La campaña electoral camino a la Casa Blanca llega a su fin. El martes 5 de noviembre se definirá el próximo presidente de Estados Unidos que gobernará por lo próximos cuatro años. Los demócratas Kamala Harris, actual vicepresidenta del país, y Tim Walz, gobernador de Minnesota, enfrentarán a la dupla republican integrada por el exmandatario Donald Trump, quien eligió a JD Vance como su candidato a vicepresidente.
La paridad en los sondeos vuelve difícil determinar quién ganará. Y aunque unos 240 millones de estadounidenses están citados para elegir entre Harris y Trump para otorgarles la Presidencia, el resultado de las elecciones dependerá de unos miles de votos en un puñado de estados clave.
Así que, para asegurar la victoria, los candidatos necesitan al menos 270 votos, que vienen del Colegio Electoral, conformado por 538 miembros. Es decir, en el sistema electoral estadounidense el presidente no es elegido directamente por el voto popular, sino a través de un organismo llamado Colegio Electoral.
Este mecanismo, establecido en la Constitución de Estados Unidos en el siglo XVIII, fue diseñado por los Padres Fundadores con el objetivo de asegurar un equilibrio en la representación de todos los estados, tanto los grandes como los pequeños, en la elección del líder del país.
Además, en las elecciones del 5 de noviembre podría producirse un doble giro sin precedentes en el Congreso: el Senado (un tercio de los 100 escaños renovados) regresaría a los republicanos y la Cámara de Representantes (renovación completa) pasaría a los demócratas, aunque el segundo escenario parezca más incierto, según las encuestas citadas por ANSA y reseñadas por varios medios.
Joe Lenski, vicepresidente ejecutivo de Edison Research, el instituto que suministra a un consorcio de cadenas (ABC, CBS, NBC News, CNN) sondeos a pie de urna, proyecciones y recuentos, explicó a AFP que “todo se va a reducir a siete estados muy disputados, y en muchos de ellos no tendremos datos suficientes para hacer una proyección antes del final de la tarde, al principio del día siguiente o, en algunos casos, varios días después de las elecciones”.
¿Quién llegará a la Casa Blanca?
Desde que el presidente estadounidense Joe Biden se retiró de la carrera por la Casa Blanca, Kamala Harris ha buscado impedir -a como dé lugar- que Donald Trump vuelva a la Presidencia. Ella exhibe una exitosa carrera, no exenta de polémicas, como fiscal y un relato de lucha como hija de migrantes.
Hija de Shyamala Gopalan, una científica de ascendencia india que llegó a Estados Unidos a los 19 años, y Donald Harris, un profesor jamaicano y destacado economista, ha sido una pionera durante toda su carrera: en 2003, a los 39 años, se convirtió en la primera mujer fiscal de distrito en San Francisco; entre 2011 y 2017 se desempeñó como la primera mujer fiscal general de California y desde ese mismo año fue la primera senadora indo-estadounidense por ese mismo estado. Hasta llegar a convertirse en la primera mujer vicepresidenta de Estados Unidos.
A Trump, de 78 años, la fortuna lo ha acompañado toda su vida: nació con dinero, evitó arruinarse con los bancos, se convirtió en una estrella televisiva, logró ser presidente de Estados Unidos, e incluso, por milímetros evitó ser asesinado en plena campaña electoral, decidió volver a postularse a la Presidencia que perdió en 2020, aunque luego negó su derrota hasta el punto de incitar a una turba de sus partidarios para que atacaran el Capitolio de Estados Unidos.
A pesar de que ha disminuido un poco su influencia dentro del Partido Republicano —y aunque enfrenta investigaciones legales, tanto de las autoridades estatales como del Departamento de Justicia—, conserva una amplia base de seguidores que son muy comprometidos.
Con información de La Nación, BBC Mundo y France 24
