No deja de sorprenderme la capacidad que tiene la administración de Nicolás Maduro para acabar con la poca tranquilidad de los venezolanos.
No basta con la zozobra que genera enfrentar una pandemia mientras vives en un país que atraviesa por la peor emergencia humanitaria conocida en la región. A esto hay que sumarle la escasez de combustible y, ahora, el regreso del control de precios en los alimentos.
Como es costumbre, la histeria que levantaría dicha noticia no se hizo esperar. Yo, debo confesar, también entré en pánico.
Este sábado fui al supermercado, a pesar de que el lunes pasado ya había hecho las compras correspondiente a la quincena. En esa oportunidad mi mercado fue principalmente de proteínas y charcutería, pues en la despensa aún me quedaban algunas harinas, pasta y arroz.
Al llegar al supermercado más cercano a la casa, al que debo ir a pie por falta de gasolina, desde afuera se podía ver a la gente caminando rápido con un par de productos en los carritos y tropezándose unos con otros en los pasillos.
En la entrada, había unos cinco carritos abarrotados con productos devueltos. Y solo dos paquetes de harina de maíz, rotos y con el contenido esparcido por el piso.
Detrás de mí una empleada del supermercado me dijo: Si está buscando harina de maíz, se acabó. Tampoco hay azúcar, ni harina de trigo, ni café. Mientras seguía avanzando, añadió: Si va a llevar aceite aproveche y persiga a mi compañero que está sacando lo que nos queda.
Así fue, perseguí al hombre que llevaba las pacas de aceite. Tampoco es que podía caminar largos tramos, pues cada dos por tres era interceptado por las personas que se llevaban hasta 10 botellas de a litro.
La misma historia con el arroz y la pasta, aunque debo decir, los anaqueles aún se veían surtidos. El precio de la carne se había duplicado y el pollo triplicado de lo que facturaba el lunes pasado. Medio cartón de huevos estaba en casi 500 mil bolívares.
Mientras chequeaba los nuevos precios, vi a muchos conformándose con llenar sus carritos con verduras y legumbres, para no perder el viaje. En mi caso, hoy compré menos de la mitad del lunes y, en cuanto al monto, gasté casi la misma cantidad.
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