Rusia entre Putin y oligarcas

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Cuando se desintegró la Unión Soviética entre  marzo de 1990 y diciembre de 1991 y las antiguas republicas que la conformaban obtuvieron su independencia, ya se estaba preparando el proceso de privatización masiva de los activos que quedaron en poder de la Federación Rusa (Rusia).  Fue el entonces presidente de Bielorrusia,  Stanislav Shushkévich, quien le comunicó a Mijaíl Gorbachov, que todo había terminado y que la Unión Soviética había desaparecido. Atrás había quedado el sueño de Lenin y Stalin.

Siendo Boris Yeltsin presidente de Rusia, mientras Vladimir Putin era un espía de la KBG, se adelantó la venta de los bienes que quedaron en manos del Estado ruso al sector privado. En el mismo salón donde Lenin en noviembre de 1917 había dicho “Todo el poder a los soviets”, se realizaron las subastas para rematar esos activos, organizadas por Anatoly Chubais, quien acaba de escapar de Rusia con motivo de la invasión a Ucrania.

Putin y oligarcas

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Llegó así el turno a quienes luego serían llamados oligarcas. Se trató de un fenómeno interesante porque no habiendo propietarios privados de los medios de producción en la Unión Soviética, aparecieron empresarios rusos con millones de dólares dispuestos a pagar por los bienes en venta. Ello sugiere que hubo una especie de acumulación originaria del capital en la Unión Soviética a pesar del control estatal sobre la propiedad.

De seguidas vino la crisis financiera de 1998 y Rusia lucía acabada, arruinada y herida en lo más hondo de su orgullo. Había dejado de ser potencia y estaba en manos de los acreedores de Occidente. Su producción de petróleo se había desplomado desde 11.000.000 de barriles diarios en 1989 a 6.000.000 de barriles en 1991 y además tenía una deuda externa imposible de pagar. Todo era un caos.

Para empeorar las cosas, en 1998 los precios del petróleo colapsaron hasta alcanzar menos de US$ 10 por barril lo que agudizó la crisis económica y social. Esa coyuntura de inestabilidad creó el caldo de cultivo para que el anterior espía tomara el poder en Rusia, con la consigna de restaurar el orgullo mancillado y reconstruir el poder de Rusia.

Recuperación petrolera

A partir de 2000 cuando Putin asume la presidencia de Rusia, la coyuntura se tornó favorable. Los precios petroleros comenzaron a recuperarse y la caja del Kremlin mejoró sustancialmente al ritmo del aumento de la producción de hidrocarburos. Rodeado de sus hombres de confianza en la KGB, Putin favorece y consolida la conformación de grupos económicos que en comandita con el Estado, se hicieron o crearon empresas petroleras y del gas, madereras, del acero, el aluminio y medios de comunicación entre otras.

Sonó así la hora  de Alexei Mordashov, dueño de la mayor empresa siderúrgica de Rusia, Severstal; Román Abramovich, quien fuese propietario del equipo de fútbol Chelsea FC; Alisher Usmanov, presidente de un conglomerado al que pertenece MegaFon, la segunda red de telefonía más grande de Rusia; Igor Sechin, quien dirige la gigantesca petrolera estatal Rosneft y Oleg Deripaska, el multimillonario del aluminio. Todos ellos comparten una característica común: su cercanía íntima con Putin, lo que les permitió ese salto cuántico en la riqueza.

Pero la economía doméstica de Rusia por sí misma no tenía el músculo para apoyar esa gigantesca acumulación de capitales. Fueron los siderales aumentos de los precios del petróleo lo que hizo posible amasar esas fortunas. En otras palabras, Occidente con las compras del petróleo y el gas ruso pusieron el dinero para los oligarcas rusos y para el fisco. El día que Putin los quiera destruir lo hace en un segundo, como ya sucedió con Mikhail Khodorkovski, quien fue dueño de la petrolera Yukon y que al oponerse a Putin pasó diez años en la cárcel.

La riqueza atesorada de esa manera no tiene nada que ver con la de los llamados barones de Estados Unidos, que más allá de sus tropelías fueron verdaderos empresarios. Son los casos de John D Rockfeller (petróleo), Andrew Carnegie (acero), JP Morgan (ferrocarriles y banca), Cornelius Vanderbilt (ferrocarriles), Amadeo Giannini (banca) y Harry Sinclair (petróleo), entre tantos otros.  Estos hombres y sus empresas no dependían de la voluntad del presidente de Estados Unidos para prosperar.

Rusia, un caso de estudio

Rusia es un caso de estudio. Los principios de la Ilustración que tanto ayudaron a la civilización parecen haberse topado con un muro infranqueable en Oriente y detenido en Constantinopla (hoy Estambul). Efectivamente, pudo más el despotismo asiático que esos principios libertarios y republicanos de separación de poderes, libertad religiosa, libertad de prensa, elecciones libres, entre otros.

Por ello, Rusia que es una mezcla entre Oriente y Occidente, nunca fue democrática, desde los Zares, pasando por Lenin, Stalin hasta llegar a Putin. De hecho, Rusia fue y es un Estado policial que proscribe a los partidos políticos y recurre al envenenamiento de opositores como fueron los casos de  Viktor Yushchenko, el candidato europeísta de Ucrania  quien fue envenenado en diciembre de 2005 y la misma suerte corrió el líder democrático Alexei Navalny envenenado en Siberia  en agosto de 2020 y a quien la medicina alemana le salvó la vida.

Putin ha logrado estructurar una alianza contra el Occidente liberal de la cual la invasión a Ucrania es apenas un eslabón. Trata de restaurar el Russkiv Mir (el mundo ruso), reviviendo o tratando de unificar la tradición eslava relativa al factor étnico, la herencia y la religión.

Para ello ha resucitado la apelación a la tradición belicista del Almirante zarista Fydor Ushakov para quien la guerra es consustancial al poderío ruso, en alianza con la fracción más reaccionaria y conservadora de la iglesia ortodoxa de Rusia, encabezada por su patriarca Kirill quien llegó a decir que Putin “era un milagro de Dios”. El fanatismo religioso llegó al extremo con el cura Elizbar Orlov de la ciudad de Rostov, en la frontera con Ucrania quien dijo que la invasión a ese país era para limpiarla de la infección diabólica.  Así, la Rusia de Putin se apoya en cuatro pilares, las armas nucleares, la iglesia ortodoxa, el servicio secreto y los oligarcas.

Economista UCV. Ex gente de Investigaciones Económicas del BCV. Profesor de

Economía UCV

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