Corea del Norte realizó un gran evento en la capital, que incluyó el lanzamiento de coloridos fuegos artificiales, para celebrar su sexto y más potente test nuclear, al que calificó de «evento nacional propicio» e «hito sin precedentes».
La plaza de Kim Il-sung de Pyongyang fue el escenario donde se reunieron civiles y miembros de la élite del régimen, entre los que estuvieron el jefe de Estado honorífico, Kim Yong-nam, y el vicemariscal de su ejército Hwang Pyong-so, y «los contribuyentes a la exitosa prueba de la bomba H que puede instalarse en un misil», según recogió la agencia estatal norcoreana KCNA.
Los asistentes fueron testigo de diversos discursos en los que calificaron a la prueba nuclear como «un evento nacional propicio que dio gran coraje y fuerza al ejército (nor)coreano y a la gente».
El test fue un «regalo» para los líderes Kim Il-sung y Kim Jong-il, abuelo y padre del actual líder, Kim Jong-un, gracias a cuya «guía enérgica, dedicación infatigable y esfuerzos», Corea del Norte «puede emerger como un estado de armas nucleares», dijo KCNA.
El régimen alabó los «hitos sin precedentes» logrados por el joven Kim en el desarrollo atómico de su país y reafirmaron su postura de llevar a cabo «los ataques preventivos más despiadados y fuertes» si Estados Unidos pone finalmente en marcha una guerra.



