“Estoy 100% segura de que llevaría a mis hijos a clases el próximo mes”

La próxima semana empieza el mes en el que según Nicolás Maduro “arrancarán las clases presenciales, parciales y con bioseguridad en todos los niveles del sistema educativo”. Una medida que para los sindicatos de maestros resulta inviable y para la Asamblea de Educación no se puede asumir sin conocer la realidad de cada región y plantel. Pero para Mariale Rojas, madre de un niño de seis años de edad y de una niña de tres, esto debió ocurrir hace mucho.

Considero que el regreso a las aulas ha debido comenzar hace algunos meses. A medida en que se ha flexibilizado la radicalización de la cuarentena se le ha dado importancia a algunos sectores que no son prioritarios como la educación de los niños. Ahora vemos abiertos gimnasios, peluquerías, cines y teatros, que son espacios cerrados con personas que uno no conoce; y que de resultar contagiado uno de ellos no podrá avisarle al resto. Esto en los colegios no ocurriría porque el entorno es más controlado y se conoce quiénes están en cada área”, dice la representante.

El Instituto de Salud Global de Harvard recomienda abrir las escuelas cuando haya menos de 25 nuevas infecciones por cada 100.000 habitantes. Hasta el domingo 21 de febrero, según cifras oficiales, Venezuela descendió a 20 casos activos por cada 100.000 habitantes; lo cual la ubicaría en el nivel anaranjado de riesgo de contagio. Pero es importante recalcar que se deben estudiar cada región, al igual que tomar en cuenta el número de pruebas, hospitalizaciones y muertes.

Las escuelas públicas no cuentan con condiciones para dar clases ni siquiera sin pandemia

Este instituto de Harvard creó una guía en la que indica acciones a tomar desde las escuelas, regiones y gobiernos. En ella señala que para minimizar las cadenas de transmisión dentro de las escuelas se necesita trazar un aumento de pies cuadrados por alumno. También se debe identificar las zonas de mayor riesgo en cada edificio escolar, como los pasillos o espacios de reunión. Lograr el máximo distanciamiento posible y una ventilación son una prioridad, además de dotar al personal con los equipos necesarios, es también fundamental.

La organización señala que el gobierno debe asegurar pruebas de rutina para el personal, apoyar en los traslados e invertir en Internet y equipos para el aprendizaje a distancia, considerando que la reapertura requerirá de un híbrido entre ambas modalidades.

En Venezuela, la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) publicó el Decálogo para el regreso a clases presenciales. En el documento expresa que no es viable una solución unitaria para todas las escuelas; que este eventual regreso necesita que 100% de las unidades cuenten con servicios públicos y proveer de mascarillas. Además, señala que cada centro deberá hacer evaluaciones y planteamientos bajo un marco común de orientaciones de bioseguridad y del ámbito pedagógico.

“Hemos revisado el protocolo del Instituto de Salud Global de Harvard y también el decálogo de la UCAB y ambos coinciden en algo que sostenemos: cualquier medio de retorno a clases debe ser analizado de manera diferencial. Al evaluar cada escuela y cada área se puede decidir cuáles abrir y cuáles no. En las que sí se debe cuestionar si hacerlo de manera escalonada y en las que no, hay que mejorar sustancialmente la educación a distancia”, dice Tulio Ramírez, presidente de la Asamblea de Educación.

Indica que para regresar a las aulas hay que tener otro dato en cuenta. “Si hiciéramos un diagnóstico frío de la situación actual de las escuelas, en especial las 28 mil públicas, nos encontraríamos con que ninguna está en condiciones para trabajar ni siquiera sin pandemia. Tienen severos problemas de infraestructura y de servicios porque el gobierno ha descuidado su mantenimiento durante años”.

