La disminución de horarios laborales en el sector público, la suspensión de clases los viernes y la restricción en la actividad de los centros comerciales han sido algunas de las medidas tomadas por el gobierno venezolano para evitar un gran apagón en la capital del país.
El hecho de que los constantes cortes eléctricos que sufre el interior del país se trasladen a la capital no parece ser una preocupación para los caraqueños. La mayoría de ellos se encuentra ocupado buscando comida.
Los ciudadanos saben que la ciudad, tal como ha sugerido Maduro, es vulnerable a vivir un apagón, de no cesar la sequía y disminuir el consumo electrónico; sin embargo, no consideran que sean muchas las medidas que se puedan tomar para protegerse en este escenario.
Cuando mucho, los caraqueños han comprado velas. No les ha sido posible adquirir alimentos no perecederos ni para el consumo regular, ni para enfrentar alguna contingencia.
Durante las gestiones de Hugo Chávez y Nicolás Maduro han sido constantes las denuncias de malversación de fondos destinados a la recuperación e inversión en el Sistema Eléctrico Nacional. Hoy día este no es capaz de cubrir la demanda de los habitantes del país.



