¿Cómo ha llegado Credit Suisse al borde del colapso?

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Las palabras del presidente del Banco Nacional Saudí, Ammar al Khudairy, rechazando nuevas inyecciones de capital en el Credit Suisse provocaron este miércoles que las acciones de la entidad se desplomaran un 30%, desatando el pánico en toda Europa. Aunque a lo largo de la jornada consiguió frenar su caída, el segundo mayor banco de Suiza por valor de mercado pidió apoyo al Banco Central Suizo para evitar un colapso que se prevé inevitable.

Tras el colapso del Silicon Valley Bank y del Signature Bank, el pánico ha cundido entre los inversores internacionales, que temen que reproduzca la caída de Lehman Brothers que provocó la crisis financiera de 2008.

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Y es que el historial de esta entidad ha dejado su credibilidad por los suelos, especialmente por una política empresarial que provocó el recorte de 9.000 empleos y la pérdida de 9.200 millones suizos tras las inversiones en la firma financiera británica Greensill Capital y el fondo estadounidense Archegos Capital Management, que quebraron en 2021.

De hecho, la Autoridad Suiza Supervisora del Mercado Financiero (Finma) advirtió al banco de haber ignorado deliberadamente las señales de alarma a pesar de ser obvias. En 2007, el entonces director general Oswald Grübel fue reemplazado por el estadounidense Brady Dougan, que se centró en el fortalecimiento del negocio de la banca de inversión en busca de mayor rentabilidad, dejando de lado la banca privada y los negocios centrados en Suiza, como denunció el propio Grübel.

Tras la salida de Dougan, sus sucesores aseguraron que la entidad apostaría por una mayor responsabilidad en cuestión de riesgos, pero las promesas quedaron en papel mojado.

El resultado fue un aumento de pérdidas financieras, el desplome de las acciones –de los 84 francos suizos de 2007 ha pasado a los tres de la actualidad–, la salida de depósitos y la erosión de la credibilidad.

Escándalos

A los problemas financieros se unen los escándalos de imagen que han protagonizado sus responsables en los últimos años. En 2019, un caso de espionaje corporativo provocó la salida del entonces director ejecutivo del banco, Tidjane Thiam; en 2021, los reguladores estadounidenses y británicos multaron a la entidad por casi 500 millones de dólares por un asunto de «deuda secreta» en Mozambique. Un año después, la Justicia helvética les declaró culpables por no prevenir el lavado de dinero de los traficantes de cocaína búlgaros.

Sin embargo, la Finma considera que la importancia de Credit Suisse le incluye en la categoría «demasiado grande para quebrar». Aunque esto puede ser un arma de doble filo.

Oro Saudí

Tras reconocer problemas en los controles internos de información financiera, el banco ha llevado a cabo una importante reestructuración para deshacerse de sus activos con más riesgos y encontrar nuevas aportaciones de capital. Precisamente, el principal inversor lo encontró en la familia real saudí, que pretende lavar su imagen a base de talonario.

El príncipe heredero, Mohammed bin Salman –o MBS, como le gusta presentarse–, lleva implantando desde hace años la Visión 2030, el plan estratégico para reducir la dependencia de Arabia Saudí del petróleo y diversificar su economía. Credit Suisse representaba, en palabras de al Khudairy, la «manifestación de la nueva Arabia Saudí».

Sin embargo, la legislación suiza complica las inyecciones de capital. De acuerdo con el Código Suizo de Obligaciones, las empresas deben divulgar en la memoria la identidad de cualquier accionista extranjero que posea más del 5 % de sus acciones.

Además, la Ley de Infraestructura del Mercado Financiero de Suiza, cualquiera que posea acciones en una empresa que figure en el mercado de valores helvético deberá notificar si su participación alcanza, cae por debajo o supera distintos umbrales (3 %, 5 %, 10 %, 15%, 20%, 25%, 33 1/3%, 50% o 66 2/3%) de derecho a voto inscritos en el registro mercantil. En caso de superar esas cantidades, la empresa tiene la obligación de informar al público.

Actualmente, entre sus principales accionistas se encuentra el fondo de inversión estadounidense Blackrock (4,07 % de las acciones); el grupo saudí Olayan (4,93 %); la subsidiaria de la familia real catarí, Qatar Holding LLC (5,03 %); y el Banco Nacional Saudí (9,88 %).

Credit Suisse se ha encomendado al Banco Central Suizo y a la Finma –que no se han pronunciado– para evitar la quiebra, mientras que el BCE ha pedido a las entidades del continente que expliquen hasta qué punto se puede producir un efecto contagio. De momento, todos guardan silencio mientras aumenta la tensión en los mercados.

Fuente: El Debate.com

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