Mayor brecha entre los sectores educativos

Niña en baño de clases

La realidad de los colegios privados es diferente. En la pandemia se amplió la brecha entre ambos sectores de la educación por la falta de recursos para la conexión. Mariale Rojas sabe que el suministro de agua no es una realidad de todas las escuelas del país y que esto podría afectar que algunas unidades abran; sin embargo, considera que en las privadas puede hacerse “de forma organizada, con mascarillas, con zonas de lavado de manos y en grupos pequeños”.

Estoy 100% segura de que llevaría a mis hijos a clases el próximo mes. No solo porque el retraso académico del año pasado es evidente, debido a que por más esfuerzo que he puesto yo no soy maestra. Sé que mis hijos, ambos en edad preescolar, hubieran aprendido más en el colegio porque el lugar está diseñado para ello y las maestras están capacitadas. Además, que no han tenido un desarrollo socioemocional, y en esa edad empiezan a tener una rutina y a socializar. Pero por lo menos mi hija menor tenía dos años cuando empezó la pandemia, ahora tiene tres y estar en entornos con niños de su edad es una novedad”, expresa Rojas.

Ramírez explica que para la Asamblea de Educación reabrir las aulas es una medida muy importante. “Y con tanta responsabilidad que pensamos que no debe ser tomada unilateralmente por las autoridades. Cuando revisamos algunos países de la región observamos que hubo mesas de trabajo entre padres, docentes, directores de centros educativos y especialistas en epidemiología, junto a los representantes del Estado. Y luego el retorno a las aulas se ha dado paulatinamente, comenzando por las zonas de menos contagios”.

Advierte que un llamado unilateral puede traer consecuencias no deseables para la población en un momento de pandemia. Pero también recalca, y coincide con Mariale Rojas, en que no es la primera vez que Nicolás Maduro hace este anuncio. “En otras oportunidades lo ha hecho, el más reciente fue al decir que en febrero se retornaría a los pupitres, pero la medida se echó para atrás. Por lo que suponemos que los números de contagio no han mejorado y se hace un doble discurso que confunde a la gente. No es posible que para Carnaval no haya coronavirus, pero a la vez el retorno a clases presenciales es suspendido”, dice Ramírez.

Un regreso sin maestros

Clases presenciales en pandemia

El presidente de la Asamblea de Educación afirma que el problema salarial de los docentes es tan grave que “si no existiera la pandemia estaríamos con un clima de paro nacional de maestros porque lo que reciben es inexistente y no llega a 5 dólares mensuales con una canasta básica que está en cientos de dólares”.

Gricelda Sánchez, secretaria de contratación colectiva y reclamos del Sindicato Venezolano de Maestros del Distrito Capital, expresa que “los míseros salarios devengados no les alcanzan para comer o trasladarse a sus planteles diariamente. En Venezuela los educadores ganamos de casualidad 3 o 4 dólares, condenándonos a la hambruna”.

Las protestas por mejoras salariales tienen meses y Sánchez enfatiza que Nicolás Maduro y Aristóbulo Istúriz no han escuchado el reclamo que de cumplirse haría que los profesores regresaran a clases presenciales, aunque también señala que la vacunación debe ser contemplada. El país acumula 136.068 casos de COVID-19 y 1.316 muertes desde el inicio de la pandemia.

Mariale Rojas indica que prefiere mil veces mandar a sus hijos al colegio que llevarlos a un parque. «Confío más que van a estar más protegidos allí que en una fiesta, un cumpleaños o la playa, aun cuando yo esté en estos lugares. Hay que ser coherente. Si vas a estos lugares y después no te parece enviar a tu hijo a la escuela siento que no es coherente, aunque sé que el miedo es libre”.

Desde la Asamblea de Educación están dispuestos a proceder a la evaluación de zona por zona y escuela por escuela. Añaden que las herramientas técnicas del Instituto de Salud Global de Harvard pueden ser adaptables a Venezuela y las propuestas hechas por la UCAB sirven al panorama nacional. La suma entre los especialistas en educación y de salud es de importancia para reabrir los salones de clases.

Abigail Carrasquel
Periodista venezolana

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