Oposición venezolana tiene el deber de trabajar por la democratización y unificación política

La escuela de gobierno y acción política Rómulo Betancourt, llevó a cabo el foro elecciones regionales ¿y después qué? presidida por el ex diputado Jesús Yánez, contó con la ponencia de un destacado panel de especialistas en el tema político y electoral como: Andrés Caleca, ex presidente del Consejo Nacional Electoral, Eglée González, experta electoral y analista política y José Luis Cartaya, secretario general de la MUD, quienes coincidieron en que los partidos políticos deben reorganizarse, trabajar en unidad sin ceder espacios.

Caleca indicó que para los venideros comicios electorales “no está en juego el poder del Estado, ni el tiempo de vida del régimen de Nicolás Maduro”. Explicó que son importantes ya que se van a elegir autoridades que están más cerca del ciudadano, “hay que decir que son poderes que están prácticamente confiscados en la actual estructura autoritaria del poder que está en los últimos 20 años y hay que reconocer que una de las cosas que ha hecho el chavismo con profundo éxito es revertir todo el proceso de descentralización del poder que se venía desarrollando en Venezuela desde hace muchos años y que ha sido una inspiración circular del país”.

Resaltó que el escenario actual que enfrentan las alcaldías y gobernaciones de Venezuela, “están quebradas, los concejales y alcaldes viven una agonía porque no tienen recursos como solventar los problemas básicos de la gente y eso se debe a la situación en la que está sumido el país, en una crisis general de servicios públicos, la distribución de gasolina, el tema del gas, la hiperinflación, la ausencia en el sistema de pagos, la inexistencia de redes de solidaridad ciudadana y de red de jubilación y pensionados que ninguna alcaldía ni gobernación podrán resolver y menos si gana un dirigente opositor, ya que de manera arbitraria les colocan una figura dictatorial de un protector que tampoco resuelve”, en pocas palabras “estamos atrapados”.

Se refirió también al daño que causan los abstencionistas “muy activos por las redes”, que a su juicio “son financiados y promovidos por el Psuv”. Sin contar el trabajo realizado por Nicolás Maduro que empleó la manipulación y así instaló una mesa de negociación con la oposición venezolana dividida y generó intrigas en cada agrupación (la representación que está en la Asamblea Nacional, el grupo de Henrique Capriles y un grupo del G4 junto a representantes de la iglesia), “error de la oposición que debió reagruparse, tener una dirección común, una vocería común, un mensaje común, una estrategia común y una propaganda única, así convertir el próximo proceso en un éxito que permitiría expresar el rechazo terrible que vivimos en Venezuela, sin contar que hubiese sido una gran oportunidad para renovar el liderazgo opositor venezolano y empezar a reconstruir su unidad orgánica”.

Por su parte, Eglée González Lobato calificó las próximas elecciones como poco atractivas, “domésticas, que no genera interés en la población, que no produce un cambio en la política nacional y ha sido así históricamente, porque los ciudadanos se movilizan más con las presidenciales y la que tiene que ver con la votación a la Asamblea Nacional. Pero a lo que nos enfrentamos es un escenario atípico que se está dando mientras hay un encuentro de negociación en México, que tampoco genera interés en los venezolanos y qué hay que tener claro que los actores de la oposición no buscan lo mismo que Nicolas Maduro que va detrás de la sucesión del poder dentro del mismo oficialismo, entonces, las elecciones regionales es la ruta al 2024 que necesita de una negociación y tranquilidad en el país”.

En ese sentido afirmó que la ruta ya está iniciada con la designación de las nuevas autoridades del CNE que generan confianza en los factores de oposición “y eso se traduce en que irán en contra del boicot, por eso nombraron a Roberto Picón y a Enrique Márquez, aunque sigue habiendo un desequilibro aguas abajo, pero históricamente es primera vez que una persona con el perfil de Picón está en la junta directiva del CNE y es así como también se envía un mensaje a la comunidad internacional qué hay que transitar por la vía pacífica porque los escenarios han cambiado, así instalan luego México enfocados en una convivencia política, por la que no se caracteriza el gobierno, después dicen elecciones libres, transparentes y condiciones como los observadores internacionales y ya tenemos representantes en el país como naciones aliadas de Nicolás Maduro como acompañantes y así como en las actuales elecciones se promueven futuros candidatos presidenciales”.

