Panelazos, bozinas y ruidos de claxon fueron el sonido ambiente la pasada noche en las calles de 17 de los estados de Brasil, en protesta por el nombramiento del ex presidente Luis Inácio Lula da Silva como Ministro de la Casa Civil. Una decisión tomada por el Gobierno de la actual presidente, Dilma Rousseff.
A las 20.30 comenzaba en Río y en muchas otras ciudades del país el ya conocido como panelazo (cacerolada). En algunos barrios, el ruido era ensordecedor, en el mítico barrio de Copacabana comenzaba tímidamente, pero pocos minutos después las bocinas de coches y el estruendo de los petardos lanzados por algunos vecinos, sumado a los gritos y proclamas de Fora Dilma (Fuera Dilma) rompían el habitual latido de la noche carioca.
Las redes sociales, de forma espontánea, conseguían convocar dos horas más tarde a decenas de personas en la Avenida Atlántica, cerca del puesto 5 de la playa de Copacabana para expresar su indignación contra la decisión del Gobierno.
Lo que comenzó siendo un pequeño grupo, acabó reuniendo a centenares de personas que recorrieron casi al completo la Avenida de Nossa Senhora de Copacabana.
A su paso los manifestantes convidaban a quienes seguían la protesta desde sus casas a unirse al grupo, para pedir con una sola voz la dimisión de Dilma y la prisón para el ex mandatario, Lula da Silva. Muchos de ellos, se unieron, otros; la minoría, ondearon desde sus ventanas banderas rojas en señal de apoyo al PT (el Partido de los Trabajadores), lo que levantó la ira de los manifestantes que llegaron incluso a lanzar objetos contra los seguidores de Lula.
En Sao Paulo, frente a la casa del ex presidente, ambos grupos, partidarios y detractores se enfrentaron entre sí, lo que provocó la intervención de la Policía Militar que tuvo que emplear el uso de bombas de gas.
El nombramiento del ex-mandatario ha sido interpretado por sus adversarios como una clara huida para evadir la prisión. Con la asunción del cargo, Lula solo podrá ser investigado por el Tribunal Supremo.



