¿Estamos al borde de un acuerdo?

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El ataque unilateral de Hamás a Israel y la respuesta contundente que se espera ahora como represalia aumenta los riesgos de conflicto en la región árabe y puede impactar severamente el abastecimiento y precios de petróleo en el mundo.

Hay un rebarajo de los temas e intereses internacionales y resulta obvio que Venezuela, hoy limitada enormemente en su capacidad productiva, se convierte de nuevo en una pieza fundamental de la geopolítica norteamericana.

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No hay que ser demasiado perspicaz para entender que los intereses políticos de Estados Unidos en Venezuela quedan muy disminuidos en comparación con sus intereses económicos y estratégicos. Luce insostenible para Estados Unidos mantener deliberadamente inactiva y fuera del mercado occidental a la mina de petróleo más grande del mundo, ubicada en su hemisferio e históricamente segura en términos de su relación comercial con occidente, más allá de las posiciones políticas internas de su gobierno.

Esta nueva dinámica internacional refuerza la presión para un proceso de flexibilización de sanciones petroleras que demanda también la Unión Europea y la mayoría de los países latinos.

Ya está presión, aunque más moderada, existía desde antes de iniciar la guerra en Ucrania y ha motivado algunos avances en varias negociaciones bilaterales entre los gobiernos de Maduro y Biden, paralela y más allá de las negociaciones formales que involucran a la oposición. Pero ahora el ambiente es probablemente el más propicio para concretar acuerdos específicos que mejoren la posición petrolera del país a futuro. No creo que eso ocurrirá en el marco de grandes acuerdos y fotos esplendorosas para la prensa. Más bien parecen estar dadas las condiciones para avances puntuales y específicos, en el marco de la estrategia paso a paso (toma y dame) que parece más probable y ejecutable políticamente en los Estados Unidos.

No creo que sea real vender esperanzas de un acuerdo general que “mágicamente” resuelve las líneas rojas entre ambos paises y que parte de la premisa de que se incluyen elecciones competitivas y habilitación general de candidatos. Ojalá ese escenario existiera, pero a la luz de los costos de salida infinitos que tendría el gobierno de Maduro y sus bajos niveles de popularidad, la probabilidad de que el gobierno aceptara un riesgo de esa magnitud a cambio de cualquier cosa, incluyendo plata, luce más un wishful thinking que un escenario real. En Teoria de negociación, esto sería un escenario a vacío.

Pero bueno, hay que releer Cien años de Soledad y recordar que en esa historia pasan cosas absolutamente locas y lo más interesante no es que pasen, sino que la gente ni se inmuta. Amanecerá  y veremos.

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