Para la experta electoral y analista político el gobierno de Nicolás Maduro “no tiene autorregulación” y posición de la oposición sigue siendo complicada porque en cada escenario tienen distintos factores sin contar que están también en una sucesión “dentro de la misma oposición, pero el gobierno vota monolíticamente y la oposición divisa y fracturada. Es necesario trabajar y generar planes para la democratización que pueda satisfacer y cubrir las necesidades de la gente y no solo involucrando a los partidos, sino también a los empresarios que generen empleo a través de proyectos y combatir el flagelo de la corrupción”.

José Luis Cartaya precisó que las elecciones regionales y municipales aún cuando no son atractivas a lo largo de la historia, tiene particularidades que llaman la atención “primero, desde el 2015, la oposición no había manifestado su participación en un proceso electoral, pese a lo ocurrido en el 2017 que fue dividida entre los que creen que se tiene que participar y los que no, es decir, prácticamente seis años sin una participación, la ruta del voto se había desviado como solución democrática y la otra variable del 21 de noviembre es la negociación de México donde participa una parte de la oposición y se limita la reconocida por Maduro”.

Destacó que se habla de un reconocimiento a Maduro, pero también lo hay de la oposición o plataforma unitaria conformada por el G4, aun cuando la parte ejecutiva la dirigen 10 partidos, está compuesta por 39 más, “también hay otro bloque llamada la mesita, una periferia de un grupo de partidos que no dejan de seguir siendo oposición que se diferencian de la Alianza Democrática, los que llaman alacranes y el cuarto bloque denominados radicales, conformado por María Corina y algunos líderes que es todo o nada de los que apuesta a Maduro se tiene que ir para empezar un proceso de cambio, entonces vamos al 21 con una oposición fragmentada que a su vez en este proceso del rescate del voto aparecen unos partidos nuevos, digamos que un liderazgo tal es el caso de Fuerza Vecinal que por no haber el tiempo de una democracia interna en los partidos como el caso de Roberto Patiño y Andres Schloeter son expresiones del trabajo que han realizado por muchos años en las comunidades, no es que sean un quinto lote, surgen en esta agenda electoral, que llevan a su vez el cuestionamiento de la división como se ha dicho en el caso de Miranda y en otros estados”.

Aún así mantuvo que el régimen promueve para que se dé una alta abstención por encima de la presencia de observadores internacionales y el incuestionable trabajo de los rectores Picón y Márquez, “las condiciones electorales se mantienen cuestionables desde que las circunscripciones fueron manipuladas, el uso o abuso de los bienes del Estado, medios de comunicación públicos por parte del régimen, la presión aún existente de la censura, autocensura o la presión hacia la campaña de la oposición sea limitada en algunos temas que parecieran ser tabú para el régimen y las cadenas que son más frecuentes y largas, particularidades que no han cambiado de procesos pasados. Aún así, el trabajo es por el rescate del voto por encima de ganar 23 gobernaciones y el Distrito Capital”.

Los especialistas insistieron en que la oposición venezolana perdió una gran oportunidad de exponer al régimen y el 22 de noviembre se continuará en lo mismo de los últimos 22 años, consideran necesario definir el liderazgo, diseñar y trabajar en una estrategia, generar nuevas formas de organización y evitar que se repita la historia de los partidos tradicionales de la cuarta República que aún no han podido solventar sus crisis y evitar los “traficantes de partidos, que se prestaron para robarse las organizaciones políticas históricas del país (los alacranes) con los que no hay posibilidades de unión posible, dejando claro que no todos los que están en la Alianza Democrática son alacranes”.

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