«Este año, varios factores como las lluvias, falta de financiamiento y expectativas de precios de toneladas del maíz en los mercados nacional y e internacional hicieron que la proyección inicial que se tenía en Venezuela de llegar a unas 320.000 hectáreas de maíz sembradas quedará sobreestimada totalmente», afirmó el presidente de la Sociedad Venezolana de Ingenieros Agrónomos y Afines (SVIAA), Saúl López.
Detalló que el factor clima fue «atípico», debido a que no se esperaban que las lluvias fueran tan elevadas para el mes de junio, por lo que calcula que para este año la siembra de maíz alcance unas 250.000 hectáreas en Venezuela, cifra similar a la del año pasado.
«Hoy pudiéramos decir que estamos cercanos al estancamiento o leve disminución en la superficie de maíz de este ciclo», dijo López.
Sin embargo, el año pasado Venezuela registró un crecimiento en superficie y rendimiento de maíz. «Exactamente se llegó a 250.000 hectáreas, dando un crecimiento alrededor de 18%. En relación con el periodo 2021-2022 el crecimiento fue de casi 30%», agregó.
El ingeniero agrónomo e integrante del Observatorio del Derecho a La Alimentación en América Latina acotó que Venezuela produce tanto maíz blanco como maíz amarillo, pero la proporción ha ido variando con el pasar de los años.
«Hoy el maíz blanco tiene una importancia mayor en el mercado internacional, con alrededor de 60% y el maíz amarillo 40%», sostuvo.
Comentó que en la agroindustria venezolana el maíz blanco abastece alrededor de 55% máximo; mientras que el maíz amarillo llega a 30% máximo de los requerimientos.
En cuanto a los niveles de consumo de maíz tanto en humanos como en animales, López aseguró que tanto la producción nacional primaria como secundaria se han recuperado en los últimos años en el sector agroindustrial.
«Esto con un incremento en la oferta de harina de maíz precocida en el mercado nacional con más de 100 marcas, lo que ha generado por supuesto un incremento en el consumo» hasta 2022, aseveró López.
Acotó que los problemas estructurales como falta de poder adquisitivo del venezolano han generado un estancamiento y una disminución en el consumo de harinas de maíz precocidas durante el último trimestre de 2022 y el primer semestre de 2023.
«La industria de alimentos balanceados para animales, que en su mayoría requiere del componente de maíz amarillo, también ha tenido una recuperación desde el año pasado, pero este año el sistema económico nacional ha afectado sobre todo el consumo y, al final, la producción de aves y cerdo principalmente», puntualizó.
Opacidad estadística
Saúl López reiteró su llamado al gobierno a publicar las estadísticas oficiales del sector productivo del país, con miras a establecer una planificación adecuada.
«Es importante contar con datos, que de una vez por todas se acabe la opacidad estadística. Que esos datos que se puedan publicar anuales permitan que se puedan hacer lo que son los escenarios de planificación para importar en los momentos que la producción nacional no logre abastecer o cubrir los requerimientos y respetar los ciclos productivos y de cosechas para que no se afecte los precios nacionales ni afectar a la producción primaria de alimentos», apuntó.
Recordó que eso ya ha ocurrido en los últimos años: «Hay muchas importaciones que se realizan por parte del sector privado, pero con la anuencia del Estado, que termina siendo pernicioso y afectando a los productores primarios».
Adopción de nuevas tecnologías
El ingeniero agrónomo señaló que en Venezuela sí ha habido un incremento en la adopción de nuevas tecnologías e innovaciones en los campos venezolanos, pero continúa siendo insuficiente debido al rezago tecnológico que ha enfrentado la nación a lo largo de los últimos 20 años.
De acuerdo con el presidente de la SVIAA, las innovaciones que se han hecho han sido, principalmente, sobre el uso adecuado de nuevos productos, nuevas moléculas, semillas de calidad, bioinsumos, algunos monitoreos de cultivos con drones, otros de fumigación.
«Del universo de productores de maíz, los que aplican este tipo de tecnología, pudiera ser el 10% o un poco menos. Todavía hay mucho por hacer», alertó Saúl López.
A su juicio, el principal «cuello de botella» para los productores de maíz sigue siendo la falta de financiamiento y el rezago tecnológico, principalmente en las maquinarias.
A eso se le suma el problema de infraestructura y la eficiencia agrícola en cuanto a la mecanización del cultivo.
«Los cultivos de maíz son cultivos anuales de ciclos cortos intensivos que requieren un manejo intensivo y alta tecnología en cuanto a maquinaria y hoy no la tenemos», advirtió.
Según López, el parque de maquinaria en el sector agroindustrial es de más de 70.000 tractores, de los cuales «por lo menos 60.000 deben estar ya obsoletos y haciendo los productores un manejo de sostenimiento, pero muy precario de estas maquinarias cosechadoras, sembradoras».
En ese sentido, ratificó que «hace falta muchísima inversión en esto (tecnología) y para ello, nosotros seguimos proponiendo que haya empresas de servicios que puedan alquilar estas maquinarias, mantenerlas y generar unos costos que no sean elevados, como lo hacen en Brasil, Argentina y Colombia», planteó el presidente de la SVIAA.
