Rafael Cadenas: “Necesitamos aprender del poeta Rilke, quien usaba mucho la palabra aguantar”

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En idioma alemán, el verbo aguantar se dice Aushalten. Esta traducción y su alcance fue comentada por el poeta barquisimetano Rafael Cadenas, quien el jueves 01 de diciembre acudió al auditorio Pedro Gustavo Sucre de la UCAB para participar en un recital de poesía en su honor, en el marco de la VII Feria del Libro del Oeste de Caracas; luego de ser reconocido con el Premio Miguel de Cervantes de Literatura.

“La palabra aguante, aguantar, que Rilke usa mucho, yo creo que la necesitamos bastante”, dijo el poeta de 92 años de edad. Quien, a pesar de escuchar con dificultad y haber intensificado su ritmo pausado al andar; habla con valentía y precisión cuando denuncia cualquiera de los problemas que padece Venezuela.

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“Estoy tan impresionado por la belleza de esta universidad, precisamente cuando las públicas están en su peor momento. Usar la palabra crisis para referirnos a esas universidades sería un eufemismo. El problema es mucho más profundo. Cada vez que tengo la oportunidad de hablar las defiendo, y eso es inseparable de la defensa de la democracia”, enfatizó el también ensayista y profesor universitario, incluso antes de empezar a recitar sus poemas.

Es el primer venezolano en recibir tamaña distinción, y el jurado que lo premió afirmó en su veredicto que reconocía “la trascendencia de un creador que ha hecho de la poesía un motivo de su propia existencia y la ha llevado hasta alturas de excelencia”.

Su obra fue calificada como una de las más importantes, al demostrar “el poder transformador de la palabra cuando la lengua es elevada, es llevada al límite de sus posibilidades creadoras”.

Pero nada de esto lo hace presumido u odioso. Todo lo contrario. Conmovió cuando desnudó su alma ante el público que colmaba el auditorio, y les dijo que estaba asustado e impresionado, porque pensaba que leería solo para 20 o 30 personas.

Antes del recital

El lugar donde se llevaría a cabo el homenaje a Cadenas fue cambiado tres veces. Estaba pautado inicialmente en los jardines centrales de la universidad, en lo que llaman «la Carpa»; pero a las 2:00pm la amenaza de lluvia advertía que el clima no era el más propicio para realizar la actividad al aire libre.

La segunda parada fue el auditorio Nohemí Irausquín, ubicado dentro del Centro Cultural de la UCAB. Poco después de las 2:00pm todavía estaba vacío. Los primeros en llegar fueron los integrantes del colectivo Dale Letra. Cada uno con un cartel, una especie de cartón rectangular sostenido con una vara de madera, que al unirlos formaban el verso Seamos reales, de su poema “Ars Poetica”; ese que dice: “Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame la impostura, restriégame la estafa. Te lo agradeceré, en serio”.

El grupo estaba frente a los ascensores. Creían que por allí llegaría el poeta. Uno de los jóvenes era Willy García, estudiante del séptimo semestre de Letras. Me dijo que tenía 26 años y que, si bien pertenecía a la generación milenial, él leía a Cadenas por ser uno de los referentes más importantes de la poesía venezolana, y por su sólido trabajo con el lenguaje.

En minutos el auditorio se llenó. Todavía más: se abarrotó de personas, sobre todo jóvenes, quienes estaban dispuestos a escuchar el recital de pie.

Al mejor estilo venezolano, el ambiente se colmó de alboroto, chistes, y saludos enérgicos entre amigos que se encontraban con un propósito en común: ver al poeta.

De pronto, una mujer le dijo a otra a todo volumen: “No te preocupes si no conseguiste puesto, nos van a mudar a todos para otro lugar”. Y fue verdad. Migramos de sala. Esta vez al auditorio Pedro Gustavo Sucre. Una sala que puede tener capacidad para alrededor de 200 personas.

