Hoy día los familiares de las víctimas luchan para que se haga justicia.

    Los nombres de víctimas mortales por balas perdidas o incursiones policiales resuena en los gritos desesperados de los familiares que piden justicia. Ellos afirman que el número de casos de asesinatos por parte de la policía de jóvenes inocentes se incrementa cada día y denuncian que el Estado no hace nada para detenerlo, sumado a que en la mayoría de los casos los responsables de los crímenes quedan impunes.