Se sentía el frenesí. Todos querían ver y escuchar a Cadenas. Hubo personas que se apostaron en los extremos de la sala, sobre las escaleras laterales; pero luego les indicaron que eso no estaba permitido. Esperaron pacientemente de pie al final de la sala, detrás de todos los asientos, y conformen se desocupaban las butacas, ellos se sentaban.

El único que se desplazaba como un ave de agilidad asombrosa en el auditorio era el fotógrafo Manuel Sardá; atento al ángulo o al encuadre perfecto. Atento a eso que es casi imperceptible en cada ser y que él logra capturar con sus retratos.

Vasco Szinetar no estaba. Sin embargo, su trabajo es, de algún modo, también inmortal. Durante el recital entregaron un folletín editado por la editorial de la UCAB, abediciones, titulado Rafael Cadenas. ¡Simplemente Cadenas!, y ahí está una imagen tomada por él: la del poeta larense con su mirada apacible y su actitud serena.

Con la apariencia de un programa de mano, el delgado libro reúne en sus 37 páginas textos de Moraima Guanipa, Sofía Mogollón, Diajanida Hernández, Ricardo Ramírez Requena, Luis Miguel Isava, Antonio López Ortega y Nelson Rivera.

La ilustración de la portada fue creación de Rayma Suprani. Allí aparece un dibujo del poeta vestido como un caballero del siglo XVI. Con uno de esos cuellos blancos de lino plisados que llamaban “gorguera de lechuguilla”, que les cubría todo el cuello.

Andrés Sánchez Robayna e Igor Barreto compañeros del recital

El director de abediciones, Marcelino Bisbal, y la directora de la Escuela de Letras de la UCAB, Lizette Martínez Willet, dieron la bienvenida al público cuando ya este se encontraba instalado en sus asientos.

Sánchez Robayna, escritor, poeta, y traductor español, fue el primero en leer sus versos.

Antes de eso, dijo que quería rendir homenaje a la juventud dominante en la sala. Aclaró que no se refería a una juventud en abstracto sino, a esa clase de jóvenes comprometidos. Esos que son conscientes del mundo en el cual viven. Aquellos para quienes el futuro es una conquista.

Cuando le correspondió hablar a Igor Barreto, el profesor se refirió al maestro Cadenas como un poeta de gran conciencia social y estética; y que era por eso, justamente, que quienes leen poesía, y también quienes no la leen, lo estiman y aman en silencio.

Barreto leyó poemas de su libro El muro de Mandelshtam y también de un poemario llamado Inmundo, que según explicó es inédito.

Cuando habló Cadenas, la sala calló

Cuando Cadenas empezó a leer sus poemas, solo se escuchaba el zumbido del aire acondicionado. El público tenía una actitud casi devocional. Estaban como hipnotizados, seducidos; como si el poeta les regalara algo de su paz y de su silencio.

Vi a más de uno cerrar los párpados. Otros cruzaban las manos, como si fueran a rezar. Pero nadie interrumpió el recital.

Quizás el silencio absoluto solo se quebró cuando leyó “El lenguaje del poder”. Ese que pregunta: “¿Qué hace aquí colgada de un fusil la palabra amor?”

Y el aplauso de una dama contagió a otra y a otra más, hasta que la sala entera aplaudía con fervor.

Parecían hambrientos de ternura. Como si la promesa bíblica de que bastará una sola palabra para sanar, allí se cumpliría.

Cadenas leyó cerca de 30 minutos. Los primeros versos fueron de su poemario Sobre abierto (Editorial Pre-Textos, España, 2012), después de su libro En torno a Basho y otros asuntos (Editorial Pre-Textos, España, 2016), y terminó recitando unos poemas del libro inédito Rilke, Variaciones; el cual dijo considerar como fábrica, “porque lleva muchos años haciéndose”.

De Sobre abierto contó que ha llegado a pedir disculpas por la sencillez de sus versos. Aquí van algunos de los que recitó:

«Flor, el que te mira en este instante se aparta para hacerte sitio»

“Caminas entre escombros de ayeres, te restablece un atender, honras así tu alrededor”

“La sangrante palabra enemigo toca puertas en son de guerra”

“Estar aquí ya es demasiado, cómo no ser un estremecido viajero”

Uno de los más aplaudidos fue el poema La deuda de las palabras. Allí se le reprocha a las palabras que se alquilen, que se deshonren, que se vuelvan cortesanas y sobre todo “que cuando los dictadores las usen, ellas no le quemen los labios”.

Rilke, Variaciones

Cadenas anunció que terminaría el recital leyendo dos poemas. Uno “que resume todo” y otro “que no sé por qué no lo marqué”, y según dijo esto lo estresaba.

De todas maneras

Memoria apoderada del instante,

memoria que tiñes lo naciente,

memoria que te enseñoreas del vivir,

memoria alimentada con la eternidad

que no era para ti,

tú me has creado,

no podré sostenerme sin tu peso

pero me secuestras, tus rejas se extienden

por mi cuerpo, no me dejas salir,

eres mi límite.

Necesito una cara para andar

entre la gente y es tuya

Contigo no soy nada.

Sin ti no soy nada

Despedida

Este poema fue el último que leyó:

Pasé a tu lado, y no te vi

Lástima

Me habrías, tal vez, conducido por otra vía

Me estremece la palabra destino

No acuso al destiempo ni el puente roto, ni a los amigos que no te dejaban

Hubiera sabido temprano que residimos fuera del tiempo

Hubiera visto que nuestro miedo oculta al ser

Hubiera apartado la esperanza que nos roba el momento

Hubiera pasado de largo ante la sangrante utopía

Hubiera dejado el escudo en el claro que hacen tus manos

Hubiera hecho mi morada donde la memoria no hiere

Me habrías encaminado hacia el asentimiento

a vivir liviano, a no ser deudor del todo

Me hubiera mudado con los que de pronto reciben la donación de otra mirada volviéndome transparente

como quien se deja a un lado

Hubiera sido otro y no el que traza estas líneas

Sin excepción, la sala se puso de pie para aplaudirlo. Como si con esos aplausos no solo celebraran el Premio Cervantes; sino también le agradeciesen ese nivel de compromiso, de compañía, de honestidad.

En palabras de su amigo, el también poeta Alfredo Chacón, con Cadenas ocurre un fenómeno: que casi de manera simultánea a la producción de su obra poética, hubo el reconocimiento por parte de sus lectores.

“No habrá nunca una respuesta satisfactoria de eso que por alguna razón ocurrió. De esa sintonía que hubo entre la obra de Cadenas y su público. Eso forma parte del misterio”, comentó Chacón.

Los autógrafos

La reseña estaría incompleta si no se menciona que luego de terminar el recital, Cadenas permaneció sentado en el mismo escenario y a un lado se formó una cola de personas que querían su firma en alguno, o todos los libros que tenían del autor.

Ahí también estaba su hijo, Silvio. Comentó que la lista de medios regionales, nacionales e internacionales que desean una entrevista con el autor llega a 35.

Admitió sentirse preocupado. Algunos de los lectores de Cadenas presentes en la actividad, al ver al poeta actuaban más como los fans de un artista de la farándula que lectores de un escritor; y se le acercaban, incluso, sin mascarillas, sin recordar que ya tiene 92 años.

Estaban sus amigos, alumnos o discípulos. A ratos dispersos, a ratos juntos. Como una “barra” de deporte, protectora y amorosa, que lo observa y cuida: Rafael Castillo Zapata, Alfredo Chacón, Graciela Yáñez Vicentini, Diajanida Hernández, Elías Pino Iturrieta, Sergio Dahbar, entre otros.

Después de despedirse y volver, pues se permitió que cada escritor leyera un poema adicional, él sugirió que recordáramos un verso de John Keats: “Bienvenida alegría, bienvenido pesar”. Otro de Teresa la Santa (que no se sentía santa): “Hay que tomar alegremente lo sabroso como lo amargo”. Y de Rilke, pidió tener presente la importancia de la palabra aguantar.

Sí, esa que en alemán se pronuncia Aushalten.

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